sábado, 4 de agosto de 2012

Capitulo Diez






-Tú… - Yunho alzó la vista con los ojos entornados. Se levantó enseguida de las escaleras que daban a la puerta de casa, bostezando y estirando los brazos con despreocupación, me miró con somnolencia. 


-Ya era hora. Me iba a quedar frito aquí con este frío. 


-¿Qué hacías ahí tirado? – se encogió de hombros. 


-No tengo llaves aún. – hum… si lo hubiera sabido me hubiera quedado a dormir en casa de Yoochun. ¡Que se jodiera toda la noche ahí, muerto de frío! ¡Se lo merecía por  hacer lo que  hizo! – ¿Por qué has tardado tanto? – caminé hasta la puerta de casa sin parar a mirarle. Estaba tan cabreado que no pensaba hablarle más de lo necesario, no pensaba dejar que me tocara. Llevaba todo el regreso en bus mentalizándome. Yunho se arrepentiría de haberme humillado de esa manera frente a toda la universidad, ¡Frente a Boomie! ¿Quién coño se creía que era? ¡Por lo menos podía haber pensado en las consecuencias que A MÍ, me iban a tocar cargar! Se merecía lo peor, se merecía la peor de las humillaciones, se merecía que lo mataran una pandilla de vagabundos y lo encontraran en un contenedor de basura descuartizado y putrefacto como una manzana podrida. – Fui a buscarte después de clase para volver a casa juntos, pero ya te habías ido. 


-¡Mierda! – pateé la puerta con los dientes apretados. Ya no podía contener mi rabia. ¡Y el mamón me seguía hablando como si nada! 


-¿Qué pasa? 


-No encuentro las jodidas llaves. 


-Venga ya. No puedes ser tan estúpido como para perderlas. 


-Te las tiré. Hubiera merecido la pena perderlas si te hubieran dado en la cabeza y te hubieran dejado tonto. – se situó a mi lado, riéndose y yo lo miré de reojo con expresión asesina. - ¿Por qué no te mueres, Yunho? 


-¿Qué pasa? ¿Soy demasiado para ti? 


-Si. Una mierda demasiado incordiante y apestosa. – le di una patada a la puerta después de buscar las llaves inútilmente en mis bolsillos traseros, sin resultado. ¿Y ahora que? ¿A esperar a mi madre? ¡A saber cuando vendría, me congelaría fuera! - ¡Yunho! ¿¡Que coño haces!? – me revolví entre su asfixiante abrazo. Me agarró por la espalda y me rodeó con su sudadera, cubriéndome el cuerpo con ella, pegándome a él por completo rodeándome los hombros con sus brazos. Se me erizó el vello de la nuca al sentir su aliento.


-Muñeco... – no esperé ni a que empezara la frase. Le pegué un codazo y lo eché para atrás, quitándomelo de encima bruscamente. 


-¿¡De que coño vas!? ¿¡Te crees que porque me halla acostado contigo siete veces y te deje tocarme más allá de lo fraternal tienes algún derecho sobre mí!? ¿¡Te crees que me puedes tratar como una puta y humillarme así delante de cientos de personas!? ¡No eres nadie para hacerlo, Yunho, nadie! ¡Ni yo tampoco soy nada tuyo! – por un momento, vi como mi hermano se encogía antes de fruncir el ceño levemente, pero no en actitud amenazante, sino pensativo, frustrado. Apreté los puños frente a él, esperando una respuesta y la más mínima provocación para golpearle. Estaba dispuesto hasta pelearme con él, de hecho, quería pelearme y hacerme respetar, lo deseaba. Venganza. 


Yunho se quedó callado, mirando al suelo.


-¿Qué? ¿Ahora no dices nada? 


-Si… - ladeó la cabeza, muy serio. – Han sido nueve veces, no siete. 


-¡Aaahh! ¡Serás imbécil! – le tiré el bolso donde llevaba todos los libros de la universidad a la cara y de un manotazo, Yunho lo tiró al suelo como si fuera una molesta mosca, desperdigando todos los libros sobre las escaleras. Respiré hondo. – No… te acerques… a mí. 


