miércoles, 1 de agosto de 2012

Capitulo Nueve:






No puede ser, no puede ser. Pero, ¿Qué mierda es esto? ¿Qué mierda andan diciendo en la universidad de mí para que todo el mundo analice cada uno de mis movimientos? 
Ala, llega Jae , deja de hacer lo que tengás entre manos, deja de estudiar para el examen de economía, deja de jugar al baloncesto, deja de hablar y poneros a murmurar y a mirar descaradamente a Jaejoong, que viene por ahí, recién levantado con cara de sueño y ¡Flipa! ¡Va con el pelo liso! Vaya cambio de look. 


¡Pero mira, mira, no te lo pierdas, que  Jae está acostumbrado, como es un mono de feria! ¡Nótese la ironía! ¿Queréis una foto mía o qué? ¡Viva el país de la no vergüenza! ¡Seguid murmurando, venga, no paréis, haced como si no me diera cuenta, porque como Jaejoong no tiene ojos en la cara! ¡Serán descarados! No se cortan ni para señalar. 


¡Dejen de mirarme, ni que fuera una estrella de rock internacional! Sólo les falta ponerse a gritar, ¡Pero mira, si es el tío que se acuesta con su hermano! Joder, joder, joder… espero que no me miren por eso. 


Cuando entré en el aula, se hizo un silencio descarado que me pareció hasta estridente. Me senté en mi silla, frente a mi mesa y, ¡Bum! Explosión de murmullos. Todo el mundo me miraba con tanto descaro que se me erizó la piel. Pero ¿Qué coño pasaba? 


-¿Le pregunto? – oí murmurar a un coro de chicas, sonrientes. Las conocía. Bueno, conocía a todo el mundo, al menos de lejos. 


-Va, venga, pregúntale. Saca de dudas a la uni. 


-¿piensan que será verdad? – otro coro de tíos se les pegó a las chicas, curioseando, con sonrisa fanfarrona en la cara.


-No lo sé pero ¿No lo has oído? Se dice que se les ha visto besándose por ahí, es muy fuerte. 


-No me extrañaría que fuera verdad, era de esperar. 


-Y lo de Derk, ¿Necesitas más pruebas? ¡Le metió una paliza! 


¿Qué? ¿¡Qué!? Oh, no. Esto no puede estar pasándome a mí, no. 


-¿Jae? – alcé la mirada muy, muy lentamente. De repente, estaba rodeado por un coro de chicas y los demás, me miraban fijamente en silencio. Tragué saliva y alcé las cejas. -¿Puedo preguntarte algo?


-¿Si? – murmuré, con voz ronca. Las chicas empezaron a soltar risitas estúpidas. 


-¿Es verdad que tu novio le metió una paliza a Derk para defenderte? 


-¿Novio? – me levanté de un salto de la silla, con las manos aferradas fuertemente a la mesa y los ojos como platos. No sé que cara pondría pero la clase entera empezó a soltar estridentes carcajadas. 


-¡Venga ya, Jae! ¡Sabemos lo tuyo con el tío ese! ¡Admítelo de una vez!


-¡Era tan obvio!


-¡Que les de por culo, capullos! 


-¡Si, hazlo tú, que para algo tienes experiencia! – pasé de los molestos gilipollas y me encaré a la chica que callada y con una sonrisita en la cara, esperaba una respuesta. 


-¡Yo no tengo novio, ni siquiera novia! ¿De dónde sacas eso? 


-Ah, entonces ¿No es verdad que tu novio le metió una paliza a Derk hace dos semanas? Míralo, no ha vuelto a clase desde entonces. – miré de reojo el asiento de Sparky, recordando su nombre de súbito. Se llamaba Dereck, pero lo llamaban Derk por su fama de matón. Así que se referían a eso. - ¿No es verdad entonces? 


-Repito, no tengo novio. 


-¡Pero si te vieron subirte a su coche a la salida! 


-¡No sé a quien se refieren! ¿Vale? 


-¡El nuevo tío, no te hagas el tonto! ¿Quién va a ser? 


Me mordí el labio suavemente y suspiré. En menudo apuro me habían metido. 


