sábado, 4 de agosto de 2012

Capitulo Once:



Inspira, expira, inspira, expira, inspira, expira… ¿Estás preparado, Jae?... No, no lo estás, ¡Corre antes de que sea demasiado tarde, subnormal! ¡Abre la puerta del coche y tírate a la carretera, aún estás a tiempo! Con un poco de suerte, cosa que no tengo, igual no me rompo las dos piernas y puedo seguir montando en bici… a no, que no sé montar. ¡Tírate ya, coño! 




-¿Qué pasa? ¿Algún tío bueno al otro lado de la ventana? – le dirigí una mirada nada simpática a Yunho, por no meterle una hostia.




-Pues igual sí, ¿Por qué? – curvó la boca en esa asquerosa sonrisa irritante y perfecta que tenía. A ver, ¿No se suponía que era un puñetero delincuente? ¿Por qué tenía los dientes tan bonitos? Diría que dinero tendría poco si en su casa reinaban una marabunta de cucarachas y ratas asesinas que habían intentado comerse a su perra Guetti (Pobrecita) como para pagarse un dentista y cuatro años de aparato, (A no ser que hubiera robado el dinero, cosa que no me extrañaría para nada) además, ¿No se suponía que de peleas y puñetazos o cosas así se caían? Arg… me sacaba de quicio. Yo los tenía medio deformes y él… 




-No intentes cabrearme otra vez. Los dos sabemos que el único tío que te mola soy yo. – sentí un ligero tic en el ojo y me crucé de brazos en el asiento, refunfuñando. 




-Si tanto me molas, ¿Por qué te mando a la mierda, Yunho? 




-Eres un orgulloso. En realidad, estás loco por mí. – bufé. Sería creído de mierda, prepotente, gilipollas enfermo y… y… ¡Lo peor de todo era que tenía razón! Y no entendía porque. Yunho era un imbécil, chulo asqueroso, de la clase de tíos que odiaba desde que era consciente pero, por casualidades de la vida, debía admitir que… mierda, me gustaba. Quizás porque era mi hermano y el morbo de lo prohibido no lo hacía desaparecer nadie. 




-¡No! – me hundí en el asiento en cuanto divisé la universidad a escasos segundos y estuve a punto de abrir la puerta del copiloto y tirarme, a punto, pero en el último momento, noté como Yunho empezaba a ir más despacio y me agarraba del brazo, evitando mi huida. 




-Quiero una respuesta, Muñeco. 




-¿Respuesta? ¿Respuesta a qué? – observé conteniendo el aliento como entraba en el aparcamiento para los estudiantes de la uni y, suavemente, se deslizó en uno de los que había libres. Me encogí aún más, aunque sabía que las ventanas estaban tintadas y nadie nos veía desde fuera, pero eso no evitaba mi nerviosismo, y que en ese momento, Yunho se girara y se inclinara sobre mí como si fuera a comerme, mirándome con tanta seriedad, no ayudaba. 




-¿Vas a ser mío, si o no? – tragué saliva y mi cabeza acabó pegada a la ventana tintada, intentando alejarme de él, visiblemente nervioso y ruborizado. Sentía el corazón envuelto en una nube de vapor cálido y acogedor que me ponía el vello de punta al ver como me miraba. Oh, joder, que calor…




-¿Es que no te basta con que te halla dicho que no una y otra vez durante todo el fin de semana? ¿Qué te hace pensar que si he dicho que no unas doscientas veces diga que si a las doscientos uno? – dejó su seriedad otra vez, porque al parecer, era incapaz de mantenerse serio durante más de dos segundos y volvió a su sonrisita maliciosa. 




-Te gusto. 




-¿¡Qué!? 




-No digas que no, reconócelo. – su mano se posó peligrosamente sobre mi pierna mientras veía como su cara se acercaba más a la mía. Casi sin darme cuenta, mi cuerpo empezó a descender hacía abajo, intentando evitar el acercamiento hasta que llegó el momento en el que casi se situó sobre mí, desnudándome con la mirada, con las manos en mis piernas, separándolas poco a poco. – Hace mucho que no lo hacemos, joder. Quiero metértela, ya, ahora.