-Genial, me lo estabas poniendo muy fácil. Un poco de resistencia nunca viene mal. – lo mataré, lo mataré, lo mataré, lo mataré… ¡Le sacaré los dientes con unos alicates para que deje de mostrar esa asquerosa sonrisa llena de prepotencia! 


-Mamón, gilipollas, puerco, hijo de… - murmuraba, recogiendo los libros uno a uno. - ¡Y no me mires el culo, anormal! – Yunho se inclinó, riéndose en mi cara. Metí todos los libros en el bolso con la poca dignidad que me quedaba y lo eché sobre el hombro como si cargara con un saco de patatas. Me senté en las escaleras. ¡Hay que joderse, ahora a esperar a mi madre para entrar en casa! Me estaba muriendo de hambre después de la hora de retraso del puñetero autobús, y mañana prueba oral del sistema nervioso. Apreté los dientes. Bueno, emplearía el tiempo en algo de provecho. Saqué el libro de psicología y me puse a estudiar, o a intentarlo. No resultaba tan difícil, Yunho callaba como un muerto. 


Me giré y lo vi ahí, de cara a la puerta, inclinado. La puerta hizo un ruido raro. 


-¿Qué mierda haces? 


-Empleo los trucos delictivos que tu madre tanto odia. 


-¿Qué? 


-Intento forzar la puerta. 


-¿Qué? – se giró y me miró con una ceja alzada. – No vas a conseguir abrir esa puerta, es blindada. 


-¿Nos apostamos un polvo?  [Sexo] – le dirigí una mirada asesina. 


-¡Bah! Tuyo es el tiempo, malgástalo como quieras. - Volví a darle la espalda y empecé a leer por lo alto lo que entraba en la prueba oral cuando… crack… me giré. Yunho sonreía de oreja a oreja con la puerta abierta de par en par. 


-Me debes un polvo. – suspiré. Ese maldito engreído… ju… acababa de abrirme la puerta al principio de un buen escarmiento. 


-Bueno... – me levanté de las escaleras y fui derechito hacía él con cara de quien recapacita y se da cuenta de sus errores, con cara de niño indefenso a quien se le han acabado las chuches y va a pedir más tímidamente. Yunho sonrió haciéndose unas ideas no muy acertadas. 


-Bueno, ¿Qué? ¿Me vas a dejar continuar con lo de esta mañana en las taquillas? Un poco más y te lo hago allí mismo, no hubiera parado si no llega a ser porque me dejó paralizado notar como te corriste contra mí. – me ruboricé. Que vergüenza. – Sólo porque te toqué un poco y te llamé perra… te pusiste como una. – bajé la mirada al notar como se acercaba, confiado. - ¿O quizás fue porque estábamos en público, delante de tu novia? Vaya morbazo ¿no? – mencionar a Boomie me hizo mirarle fijamente, sin pudor. Seguía sonriente.


-Pues tú te pusiste celoso como un maricón enamorado cuando empecé ha hablarle. ¿Qué pasa Yunho? ¿La perra te mola? ¿Te gusta que se te ponga delante y exhibirla delante de miles de personas como tuya? ¿La quieres sólo para ti? ¿Tanto te mola la perra? – ahí, se quedó mudo, y yo me regocijé por dentro, riéndome por lo bajo. Era un idiota si creía que podía retarme a un duelo de palabras. 


-Pues igual, sí. – o no. No era ningún idiota. Me quedé estático al oírle soltar esas palabras y, muy lentamente, retrocedí cuando vi cómo se me acercaba esta vez sí, amenazante, desprendiendo peligro lujurioso contra mí. Me detuve en el umbral de la puerta abierta, recordando lo planeado. No podía retroceder más o no abría marcha atrás y yo seguía sin estar seguro de si me atrevería a detenerle si intentaba acabar lo empezado esa mañana. - ¿Y tú? Sigues coladito por esa Boomie, ¿no? - ¿coladito? No… estaba en fase de descuelgue, que era diferente, claro que, para joder a Yunho, haría y diría muchas cosas. 