-A ver… él no es mi novio, es… mi hermano. Mi hermano!. – un montón de grititos y quejidos retumbaron en la clase. Me crucé de brazos, escuchando cada queja que se presentaba y cada risa, sin saber que hacer. ¡Decía la verdad, joder! Porque más valía callarme lo otro. 


No, es verdad, es mi hermano, lo que pasa es que me gusta que me la meta por el culo y él tiene una extraña obsesión posesiva conmigo y, además, está fichado por la policía. Pero vamos, nada del otro mundo. 


No soltaba eso ni muerto. 


-¿Sabes qué? No acabamos de creérnoslo. – informó la chica que parecía portadora de la clase. Los chicos la apoyaron con vitoreos y yo me quedé tieso, sin saber que hacer o decir. ¿Cómo mierda había llegado ese rumor allí? ¿Quién lo había soltado? Una idea que parecía bastante aproximada me dio vueltas a la cabeza. Sparky… hum… maldito imbécil. – De hecho, se lo preguntamos a él mismo. 


-¿A quien? ¿El qué? 


-A  tu novio, ¿A quien va a ser? Lo pillamos saliendo del baño en el segundo edificio y le preguntamos directamente a él y… - una amplia sonrisa se formó en las caras de las tías y yo estuve a punto de agarrar a una de los hombros y empezar a zarandearla para que lo soltara de una vez. - ¡No lo negó!


-¿¡Qué!? – grité. 


-Empezó a reírse y no lo negó. No dijo nada, pero parecía contento. 


-¡No jodas! – el grupito de subnormales empezó a carcajearse de nuevo. Me giré y les dirigí una mirada asesina. 


-¡Callense!  – se quedaron callados de súbito y serios. Frank saltó de la mesa con cara de mala hostia. 


-¿Me vas a mandar callar a mí, maricón? 


-¡Ven aquí y suéltame eso a la cara! – las chicas se apartaron de mí de un salto, todo el mundo pegó un bote hacía atrás cuando Frank corrió hacía mí con una cara de buscar pelea impresionante. Sentí un subidón de adrenalina y di un paso al frente.


-¡Está ahí, está ahí! – me volví hacía la chica que gritaba histérica señalando hacía fuera de clase, casi pegando botes sobre el suelo. - ¡Su  novio esta  ahi! – me quedé con la boca abierta. ¿Cómo? ¿Yunho? La clase entera salió en estampida, abriendo las ventanas que daban al pasillo y asomándose por ellas. Los más descarados salieron directamente fuera y se quedaron de pie, sonrientes, observando un punto concreto del pasillo. Salí detrás de ellos y prácticamente me hice sitio a base de empujones. 


Yunho estaba allí. Nos daba la espalda, de cara a las taquillas. No se le veía la cara, pero era  inconfundible. Llevaba puestos unos cascos y movía la cabeza distraídamente, escuchando música, ajeno a todo. 


Cuando se dio la vuelta, mi oído estuvo a punto de explotar a causa de los gritos histéricos de las chicas. 


-¡Dios, está buenísimo! – viva el descaro en esta universidad pública. 


-Espero que sea su hermano y no su novio, vaya desperdicio entonces. 


-Tiene toda la pinta de ser un monstruo en la cama. – no tenían ni idea de hasta que punto tenían razón esas palabras. Yunho era… uff… imposible describirlo. 


El me agotaba, sí, pero no lo cambiaría por nada del mundo. Era explosivo y yo había descubierto una faceta pervertida que no sabía que tenía. Adoraba la fuerza y la furia, sus palabras sucias con cada jadeo, sus besos ansiosos y su tremendo aguante, sin contar su cuerpo, poco musculoso pero con una forma fuerte que me ponía burro. Le arañaba la espalda y le mordía cualquier trozo de piel que se me pusiera al frente muy amenudo. Me agarraba a él y no había quien nos parase, incluso habíamos roto muebles enteros por nuestra bestialidad. Si, éramos unas completas bestias. 


Joder, mierda… que guapo iba hoy. 


-¡Está mirando hacía aquí! – Normal que mire con cincuenta pares de ojos puestos en él, pero no miraba a alguien cualquiera, no. Primero, frunció el ceño al ver tanta gente pendiente de él, con cara de extrañeza. Luego… luego me miró a mí y se quitó los cascos poco a poco, sin apartar los ojos de mí. 