-Ahh… - no gemí, más bien fue un agudo soplido de flipado total al notar como me rozaba con los dedos la ingle y los mantenía ahí pegados, apretando. Me temblaron las rodillas y entrecerré los ojos, sintiendo un cosquilleo que me erizó la piel por como me observaba, impaciente, divertido y ansioso, como si fuera un juguete con el que estaba deseando jugar hasta hartarse de él. Me apretó con más fuerza la ingle por encima de los pantalones. Mierda, mierda, mierda… se me estaba empezando a marcar lo duro que se me estaba poniendo. 




Le agarré bruscamente las manos para evitar que siguiera presionando y le miré fijamente. 




-Estate quieto. –  se rió. Miró hacía mi entrepierna por un segundo y sus ojos volvieron rápidamente a los míos, burlones. 




-¿Por qué? Porque te pone cachondo como una puta que te toque. – que basto era joder, y como me gustaba, pero el orgullo y la dignidad eran lo primero y al igual que me gustaba que dijera esas cosas tan bastas y guarras, sentía como poco a poco, se me escapaba la dignidad cada vez que me dirigía alguna de ellas y eso, me reventaba por dentro. 




Alcé la mano y antes de que pudiera situarla para darle una buena hostia, me la agarró con un rápido movimiento. Negó con la cabeza lentamente. 




-Ni lo intentes. No tropiezo dos veces en la misma piedra. – será… será… la respiración se me cortó justo en el momento en el que pensaba soltarle una de mis frases más célebres. 




Sus labios empezaron a dar suaves roces a los míos, sin profundizar, sin ir más allá. Mantuve los ojos entrecerrados, sin ver nada más allá de él, sin sentir nada más que los roces que nos unían. Me soltó la mano y la posé bruscamente sobre su mejilla, sacando la lengua y recorriendo el contorno de sus labios con ella. Acabé dándole un tirón del  pelo en su nuca  y disfruté oyéndole gruñir contra mi boca por la fuerza con la que tiré de él hacía abajo.
Con este tipo rondándome a todas horas me estaba volviendo un completo salvaje. 




-¿Esa Boomie dejaba que la maltrataras así? Vaya una guarra masoca. – le hubiera reventado la boca si no lo hubiera entendido y me gustara tenerlo atado así, igual que él me tenía atado a mí con correa. 




-Estás… celoso… - le escupí en la cara. Él se rió. – Si tú lo reconoces, yo reconoceré que me gustas. 




-No necesito que lo reconozcas, lo sé. Tú también sabes que me gustas a mí ¿no? – creo que mi cara se descompuso por completo. ¿Cómo? Eso… eso yo no lo sabía… - No te confundas. El “gustar” es muy, muy lejano al “amar”. En mis términos, “gustar” es igual a “Gustar para follar”, para disfrutar y pasar buenos ratos juntos, como rollo. Igual para ti es algo más y no estaría bien decepcionarte, así que, bueno… no te miento si te digo que eres la única persona con la que he estado tanto tiempo montándomelo y… tengo la intención de que sea así durante mucho, mucho tiempo, porque estoy totalmente pillado por ti, Muñeco. – pestañeé un par de veces, desconcertado. Es decir, ¿Qué mierda…? 




Me besó, esta vez metiéndome la lengua dentro. Gemí contra su boca sintiendo la presión, como me recorría la boca de arriba abajo, penetrando con su lengua y como la mía le cerraba el paso. Intenté separarme de él un segundo, empujándolo por los hombros, aturdido y me mordió suavemente la comisura de los labios, separándose un poco, pero no lo suficiente como para que su aliento no entrara por mi boca. 




-¿Qu-que has dicho? – tartamudeé, como un idiota.




-¿Qué se supone que he dicho? – preguntó, poniendo los ojos en blanco unos segundos. Volvió a acercarse y me dio un lametón que hizo desaparecer cualquier rastro de saliva de mi cara. Joder, tenía el corazón con síntomas de infarto o algo parecido. 




-Yunho...




-Calla. No lo estropees… - Rápidamente, su fría mano se introdujo bajo mis pantalones, desabrochándolos y empezando a toquetear por encima mis abultados boxers. Me agarré ferozmente a su sudadera, tirando de ella hacía abajo, hacía mí, intentando no deshacerme en gritos por como me la estrujaba. Siempre era tan burro… uff… 




Doblé una pierna y la froté bruscamente contra su polla, devolviéndole el favor con una mirada maliciosa, observando como su expresión se volvía acalorada. Echó la cabeza hacía atrás y gimió, ronco, soltándomela y llevando su mano a su propia entrepierna, frotándose por encima de la ropa delante de mí. 