-Pues igual, sí. – Yunho entrecerró los ojos. Llevé mis manos a su sudadera, agarrándola y atrayéndolo hacía mí dándole leves tirones. – Pero eso no tiene nada que ver, el que quiero que me folle ahora eres tú, no ella. – nuestro vaho se unió formando una espesa capa nublosa cuando respiramos en los labios contrarios. Nos rozamos y bajé la mano hasta su entrepierna directamente, sin pararme a dar más rodeos, restregué mi mano contra ella bruscamente, haciendo presión.Yunho jadeó y se mordió el labio inferior, con sus ojos clavados en los míos. Noté como su pene empezaba a crecer contra la palma de mi mano y tragué saliva. De seguir así yo también iba a acabar perdido. 


-Voy ha acabar con lo de esta mañana, perra. – subí la mano desde su entrepierna por la ingle hasta encontrar y meter la mano en el interior de los bolsillos  de su  pantalón. Lo encontré. 


-No entiendo a que estás esperando para no estar ya montándome. – se rió, inclinándose de nuevo para empezar a comerme la boca, pero no le di tiempo, metiéndole un empujón hacía atrás que casi lo hace caer por las escasas escaleras que daban a la puerta de casa y la cerré de un portazo frente a sus narices. Lo primero que hice fue echar los cuatro cerrojos y encender la alarma antirrobos. Mi madre era muy, muy precavida con el tema y ahora me alegraba profundamente al empezar a escuchar los golpes que Yunho propinaba a la puerta desde fuera. 


-¡Serás hijo de...! – me empecé a descojonar al oír sus gritos furiosos desde fuera. 


-¡Jajaja! ¿¡Qué pasa, Yunho!? ¿¡La perra te la ha jugado!? ¡Eso te pasa por calienta pollas, pedazo de subnormal! 


-¡Ya me estás abriendo la puerta o te juro que la tiro abajo! 


-¡No sabía que tenías súper fuerza, hazlo, quiero verlo! 


-¡Eres un maricón de mierda! 


-¡Yo también estoy loco por ti, Yunho! 


-¡Jae, abre, abre ahora! – y siguió gritando, golpeando la puerta con fuerza. Yo estiré los brazos, desperezándome lentamente y me introduje en casa con una enorme sonrisa en la cara. 


Ya se cansaría, ya.




Tiene un mensaje nuevo… 


Pulsé el botón del contestador automático del teléfono de casa y escuché la suave voz de mamá a través del aparato. 


Cielo, hoy no podré ir a dormir a casa. Tengo tanto papeleo y además, he aceptado dos casos más, no muy agradables, ¿sabes? Mañana a las siete de la mañana tendré que defender a una víctima de violencia doméstica y tengo que estudiar su caso a fondo. La pobre mujer a la que defiendo me necesita de verdad, cielo. No te puedes creer la de cosas horribles que pasan por mis manos, estoy descompuesta. Cierra bien la casa y activa la alarma, si pasa algo, llama a Choi, lo más probable es que esté con él intentando organizar esto. No me ha dado tiempo a prepararos la cena pero sé que te las apañaras bien para hacer algo comestible, pero por favor, no te olvides de apagar la freidora si fríes algo, si vas a lavar algo en la lavadora, recuerda que tienes que echarle sólo un cazo de detergente y lavar la ropa de color con la de color, ¡No la mezcles con la blanca! He dejado medicinas en la cocina y vendas, por si te resfrías  o  te cortas con algo con algo. Si vas a tomaros algo para el resfriado o la fiebre, lee antes el proscrito y… ¡Ah, si vas a ducharte ten mucho cuidado! ¡La alfombrilla no está pues…!




Fin del mensaje…


Ignorando por completo la exagerada reacción de mi madre a la idea de dejarme sólo en casa, sonreí, volviendo a regocijarme por dentro. Mamá no vendría esa noche, es decir,Yunho no dormiría hoy aquí. Pasaría la noche fuera, durmiendo como un perro. 


Se seguían escuchando los porrazos que daba intentando abrir la puerta y me llamaba, muy cabreado. No se cansaba, así que fui a la cocina, cogí un montón de fresas que vertí en un cazo y las bañé con nata. Puse la calefacción, anduve hacía la entradita y cogí el inalámbrico. 