Sin darme cuenta, me relamí los labios con el corazón a cien. Yunho sonrió con expresión de burla y me dejó atónito cuando me guiñó descaradamente un ojo. 


-Échale huevos Jae y admite que te folla por las noches. – miré a Frank a mi lado, quien se reía por lo bajo. Si, iba a echarle huevos y a dejar las cosas claras. 


Salí corriendo hacía Yunho, que me esperaba apoyando la espalda en las taquillas, con chulería. 


-¿Qué pasa? ¿Presumes de tirarte a tu hermano o qué? – soltó, dejándome indignado, pero sin reproche alguno, más bien diversión. 


-¿¡Yo!? ¡Eres tú el que va diciendo por ahí cosas raras! ¡Toda la universidad cree que estamos saliendo!


-Si, algo he oído. – y seguía riéndose, como si nada. 


-Tienes que arreglarlo


-¿Yo?


-¡Si, tú! ¡Di que eres mi hermano y se acabó! 


-¿Y por qué debería hacerlo?


-¡Porque eres mi hermano! 


-Ya, pero igual nos lo montamos, ¿no? Tampoco hay tanta diferencia, Muñeco. 


-¡Yunho! – recostó la cabeza contra la taquilla, sonriendo. Estiró el cuello y vi manchitas rojizas cerca de la clavícula, la piel levantada. Eso se lo había hecho yo con mordiscos y me entraron ganas de hacerlo otra vez en ese mismo momento. Sacudí la cabeza y me apoyé contra la taquilla, a su lado, mirándole con cabreo. 


-No me mires así, me están entrando ganas de hacértelo contra la taquilla. – sentí las mejillas arder. A mí también, Yunho, mierda. 


Sentí un molesto escalofrío en la espalda y me volteé. Todo el mundo, sin excepción, algunos más descarados que otros, nos observaban fijamente y murmuraban. La gente que pasaba por allí se volvía para mirar y seguía su camino, pero no había nadie que no nos dedicara al menos unos segundos de atención. Me sentía un mono de feria. 


-Dame el carnet de conducir – Yunho hizo una mueca. 


-¿Para qué? 


-Para limpiarme el culo, ¿Tú que crees? ¡Voy a enseñárselo a todo el mundo! Tenemos los mismos apellidos ¿no? Así que suéltalo. – puso los ojos en blanco y no se inmutó, incrédulo.


-El carnet de conducir es falso, ¿Te sigue valiendo? 


-¿¡Falso!? – grité, sin contenerme, totalmente boquiabierto. ¿Eso quería decir que venía todos los días en coche de copiloto con un tío que no tenía carnet? Yunho empezó a reírse y me puso delante el pequeño carnet de conducir con una foto suya en la que parecía un auténtico delincuente, de los fichados y peligrosos, de los de busca y captura. 


-Es coña, me costó dos semanas de intenso estudio como para que resultara falso. – suspiré, aliviado y alcé la mano para cogerlo, pero Yunho lo retiró de mi punto de visión enseguida. - ¿Crees en serio que voy a dártelo por tu cara bonita, Muñeco? – encogí el cuello. Lo suponía. 


-¿Qué quieres que haga? – golpeó con el puño la taquilla, con tanta fuerza que la bolló y el ruido atrajo la atención de todo el que nos rodeaba, más de lo que ya nos miraban y aún más descaradamente. Algunas chicas de mi clase se llevaron las manos a los labios, ahogando grititos histéricos. Yunho se separó de la taquilla, acercándose a mí, con la mano apoyada en ella, adoptando tal postura como el tío que pretende ligar con una chica. Empecé a desesperarme. Esos ojos y esa sonrisa maliciosa me obligaron a morderme el labio para no tirarme encima suya como un perro amaestrado. 


-Suplícame como tú sabes que me gusta. – el corazón se me aceleró. Quería que le gritara que me lo hiciese con fuerza allí mismo,  delante de toda esa muchedumbre de personas que nos miraban. 