Mierda… no me calientes…




-Lo seré… - Yunho me dirigió una mirada guarra, mordiéndose el labio inferior. Abrí las piernas frente a sus ojos de lobo hambriento y le devolví la sonrisa, frotándome descaradamente por encima de los boxer. A él se le iban los ojos y vi una gota de sudor descender por su cuello. – Seré tu novio, vale. Si… pero tú eres el mío. 




-¿Y eso quiere decir que…? 




-La cosa no va sólo a base de polvos. Si eres mi novio, lo serás de verdad. – Yunho alzó una ceja. Se apartó poco a poco de mí hasta sentarse bien sobre el asiento del conductor. 




-Vale. Soy tu novio de verdad. 




-No sabes a que me refiero con novio de verdad, ¿no? – Yunho sonrió. 




-No. – negué con la cabeza. Ya se arrepentiría después. - Pero seguro que merece la pena si eso significa que eres mío. – nos miramos. Él mantenía una sonrisa de oreja a oreja y me dio un pico antes de abrir la puerta y salir fuera. Me abroché los pantalones rápidamente y me aplasté la entrepierna con la mano. Eché la cabeza hacía atrás. Notaba como yo también empezaba a sudar a mares, como si hubiera hecho un gran esfuerzo, y las gotitas de sudor me caían por la frente hasta el cuello. 




-Oohh… - Yunho abrió la puerta del copiloto en ese momento. 




-¿Sales? – me miró de arriba abajo. Mi pecho subía y bajaba acelerado y yo cerré los ojos, suspirando. 




-Hum…




-Si necesitas hacerte una paja en soledad, sólo tienes que decirlo. – Entreabrí los ojos. Estaba seguro de que tenía las mejillas rojizas. 




-Ahora mismo salgo. 




-¿Te saco en brazos, Muñeco? – gruñí un poco. Maldito Yunho, lo que sea por avergonzarme. Se inclinó sobre mí y pasó los brazos por debajo de mis piernas y la espalda, elevándome en el aire por unos segundos mientras sacaba mi cuerpo del coche. Empecé a moverme como un loco y a pegarle trastazos en la cabeza.




-¡Suéltame, suéltame ahora! ¡Ya! – y me soltó. - ¡Cabrón! –Yunho empezó a descojonarse ruidosamente al verme retorcerme en el suelo, por el tremendo golpe recibido al caer contra el duro asfalto.  - ¡Joder, no puedes ser un poco más delicado! ¿No? ¿Por qué no aprendes lo que es delicadeza?




-Porque a ti te gusta que sea un burro contigo y los burros no tienen delicadeza. 




-Serás…




-Bah. Siendo tú, encontrarías la manera de matarte con un osito de Winnie de Pooh. – abrí la boca para decir algo ingenioso, pero de repente, Yunho me pasó un brazo por los hombros y me pegó a él por completo, haciendo que mi cabeza se pegara a la suya y mis manos se aferraran a su cintura casi por un acto reflejo. – Sonríe a la cámara. – abrí los ojos como platos y… ¡Flash!... Cegado. 




-¿Qué mierda…? – me llevé las manos a los ojos  y empecé a pestañear, agitando la cabeza, mareado. 




-¡Gracias por la foto! ¡Será portada del periódico de la universidad, seguro! 




-¿¡Qué!? 




-Estarás contento, Muñeco. Te voy ha hacer famoso. 




-¡No, mierda, que dices, no quiero salir en el periódico de la uni! ¡No quiero que todo el mundo me mire! – me puse a gritar como loco y, en cuanto centré la vista un poco, cerré la boca. 




Todo el mundo nos miraba… otra vez.




Me di la vuelta y me abalancé hacía el interior del coche de cabeza. 




-¡Eh, ni hablar, fuera del coche! – Yunho me empujó fuera otra vez, cerrando de un portazo la puerta y contra mi voluntad, me agarró de la cintura, pegándome otra vez a él y empezó a arrastrarme con toda su chulería hacía la puerta de la universidad. Mis ojos viajaban de un lado a otro y daba igual a donde mirara, todos me miraban a mí. 