-¡Yunhoooo! – le llame. Por unos instantes dejó de golpear la puerta. - ¿A que no sabes una cosa? ¡Mamá no viene hoy ha dormir! ¿Sabes que es lo que quiere decir eso? ¡Que vas a pasarte toda la noche durmiendo fuera, como un perro! ¡Que irónico! ¿Verdad? 


-¡Irónica va ha ser tu muerte! – me empecé a reír, llevándome una fresa a la boca, disfrutando del espectáculo. - ¡Un pobre e inocente muchacho de 19 años es encontrado muerto, disecado, desnudo en un contenedor de basura, horriblemente castrado con unas tijeras para podar los arbustos! 


-¡Jajaja! – volví a empezar a descojonarme. Naturalmente, no lo haría si la puerta que nos separaba estuviera abierta y no cerrada, pero ya hecho, abría que aprovechar ¿no? 


-Jaejoong, la puerta, abierta, ¡Ya! 


-¿Qué pasa? ¿Ya no soy el Muñeco? ¡Que mal! ¿Debería asustarme? – me llevé una fresa a la boca empapada de nata. Hum… que rica. 


-¿Asustado? ¿Sólo asustado? ¡Cuando entre ahí vas a conocer el terror! – me tragué la fresa y me dediqué a darle lametones a los dedos llenos de nata. ¡Me encantaban las fresas con nata!


-Así no vas a conseguir que te abra. ¡Deja de ser tan burro intentando abrir la puerta a patadas e intenta convencer al dueño de la casa, idiota! Te aviso que la alarma está activada y la puerta tiene cuatro cierres. ¡No puedes entrar! – le dio una última patada a la puerta y se detuvo. Oí su gruñido ronco, exasperado. 


-¿Qué mierda quieres que haga? – eso es, así me gusta. 


-¡Suplícame! – sonreí pensando en la cara que abría puesto al oírme decir eso. 


-¡Ja! ¡Si crees que vas ha oírme suplicar espera sentado! 


-¡Lo estoy, calentito, comiendo y cómodo! ¿Cómo estás tú? – volvió a gruñir. 


-¡Pues me meteré en el coche y me pondré la calefacción, fíjate tú que complicación! – volví a sonreír y corrí subiendo las escaleras hacía mi cuarto. Abrí la ventana y me asomé por ella. Yunho iba rumbo a su coche, aparcado perfectamente frente al garaje. 


-¡Yunhooo! – se giró y me miró con el ceño fruncido. Le mostré las llaves del coche en mi mano, sacudiéndolas, disfrutando al ver como abría los ojos como platos al verlas y empezaba a rebuscar por los bolsillos de sus pantalones. - ¡Jajaja! – se las quité fácilmente cuando volví a flirtear con él en el umbral de la puerta. Sabía que lo primero que pensaría sería meterse en el coche para calentarse o ir a comer por ahí, por su cuenta. Así que también le quité la cartera, jaja. - ¡capullo! – estaba furioso. No replicó, en vez de eso, se agachó, agarró una piedra y la lanzó contra mi ventana, contra mí. Me agaché en el momento justo. Joder, ¡Que bestia! Cogí el pedrusco y volví a asomarme, arrojándosela con fuerza. La esquivó con la misma facilidad que si le hubiera tirado un globo.


-¡Considérate hombre muerto! – por toda respuesta, le lancé un beso y le guiñé un ojo, lo que le hizo gritar de rabia. ¡Joder, como molaba cabrearle! 


-¡Te quiero, Yunho! – le grité, poniéndolo de los nervios hasta el extremo de hacerle patear una de las macetas de la entrada, haciéndola añicos. Ups, mamá se iba a enfadar por eso… pero yo disfrutaba como un mocoso. 


Me tiré sobre mi cama, dando vueltas, sonriente, riéndome a carcajadas. ¡Oh, que bien sentaba aquello! Dominaba la situación por ahora… al menos hasta que Yunho  consiguiera entrar en casa y me hiciera puré, pero no le tenía mucho miedo, la verdad. Hundí la cabeza en la almohada y me acurruqué sobre las mantas, calentito. Introduje las manos bajo la almohada y, anda… su sudadera. Yo estaba calentito en la cama y él abajo bajo cero grados, seguro que helado. Pobre…


Que se jodiera. 