-Y una mierda. –  volvió a alzar el carnet delante de mis narices, moviéndolo de un lado para otro y se mordió el labio, impaciente por una respuesta satisfactoria. Estaba claro que no me lo iba a dar a no ser que rogara y empecé a planteármelo seriamente. Estaba ruborizado, seguro, y muy nervioso. Giré la cabeza, buscando una salida y sólo encontraba gente mirándome como si me estuviera exhibiendo desnudo. Mis ojos se clavaron en las dos personas que pasaban por allí de casualidad y se quedaron mirándonos con extrañeza.  Yoochun sonreía, murmurando algo entre dientes como, “Siempre dando el cante”. Junsu fruncía el ceño, con cara de desconfianza total. Volví a mirar a Yunho, tragando saliva. La forma en la que me miraba me estaba poniendo muy caliente. 


De repente, al alzar la vista por encima de su hombro, se me cortó la respiración y estoy seguro de que me puse blanco. 


-Lo suponía. Si no eres el centro de atención no estás contento, eh, Jae. – me puse tieso al oírla. Tenía el pelo liso y brillante, de un rubio centelleante, suelto, apartando el flequillo por una diadema verde claro, como sus ojos. Los labios carnosos, las mejillas adorablemente ruborizadas. Siempre había sabido combinar bien la ropa e ir bien vestida, pero ese día estaba deslumbrante con ese jersey oscuro y la faldita azul claro. La chaqueta… se la había regalado yo un año atrás por nuestro aniversario. 


-Boomie… - suspiré, recordando lo dolorosamente enamorado que había estado de esa preciosidad. Ella sonreía tiernamente. También recordaba esa sonrisa con demasiada frecuencia. 


Vale Jae, no lo tienes tan superado como creías. 


Mis ojos volvieron a clavarse en Yunho al menor movimiento. Su expresión divertida había desaparecido. Me miró de una manera furibunda antes de volverse hacía Boomie con los ojos entrecerrados. Los dos cruzaron una mirada rápida y el hizo un ruidito desagradable con la boca. 


-Hola. – le sonrió mi ex novia. El ambiente se volvió extremadamente tenso mientras Yunho guardó silencio hasta que finalmente, arqueó los labios en una sonrisa. Una sonrisa que parecía la personificación del desprecio. 


-Hola, Boomie. – soltó, como si la conociera de toda la vida, con mucha brusquedad. 


-Tú debes de ser el hermano de Jae, ¿no? Un placer cono…


-¿Cómo sabes que soy su hermano? – le cortó con un tonito juguetón, un tono provocativo y a la vez, intimidante, prepotente. Fruncí en ceño.


-Ah, ¿No lo eres? 


-Por aquí hay muchos rumores, ¿Cuál crees tú verdadero? – pero, ¿A dónde demonios quería llegar a parar? Le metí un pellizco en el brazo, conteniendo mi rabia.  me ignoró por completo. 


-Oh, eso. – Boomie me dedicó una sonrisa resplandeciente y yo desvíe la mirada hacía el suelo, tieso y nervioso. Noté como Yunho movía la cabeza y me miraba de reojo unos segundos. Se había dado cuenta de mi nerviosismo, seguro. – Creo que sois hermanos aunque no os parezcáis mucho a simple vista. Supongo que Jae te ha hablado de mí, de lo nuestro. 


-De lo que hubo, si, algo mencionó. – ahora su tono parecía un tanto irritado, pero tranquilo y eso me provocó un gran alivio. 


-Por eso… le conozco. No lo veo con ningún chico, la verdad. Hemos estado juntos, Jae no es... Así. 


-Menos mal que alguien se ha dado cuenta y se ha parado a pensar. No puedo creer que piensen que él es mi novio, joder, sólo hace falta mirarnos, somos dos polos opuestos. ¿Verdad? – giré la cabeza hacía él, esperando una respuesta, intranquilo. Yunho ladeó el cuello, pensando en algo que no alcanzaba a averiguar. Miró hacía la derecha, hacía el borbotón de personas que seguían mirándonos como dos fenómenos paranormales, esperando una acción sorprendente que no llegaba. Observó a Yoochun y a Junsu, encogiendo la nariz y luego me miró a mí con total seriedad. - ¿Yunho? – de repente me descubrí preocupándome por él, por su repentino cambio de actitud. No solía calmarse con tanta facilidad, tan de repente, de hecho, una vez cabreado, la cosa iba a peor. Quizás estaba pensando en algo que lo mantenía a raya y me preguntaba que demonios se le estaba pasando por su loca cabeza. 