-Joder… 




-Creía que te gustaba ser el centro de atención. – Intenté hacer caso omiso a los miles de ojos que me observaban y seguía andando a su lado, encogiendo el cuello, intentando ocultar mi cara en el interior de mi chaqueta. 




-Me gusta, pero no así. Nos miran porque somos… dos tíos que van muy pegados. 




-Ya. – sonrió. – Seguro que la cosa empeoraría si se llegan a enterar de que somos hermanos además de dos tíos que se pegan mucho. 




-Pues por tu bien… no, borra eso. Por mí bien, más vale que no se enteren, así que estoy apañado porque te importa una mierda mí bien, así que… - Yunho ladeó la cabeza mientras cruzábamos las puertas de la universidad. Era casi imposible ignorar las miraditas poco disimuladas de la gente mientras me arrastraba agarrado de la cintura un tío que creían mi novio, cuando técnicamente, mirado desde el punto ético, eso era imposible, por no decir abominable desde el punto de vista religioso. 




Me agarré a Yunho con fuerza cuando vi mi clase a escasos metros. Casi estaba a punto de rogarle como si fuera un niño de parvulario que se quedara conmigo en clase porque los otros niños me decían cosas feas cuando vi como, literalmente, toda la clase se asomaba fuera de ella, mirándonos con la boca abierta y el morbo que les daba el asunto de verme con mi novio plasmado en la cara. Joder, joder, la que se iba a librar… 




-Joder, no… 




-¿Qué pasa? ¿Tienes miedo de que la gente te llame maricón o busquen guerra? 




-Hum… - se rió. 




-No lo aran. – Miré de reojo a los demás de mi clase, sobretodo al grupo de medio subnormales de los que formaban parte los tíos. Me sentía un poco intimidado, sin saber que me dirían o que clase de bromas intentarían gastarme y, restregándome las manos y dando suaves pataditas al suelo, suspiré y me acerqué a él, agarrándome a su sudadera y estrujándola con nerviosismo. 




-Quiero… quiero irme a casa. No me siento bien. 




-Cagado. - ¡Claro, como a él no le cuesta nada ponerse a romper piernas y dislocar brazos si le dicen lo más mínimo!




-¡Escucha, eres mi novio! ¿¡No!? ¡Pues protégeme y sácame de aquí! 




-¿Por ser tu novio tengo que protegerte? ¿Quién dice eso? 




-¡Yo! Te lo dije. Si eres mi novio, lo eres de verdad. – alzó una ceja, no muy conforme por esa cláusula.




-Yoochun y Junsu te han mimado mucho en este tema ¿no? Aprende a defenderte tú solo. 




-¡Pues ya no eres mi novio! ¡Rompo contigo! – Yunho bufó, haciendo rodar los ojos para volver a mirarme con una mueca en la boca. 




-¿Qué pretendes hacerme hacer siendo tu novio? 




-Pues… - muy astuto. Y si se lo decía, igual era él quien cortaba conmigo pero, en fin. – Protegerme cuando yo te lo pida, no avergonzarme ni humillarme delante de nadie…




-En privado si, ¿verdad? – hum… sentía el cuerpo arder de sólo imaginarlo y me puse a mirar el suelo, dando pataditas otra vez, sintiéndome estúpido. 




-En privado, si… pero respetando los límites. 




-¿Cuáles? 




-… No lo sé… Además, quiero que esta semana me lleves al centro. 




-¿Para qué? – lo mire sonriente. 




-¡Yunho, despierta! ¡Dentro de nada es Navidad! Obviamente, vamos de compras navideñas. 




-¿Compras navideñas? Es la primera vez que lo oigo. 




-¿Qué dices? ¿Es que tú no regalas nada por Navidad a tu familia o qué?– Yunho se encogió de hombros, metiendo las manos en los bolsillos de su sudadera sin darle mucha importancia. 




-Nunca he celebrado la Navidad. 




-¿¡Que!? – eso fue tremendo. ¿Cómo que no celebraba la Navidad? Es decir… ¿Y los regalos? ¿Y la cena de Noche Buena y Noche Vieja? ¿Y la familia? ¿Y el árbol de Navidad? Y… y… bueno, todo lo que era la Navidad. ¿No lo celebraba? ¿Nunca? - ¿Eres budista o qué? ¿¡Quien en su sano juicio no celebra la Navidad!? – y se reí el loco. 