Ahora me tocaba la parte difícil a mí. Cogí el inalámbrico y empecé a marcar, llevándomelo al oído.  Yoochun y Junsu se merecían una explicación razonable.


-¡Yunniiee ! ! – el  bostezó a través del teléfono. Otro adormilado. 


-Jae, estaba echándome una siesta ¿sabes? Tienes el don de la oportunidad y de pasar desapercibido, ¿Lo sabías? 


-Si, algo me había imaginado. ¿Quieres que llame luego? 


-No, no, creo que tenemos que hablar, aunque eso sea más típico de Junsu pero… sino he entendido mal, el tipo ese de esta mañana era tu hermano, no un clon raro salido de una peli de ciencia ficción que andaba por ahí, ¿Me equivoco? 


-Hum… ¡Nop! Te lo ha dicho Junsu, ¿no? 


-Me lo gritó. Me dijo imbecil por no darme cuenta yo mismo. ¡No era que no me diera cuenta, era que me quedé pillado por completo! Mi Jae magreándose con un tío frente a toda la universidad y encima, delante de Boomie. ¿Qué coño era eso? Fue lo primero que pensé. Porque… me dio la extraña sensación de que te dejabas y luego, pensar que ese era tu hermano… aún estoy completamente pillado.Jae, ¿Qué mierda…?


-Antes de que digas nada… - suspiré, mientras apretaba la sudadera de Yunho entre mis dedos. La acaricié y la abracé contra mi pecho como si fuera un punto de apoyo. De alguna manera, así me sentía mejor. – Verás… sí, era Yunho. 


-Guay. Si hubiera sido cualquier otro tío sería más fácil de asimilar, pero Yunho… ¿No es tu hermano  o algo así? ¿Me perdí el momento en el que dijiste que no había relación de sangre entre vosotros o qué? 


-No. Si hay relación de sangre, es mi hermano, si, pero… 


-¿Pero? No me irás a decir ahora algo como, estoy enamorado de mi hermano  ¿No? 


-¡No! 


-Menos mal, porque ya estaba preparando un tratamiento psicológico para ti. ¿Entonces? – me mordí el labio inferior. Apreté con más fuerza la sudadera entre mis manos, aplastándola contra mi pecho. Una excusa, una excusa, una excusa… 


-Es por Boomie. 


-¿Boomie? ¿Cómo? ¿Qué tiene que ver esa en esto? – su tono de voz se volvió tosco al pronunciar el nombre de mi ex. No sé porque pero tanto Yoochun y a Junsu siempre se volvían muy espesos con ese tema. Ya sabía que la odiaban, aunque no el motivo, pero por lo menos podrían disimularlo un poco en mi presencia, ¿no? 


-Yunho cree que si le doy un poco de celos, querrá volver conmigo. – una excusa patética, si, pero en fin. Mejor que decirle que hacía semanas que me acostaba con Yunho… 


-Ya. ¿Y te has hecho pasar por marica por ella frente a toda la uni? ¿Por volver con ella? ¿Con tu hermano? 


-Bueno… nadie sabe que es mi hermano, así que eso no supone ningún problema. – de repente, un ruido bajo mi ventana me sobresaltó. Sonó como un golpe y un fuerte gruñido de rabia. ¿Qué mierda estaba haciendo Yunho? 


-Jae, ¿Qué es eso? 


-El perro. 


-Tú no tienes perro, Jae. 


-Es el del vecino. Hace cosas raras, esta viejo el pobre. Bueno, pues eso. Que Yunho me ayuda a poner celosa a Boomie. 


-Jae, ¿Estás de coña? ¿Esto te parece normal? ¿Magrearte con tu hermano por una tía? 


-Hombre, normal, normal, no es, eso ya lo sé, pero… era una buena idea. 


-Pero, ¿Es que  ... estas  loco!? ¿Y tu reputación que? 


-¿Desde cuando me importa mi reputación o lo que la gente piense de mí,  Yoochun? 


-Ah, bueno, eso sí pero…


-Pues eso. Sólo fue… un intento de dar celos, nada más allá, no te preocupes por esto. 