-¿Cómo decías que era Jae? – le preguntó a Boomie, que había abierto la boca para decir algo pero la cerró enseguida, planteándose una respuesta. 


-Pues cuando Jae y yo salíamos juntos ¿Lo recuerdas, Jae? – asentí con la cabeza. Era imposible olvidarlo. – Era muy cariñoso y amable, siempre pendiente de mí. Es una pena que la cosa no saliera bien. Desde luego, quien lo consiga se lleva un tesoro. – Me ruboricé otra vez.  siempre tan dulce… 


-Vaya, que interesante. Entonces, no piensas que sea… - se estaba burlando, se estaba riendo de nosotros, de ella con esas preguntas o quizás de mí. Quería que parara, me sentía incómodo entre los dos. 


Boomie sonrió una vez más con toda su alegría. Yunho también sonrió de oreja a oreja. Conocía esa sonrisa. Era mala, muy maliciosa, como la de un niño travieso que pretende hacer una enorme trastada, no, peor. Mucho peor. 


-Claro que no. Jae no es así. 


Mi hermano ensanchó la sonrisa. 


-No, claro que no. 


Y, de repente, ahí estaba yo, siendo agarrado del brazo y siendo empujado con una brutalidad insólita contra las taquillas, que cedieron a causa del golpe. La vista se me nubló unos segundos, hasta las piernas me empezaron a temblar, a punto de fallarme y hacer que mi cuerpo se escurriera contra el suelo. Me quedé aturdido e inclinado hasta que  Yunho me agarró de los hombros y me obligó a levantarme de nuevo, golpeándome contra las taquillas sin con pura crueldad. 


-¡Yu… - Yunho me besó. Introdujo su lengua a través de mis labios y empezó a imitar el ritmo de una penetración en mi boca con su lengua. Abrí los ojos como platos, totalmente shockeado ¡Nos estaban mirando, joder, todo el mundo nos miraba! - ¡No! – le empujé, pero sólo conseguí separar nuestros labios una milésima de segundo antes de que volviera a penetrar en mi boca con mucha más bestialidad y dominio. Le pegué un puñetazo en los hombros y me agarró las muñecas, estrujándolas, apoyándolas fieramente junto al resto de mi cuerpo contra las taquillas. Me revolví, furioso. Quería morderle los labios, pero no lo hice… no lo hice, sintiendo como me jodía la boca con la lengua, monstruosamente rápido y fuerte. 


Boomie había retrocedido de un salto, blanca como la cera y se tapaba la boca con las manos, con los ojos abiertos de par en par. Vi a Junsu pálido y a Yoochun paralizado con la misma cara de quien ve un muerto revolviéndose en un ataúd. Los demás… cerré los ojos con fuerza. Yunho me restregó la rodilla contra la entrepierna, ansioso como un perro, descarado como él solo y yo… excitado y humillado como una puta. 


No quería verlo, no quería ver la cara de nadie ni oír sus gritos. Yunho me tenía acorralado y a pesar de arrastrarme él mismo hasta semejante situación, no tenía muchas más opciones que apoyarme en él para no morirme de vergüenza. Yunho era un monstruo exhibiéndome delante de todo el mundo como un mero muñeco…


Mierda… es que soy su Muñeco. 


Me besó de la forma más bestia y guarra con la que nunca me había besado hasta ahora ni él ni nadie. Perforaba con su lengua mi garganta, dejaba que su saliva se escurriera por entre mis dientes y me mordió la lengua cuando intenté volver a apartarlo de mí. Dominaba por completo cada rincón de mi boca y apenas me dejaba mover los labios, ni siquiera para corresponderlo, ni para hacer chocar mi lengua contra la suya. Me quería para él sólo y perdí la consciencia plena cuando su cuerpo duro me aplastó contra las taquillas y su rodilla me machacó la entrepierna hasta hacerme daño. Por un momento, tuve miedo de que pensara follarme delante de todo el mundo, sin piedad. Sabía que era capaz, de quien no estaba seguro de que fuera capaz de aguantar era yo, porque como un masoca gilipollas, ya estaba totalmente duro.