-Yo no. Nunca lo he hecho. 




-Pero… pero… ¿Qué haces en Navidad entonces? –  se encogió de hombros. 




-Nada. Ver la tele. Suelen echar un especial porno en el canal 23, si, suelo verlo. – me quedé con la boca abierta. 




-¿Te pones a ver porno en Navidad? 




-Si. No tengo otra cosa mejor que hacer. Todos se encierran en casa con sus familias a celebrarlo y no hay nadie a quien tirarse o a quien meter una paliza. A veces también aprovecho y salgo ha hacer graffitis y cosas de esas. Navidad es muy aburrida. – y hablaba con total normalidad, como si eso fuera lo más normal del mundo, quedarse sólo en casa, viendo la tele, en vez de salir o disfrutar con la familia la época más feliz del año. Tragué saliva. 




-¿Y tu padre?... Nuestro padre.




-Oh, antes salía por ahí ha emborracharse y aparecía al cabo de los días, pero desde que superó eso del alcohol y se puso a trabajar, nunca está. – tragué saliva. ¿Qué mierda me estaba contando? Nuestro padre lo dejaba sólo en Navidad, no, sólo los 365 días del año, pero entonces, ¿Quién cuidaba de él? ¿Quién le hacía la cena, quien le lavaba la ropa, quien le había enseñado ha hacer las cosas de la casa, quien le reñía cuando hacía algo que no estaba bien, quien le cuidaba cuando se ponía enfermo, quien le llevaba al médico o al hospital si en una pelea, se rompía algo? ¿Y si se caía por las escaleras y se rompía una pierna? ¿Y si le daba un ataque de apendicitis o algo parecido? ¿Y si se caía torpemente en la ducha y se quedaba inconsciente? 




¿Quién demonios le había enseñado a ser humano? 




-Bueno, ¿Entras en clase o te llevo a rastras? – en aquel momento, al saber de golpe que Yunho se había criado completamente sólo, sin un punto de apoyo familiar, su sonrisa me pareció la más extraña del mundo… 




Pero también la más resplandeciente en mi mundo. 




-Buenos días, Junsu. – me giré al oír el saludo de Yunho con semejante tonito de superioridad. Junsu estaba lejos, al lado de las taquillas, mirándonos con cara de, no me acerco hasta que ese tío no se las pire, refiriéndose a Yunho claramente. En ese momento recordé que le debía una buena explicación a él también y de las gordas. Junsu no era como Yoochun,  era astuto y sabía leerme la mirada y yo también a él. Por ejemplo, era más que obvio que odiaba a Yunho y lo veía peligroso para mí, cosa en la que había dado en el clavo. 




-Yunho… – mi hermano/maniaco/novio me miró con desconfianza. 




-¿Quieres que me vaya y te deje a solas con él? – ala, otra persona que sabía leerme la mente, ¿Tan obvio era? 




-Si. Hazme el favor de pirarte. 




-¿Y sino quiero? 




-Lárgate a clase, Yunho. Por tu culpa tengo que inventarme otra excusa para el numerito de las taquillas. 




-Pensaba que Yoochun ya le contó la excusa con los suficientes detalles. Los gemelos están enrollados para dar celos a Boomie y que Jae pueda volver con ella. – le miré con los ojos muy abiertos. ¿Cómo mierda sabía eso? ¿Cuándo lo había oído? – Oh, por lo visto a Yoochun le cuesta un poco alcanzar el sueño por las noches y tiene la manía de ponerse ha hablar con su sombra en casos extremos y como tú te escaqueaste a dormir al cuarto de invitados, yo tuve que tragarme su charla. – abrí la boca para hablar, pero la cerré enseguida. 




El viernes, cuando perdí las llaves y me caí por la ventana, dejando la puerta cerrada, después de un largo camino con Yunho poniéndose chulo pidiéndome que fuera su novio, llegamos a casa de Yoochun. 




-Cuando pensaba que ya no había forma de que te mataras pegándote un planchazo con la plancha para el pelo, que no te ahogarías en el cubo de la fregona o que no te mataría la armario empotrado cuando la abrieras, apareces en mi casa, pidiéndome que te deje dormir aquí junto con tu hermano porque te caíste por la ventana de tu cuarto. Hum… eso es nuevo. ¿Qué voy ha hacer contigo, Jaejoong?