-No, si yo no me preocupo, pero es que no lo entiendo, ¿Qué piensas hacer ahora? ¿Ir diciendo por ahí que Yunho es tu novio o algo así? – me lo pensé. La verdad es que no tenía muchas más opciones después del numerito de las taquillas. O eso, o me tomaban por gay libre y un montón de tíos se me acercarían para intentar ligar conmigo y creo que eso sería desagradable, mucho. Además, a esas alturas, todo el mundo nos consideraba ya novios así que… ¿Qué mas daba? 


-Pues si. Es para no escandalizarte a ti y a  Junsu si nos ven de la mano en la universidad o algo. Fingiremos un tiempo ser novios para ver como va la cosa con Boomie y después… - oí otro ruido, esta vez bajo mi ventana, como si algo se escurriera por la pared desde fuera. Me levanté de la cama con los ojos entrecerrados y caminé hacía ella con lentitud. 


-Jae, ¿Te he dicho alguna vez que  Boomie no te conviene para nada? ¿Qué pasa de ti? ¿Qué es una puta, puta? 


-Si, cincuenta veces. – seguí caminando hacía la ventana y me asomé lentamente. 


-¿A, sí? Pues escucha, por que esa tía no va a volver contigo por mucho que hagas, Jae. Es mala, no merece la pena que…


-¡No! – pegué un bote hacía atrás, pálido y con el corazón acelerado cuando vi a Yunho  asomar la cabeza por mi ventana, con las manos apoyadas en la balaustrada, con la cara roja a causa del esfuerzo de escalar hasta allí o, quizás por la furia. ¡Estaba loco! ¡Había subido hasta el segundo piso trepando por el canalón y las escasas enredaderas como un mono! Y, estaba muy, muy enfadado. 


-¿Jae? ¿Jae? ¿Estás ahí? ¿Qué pasa? - ¿Qué que pasaba? Yunho empezó a alzarse y a empujarse hacía delante, casi con medio cuerpo dentro de casa. El teléfono me tembló entre las manos al ver sus ojos asesinos clavados en mí. Si las miradas matasen prefería no saber a que clase de torturas estaría sometiendo mi cuerpo en esos momentos. 


-Yoochun… enseguida vuelvo. – y agarré el teléfono con fuerza. No podía dejar a Yunho entrar en casa o… o… o me violaría, uff, seguro que lo hacía y luego me mataría y la violación a primera vista no podía ser tan mala pero el asesinato era otra cosa. 


Tragué saliva. Allá iba. 


-¡Fuera! – empecé a empujar a Yunho hacía fuera, poniéndole las manos en la cara y los hombros, echándolo hacía atrás. 


-¿¡Que haces!? ¿¡Me quieres matar!? 


-¡Fuera, fuera, fuera, fuera! – Yunho intentaba agarrarse a algo, desperado. Le golpeé la cabeza con el teléfono y sacudió la cabeza, soltándose de la balaustrada y, ¿Qué fue lo primero a lo que se agarró para no caerse? ¡Exacto, a mí! Se colgó de mí y yo me colgué de la ventana. - ¡No, no, no, no, no! – y me salí de ella. Grité, abrazando a Yunho con toda mí fuerza mientras caíamos los escasos siete metros de altura, pero en esos segundos que duró la caída juro que vi mi vida en diapositivas. Bueno, sobretodo vi a Yunho besándome, Yunho follándome por primera vez en el coche, la primera vez que vi a Yunho frente a mí cuando me lo presentó mi madre como hermano mío, Yunho en la universidad, salvándome de Sparky, nuestra segunda vez en el baño público de la uni, las caricias furtivas en casa, nuestra tercera, cuarta, quinta vez, esa misma mañana contra las taquillas y el, “Pues igual, si” de hacía unas horas y… 


¡Pam! 


Un golpe y un frenazo en seco. 


Mantuve los ojos cerrados con fuerza y mis brazos firmemente agarrados a el, sin moverme. Me temblaba el cuerpo como un flan y el estómago me botaba de arriba abajo. Me quedé quieto con la cabeza apoyada sobre algo duro que se movía lentamente y chocaba contra mi oído, un sonido acelerado y tranquilizador. 


¡Tumtum, tumtum, tumtum! 


Con las manos tan temblorosas que al apoyarlas en el suelo, hicieron que se me doblaran los brazos dos o tres veces al intentar al menos, sentarme de rodillas en vez estar ahí tumbado sobre… ¡Sobre Yunho!