Esas fueron sus palabras en cuanto le conté lo ocurrido. Dormimos allí. Le dije a Chun que como no había sitio suficiente, podía emperchar a Yunho en la casita del perro, pero Yoochun es tan buena persona que dijo…




-Vosotros sois hermanos, ¿No? Duerman en mi habitación, tiene cama de matrimonio. Yo dormiré en la de invitados. 




Por supuesto, me negué y me encerré en la de invitados. Sabía que Yunho intentaría follarme en la casa de mi mejor amigo porque así de guay era él. Así que yo dormí en la de invitados y Yunho (Después de casi tirar mi puerta abajo a base de gritos y ver que no pensaba abrirle) cedió y se fue a dormir con Yoochun. Al día siguiente, se quedó dormido sobre el plato de cereales y pensé que se ahogaría entre leche y trocitos de pasas de chocolate de Nesquit. Sobrevivió. El jodido tenía aguante. 




Ahora entiendo porque se durmió sobre los cereales. 




-Yunho, vuela.




-Creo que no.




-¡Pues corto contigo! – Yunho gruñó. Junsu y él cruzaron una mirada rápida y mi hermano sonrió con claro desdén, con falsa dulzura. 




-Vengo por ti luego. – esas palabras me hicieron reír como un idiota. 




-Te espero. – su sonrisa se ensanchó más frente a Junsu y se inclinó sobre mí, besándome en los labios, quedando el intento de profundizar en un solo pico cuando lo empujé para que se apartara. No más exhibicionismo y menos, delante de mis amigos. – Yunho… ¡Desaparece! – le grité, rojo, chasqueando los dedos y mi malicioso hermano me dio la espalda empezando a alejarse, con una sonrisa en la boca. 




-¡Si me echas mucho de menos dame un silbidito y vendré volando, Muñeco! – giré la cabeza a todos lados, escuchando pequeñas risitas retumbar en mis oídos. ¿Qué pasa, la gente no tiene nada mejor que hacer o qué? 




-Jaejoong… - arrugué la nariz al ver la expresión disgustada de Junsu frente a mí. Mierda, estaba preocupado por mí. Le debía algo más que una explicación al bueno de Junsu. 




-¡Buenaaaas!




-¿Buenas? Llevo llamándote todo el fin de semana y no me lo coges, voy a tu casa y finges no estar y ¿Apareces ahora morreándote con tu hermano otra vez y lo único que se te ocurre decirme es buenas? – vaya, estaba muy enfadado conmigo y tenía razones para estarlo. 




-Lo siento. –  resopló. – Pensaba que Chun te lo había dicho. Yunho y yo estamos haciendo el paripé para… 




-¡Corta el royo, Jae! ¡Igual Yoochun se cree esa mierda de los celos para con Boomie, pero estaba seguro de que sabías que esa gilipollez no iba a funcionar conmigo, así que escúpelo de una vez! ¿¡Que coño estás haciendo con ese tío!? – encogí la cara, tragando saliva. Junsu nunca me había gritado y menos había perdido los papeles delante de tanta gente. Estaba furioso y no pensaba discutir con él allí en medio del jolgorio, dónde ya se empezaban a oír murmullos sobre rumores de que Junsu estaba celoso o no se qué tonterías. 




-Espera, vamos al baño. Todo el mundo nos mira. 




-¡Ah, ahora no te gusta que te miren! ¡Pues el otro día parecías disfrutar de lo lindo que Yunho te exhibiera! – me quedé callado, dirigiéndole una mirada furibunda, esperando que se tranquilizara y dejara de gritar. Le hubiera roto la boca sino fuera porque le conocía, sabía que no lo hacía con mala intención, que sólo estaba preocupado por mí y que el fin de semana había estado tan desesperado que ahora, teniéndome delante, había explotado. Sabía también que no hacía falta darle para hacerle reaccionar cuando su cara se relajó y el color cambió de rojo de furia y una intensa palidez. – ¿Qué estás haciendo, Jae? – soltó, más calmado, pero tremendamente alterado. 




-Junsu, tengo que entrar a clase ahora y tú también. Luego te lo cuento. 




-No, necesito saberlo ahora. ¿Es que no lo entiendes? El día de antes de que tu hermano apareciera, vi a mi mejor amigo salir de un pub agarrado de la mano de un desconocido y no supe nada de él hasta tres horas después. Luego, me entero de que el desconocido era su hermano  y, ahora, los veo a los dos morreándo por los pasillos de la universidad, ¡Esto es una locura, Jae! ¿Qué mierda pasa? Joder, ¡Dime que no estás haciendo ninguna locura! 




-¡No! Es sólo que… 




-Jaejoong, lo conoces en persona desde hace unas semanas y te está cambiando radicalmente. 




-Eso no es cierto, Junsu. Soy el mismo de siempre. 




-El Jae de siempre nunca ha guardado secretos a sus amigos y nunca dejaría que un tío le utilizara para… ¡A saber qué! – suspiré. 




-Yunho no me está utilizando, es… otra cosa… 




-¿El que, Jaejoong? ¿Qué es, según tú? – entorné los ojos, abriendo la boca para contestarle pero, consternado, ni una palabra salió de mi boca. 




Muchas cosas pasaron por mi cabeza y otras miles me llenaron el estómago de fuego y me hicieron encoger el corazón y entonces lo supe, totalmente desconcertado. 




-Yo… no lo sé.




No tenía ni idea de qué estaba haciendo ni porqué, pero lo hacía. Hacía cosas que antes nunca hubiera hecho. Mantenía relaciones con mi propio hermano y me veía incapaz de parar ahora. Yunho arrasaba con mi cuerpo, con cada célula de mí. Era demasiado grande lo que sentía como para encerrarlo en un espacio pequeño de mí cuerpo y no dejarlo salir, eran… demasiadas cosas. 




Junsu negó con la cabeza en señal de desaprobación. 




-Jae, ¿No te das cuenta de cómo te mira? Es… monstruoso. Como si fueras de su propiedad, como si fueras manipulable, como si pudiera hacer contigo lo que quisiera, como si fueras… un Muñeco. 




Un Muñeco…




-Si ha pasado algo, si estás metido en un lío, dilo. Somos amigos desde primaria, te conozco desde siempre, no voy a juzgarte, Jae. Sabes que puedes confiar en mí. – alcé la mirada y me encontré con sus ojos sinceros. Ese era mi momento, el momento de decirlo, el momento de soltarlo todo…




El momento en el que todo acabaría. 




-No. – mis labios se movieron solos, negando rotundamente, con una determinación que desconocía en mí. – No pasa nada grave. Somos normales, nuestra relación es… difícil de sobrellevar, pero no es nada más allá. No tienes de que preocuparte, junsu. De verdad. –  entornó los ojos, aún con la sombra de la sospecha en la cara.




-¿De verdad? – asentí con la cabeza lentamente. 




-De verdad. ¿Por qué iba a mentirte? – los segundos en los que  se mantuvo en silencio se me hicieron eternos. No sabía si creerme o no, pero algo vio en mis ojos que finalmente, le hizo asentir con la cabeza lentamente, confiado.




-Lo siento, Jae. Mira que dudar de ti… estoy hecho polvo con tanto estrés. – me encogí de hombros, esforzándome por mostrarle mi más sincera sonrisa. 




-No te preocupes. 




Quería pedirle perdón yo mismo por hacerle creer que no ocurría nada, porque lo cierto era que sí ocurría y, si empezaba a sentir por Yunho algo más de lo que creía que sentía… tendría un grave problema. 




Jaejoong, eres un estúpido paranoico. ¿Cómo puede pasársete por la cabeza una gilipollez tan grande como que puede que estés empezando a enamorarte de Yunho? Es tan absurdo, que no tiene sentido. 




Me despedí de Junsu y agité la cabeza, dando la vuelta para encontrarme frente a mi clase. Todos habían entrado ya y la puerta estaba cerrada, por lo que imaginé que la profesora ya había llegado y yo, llegaba tarde.




Bueno, Jaejoong. Ánimo. Tu peligroso  hermano te espera después de clase, ¿No es razón suficiente como para sentirte motivado? 




Y no. Deja de darle vueltas. Definitivamente, Jaejoong, no te estás enamorando de él.....  No, verdad ?