-Yu -Yunho… - me temblaba la voz del susto, viéndole ahí con los ojos cerrados sin reaccionar a mi llamada. Llevé una mano temblorosa hacía su cara pálida y le toqué la mejilla helada. Oh, no… oh, no… ¡Lo había matado! - ¡Yunho! 


Y de repente, su mano agarró la mía con una fuerza descomunal. Abrió los ojos y me miró, con una intensidad que me hizo tragar saliva. 


-Tú… Muñeco… 


Suspiré aliviado al ver que estaba bien. Luego, me paré a pensarlo. Vale, iba a matarme.


-¿Te has roto algo? – sus ojos centellearon alrededor de mí mientras le veía alzarse, sentándose en el suelo. Frente a frente. 


-No. Es a ti a quien le voy a romper ese delgado y bonito cuello de porcelana, Muñeco. – giré los ojos varias veces, buscando quizás una escapatoria al notar como su mano apretaba la mía hasta sentir como los huesos me crujían. 


-Oye Yunho, para. Tampoco ha sido para tanto. 


-¿¡Qué no ha sido para tanto!? ¡Me has tirado desde tu ventana y me has dejado en la calle como un perro! – me gritó. De un tirón, conseguí liberar mi mano de sus garras.


-Y tú me empotraste contra las taquillas y me metiste mano delante de todo el mundo, llamándome perra. Estamos en paz. 


-¡Y una mierda! – hice amago de levantarme del suelo con las piernas aún temblorosas, pero el me dio un tirón y volví a caer al suelo de rodillas. Me agarró de los brazos y tiró de mí hacía él. Empecé a forcejear, molesto y al ver que no pensaba soltarme, le miré, empezando a sentir rabia, casi la misma con la que él me miraba a los ojos. 


-¿¡Que mierda quieres!? ¿¡Que bese el suelo que tu pisas, que no deje que nadie se me acerque, que me encierre en un sótano oscuro sólo para ti!? ¿¡Sólo para complacer tu puta posesividad!? ¡No pienso hacerlo y no pienso pedirte perdón por esto después de humillarme y tratarme como una puta delante de cientos de personas! ¡Te lo mereces por gilipollas! ¡Y si no te gusta, sólo tienes que dejar de follarme! – se lo escupí a la cara, gritando sin importarme quien me oyera. Estaba fuera de mí mismo y quería golpearle, hacerle daño. Era un maldito idiota y yo otro por preocuparme y comerme la cabeza por él, como si fuéramos algo cuando en realidad no éramos nada, ni siquiera hermanos decentes, pero era necesario soltarlo precisamente por eso. Ya le había dado demasiada manga ancha, no iba a dejarme dominar ni avasallar por su asqueroso temperamento… aunque supiera que no sería capaz de cambiarlo. 


-No pienso cambiar por ti. – ya lo había imaginado antes de que lo dijera con tanta frialdad, así que me limité a asentir con la cabeza.


-Genial – me solté de su agarré de un manotazo. Él me dejó ir y me levanté del suelo, totalmente cabreado. – No vuelvas a tocarme, subnormal. – y le di la espalda, echando a andar fuera del pequeño jardín. 


Iría a casa de Yoochun a pasar la noche, si, ya que no podía entrar en casa. Me había dejado los cerrojos echados y si no utilizaba las cuatro llaves, no abría manera de abrirlos… si Yunho era capaz de entrar en casa por la ventana, genial, no pensaba…no pensaba…


Mierda…


Me detuve y golpeé furioso la pared que rodeaba la casa de los vecinos. Sentía un nudo en la garganta de lo más molesto y una ligera presión en el pecho. Me sentía francamente mal, muy mal y me quemaban los ojos a rabiar. Yo… tenía ganas de llorar y sabía porque… me apoyé en la pared, mareado y con las lágrimas patentes en mis ojos. 


-Yunho, eres un maldito gilipollas. – murmuré por lo bajo, con la voz ronca, sintiendo el molesto dolor en la garganta palpitar. 


-Ya… algo había oído. – alcé la cabeza. Yunho estaba a poco menos de un metro de mí, justo en frente, muy serio. Sacudí la cabeza y me tragué las lágrimas que estaban por venir.


-Si al menos tuvieras algún derecho sobre mí como novio o algo así entendería que te cabreara un poco que Boomie se me acerque o… 


-¿Si fuera tu novio? – ladeé la cabeza, esperando oír una risita por su parte, pero no oí nada. Seguía serio y yo… dolido. 


-Si lo fueras. – me limpié las lágrimas con el antebrazo y volví a sacudir la cabeza. Novios, que gilipollez. 


-¿Quieres salir conmigo, Muñeco? – aparté la mano de mi cara enseguida, encontrándome con su profunda mirada. Yunho estaba ahí, parado, en silencio y me sorprendió ver un ligero rubor en sus mejillas. Aún así, seguía serio, quieto como un palo. - ¿Quieres ser mi novio? – el labio inferior me empezó a temblar con un ligero tic. - ¡Deja de mirarme así! ¡Si, lo digo en serio! ¿Quieres serlo si o no? – Su rubor se intensificó. 


Joder, joder, joder… ¡Que lo decía de verdad! Y para respuestas impredecibles la mía. Me di la vuelta, con la mano de la boca, completamente flipado y… no podía negarlo, ¡Coño, si hasta me había emocionado! 


-Pu-pu-pues… - respiré hondo, acelerado, sin saber que decir, totalmente en blanco. Cerré los ojos con fuerza - ¡Vete a la mierda, Yunho! – y salí de allí a pasos agigantados. 


-¿¡Qué!?


-¡Que me dejes! 


-¿¡Que he hecho ahora!?


-¡Sólo me quieres para tenerme atado! 


-Eso… no… eso… ¡Mentira! – ni él mismo sabía lo que decía. Eché a andar rápido, con la cara descompuesta. Como era de esperar, Yunho corrió hasta mi lado y se puso en medio. - ¡Venga ya, Muñeco!


-¡Ahora no quiero! – le giré la cara e intenté esquivarle y seguir andando. Yunho se me puso en medio de nuevo. 


-¿Qué hay de malo? ¿Por qué no? – y se atrevía a preguntarlo. Mejor que él nadie lo sabía y le señalé con el dedo, acusador. Conmigo no se quedaría. 


-¡Sólo quieres una puñetera razón para poder pelearte con cualquiera que se me acerque, una puñetera razón para hacerte el chulo delante de cientos de personas y una jodida razón para joderme y dejarme en ridículo, humillarme como esta mañana! ¡Lo que tú quieres es usarme para buscar pelea sin importarte lo que sienta, porque eres un bestia! ¡Un burro, eso es lo que eres! ¡Anormal descerebrado que piensa con el nabo! – y volví a darle la espalda, muy digno, sin mirarle a la cara de pocker que se le había quedado, eché a andar de nuevo con la cabeza bien alta. Le miré de reojo un par de veces. Estaba parado, mirando como me alejaba, con los ojos muy abiertos. Genial. 


-¡Jaejoong! – pasé por completo de su grito y seguí andando, alzando más la cabeza si cabía cuando de repente, un golpe seco en plena cara me hizo caer al suelo. – Jae… - ¡Hostia, que dolor, mi nariz, mi nariz! - 




… Cuidado con la farola…


Miré hacía atrás. Tenía la cara roja del golpe y la nariz… uis, mi nariz… Yunho me observó en silencio y noté como también se ponía rojo, encogiéndose, intentando aguantar la risa. Un hilito de sangre me cayó de la nariz y él empezó a descojonarse de mí… otra vez…


-¡Muérete! 


-¡Jajaja! ¡Joder, que torpe!


-¡Te odio, que me dejes! 


-¡Venga ya Jae! ¡Ahora en serio! Vas a salir conmigo ¿no?


-¡No! 


-¡Muñeco!


-¡Que no quiero!


-¡Venga ya, sin mí no saldrás vivo de la manzana! 


-¡Muérete!


-¡Muñeco!


Puto Yunho…


Bueno… quizás se calle cuando lleguemos a casa de Yoochun o quizás se canse de pedirme esa solemne gilipollez de ser novios que no pienso aceptar… al menos no de momento…