Oí grititos agudos, cerré los ojos y noté como sus labios dejaban por fin los míos completamente empapados de su saliva, repleta de su sabor, y su lengua se separaba de la mía. Aún me mantenía fuertemente agarrado de las muñecas y no se había separado ni un centímetro de mi cuerpo. Esquivé la mirada de todo el mundo, sobretodo de  Boomie. Así es como debe sentirse uno cuando lo crucifican delante de un pueblo entero. La vergüenza y la humillación me invadía y Yunho no parecía darse por satisfecho con eso. 


-Suéltame ya. – susurré con voz temblorosa repleta de rabia. 


-Suplícame. – hizo amago de volver a besarme con una sonrisita sardónica. Giré la cabeza y deslizó los labios hasta mi oído. – Deja de hacerte la víctima, ya me has demostrado con creces que este tipo de cosas te encantan. 


-¿Por qué mierda me haces esto? – hablábamos en murmullos. Mi frente dio con su hombro, intentando huir de la mirada del resto del mundo. 


-¿Ves a todas las personas que nos miran? No hay ni una que no tenga su atención puesta en nosotros y todos piensan, menudo novio tiene Jae, que bestia, que monstruo. Por eso… - me acariciaba la oreja con sus labios húmedos, haciéndome estremecer. De nuevo tenía el corazón en la boca. – Los perros dejan de rondar a la perra cuando ven como un lobo marca su territorio en ella. 


-¿Me estás llamando perra? – se rió suavemente.


-No. Te estoy llamando mi perra. ¿Entiendes? Eres sólo mi perra y… - volvió a restregarse contra mí, pero esta vez no lo hizo con la rodilla. Abrí la boca para gemir, pero sólo solté un profundo jadeo, expulsando una bocanada de aire. – sé que te gusta serlo. Admítelo, aquí, ahora, ¡Soy el mejor macho que te ha montado en tu vida! ¡Suplica por que te monte otra vez, perra o te follo delante de tu novia! – joder, joder, joder, no… - No tengo paciencia, Muñeco. Estoy muy cabreado, ¡Estoy furioso! ¡Venga, dilo! ¿Quién es la perra y de quien es? 


-Yo… - hablé lo más bajito posible. Yunho me susurraba bruscamente al oído, sin apenas controlar el tono. Estaba ruborizado, no… estaba humillantemente caliente. 


-¿Tú qué? – me temblaba todo el cuerpo, sentía fogonazos de placer subir por mi ingle. No podía decirlo, no podía… 


-Soy tu perra… - y temblé. Me puse rígido y jadeé de nuevo, más violentamente que antes.


-No te oigo. Dilo más alto ¡Que se te oiga bien, que todo el mundo sepa de quien eres!


-No…


-¡Grita!


-¡No! - y se cayó, mudo. Por unos segundos siguió pegado a mí, quieto, paralizado, oyendo mis suspiros y… muy lentamente apartó de mi su cuerpo. Me miró con la boca entreabierta hasta que, como sabía que haría, se rió suavemente, divertido. Giró la cara hacía  Boomie, quien seguía ahí plantada, blanca.


-Ohh, - soltó, dramáticamente. Cómo si de verdad lo sintiera. - Lamento haberte estropeado tu preciosa opinión de cuanto de hadas. Resulta que… A veces los príncipes azules no son tan heroicos como los pintan - se burló. ¡Se burló! 


Haciendo amago de toda mi fuerza, me saqué de encima sus manos. Ya no tenía necesidad de agarrarme y sin que se lo esperara, le reventé la mejilla de un bofetón, que sonó a lo largo y ancho del pasillo. Sentí el escozor ardiente en la palma de mi mano, pero Yunho no pareció inmutarse en absoluto. Por un momento dejó de sonreír, desencajó la mandíbula y se rió, mirándome. Mi rabia crecía por momentos. 


-Cuidado con tocar a mi Muñeco. – soltó, tan pancho, dirigiéndose a Boomie y dándole un ligero empujón en el hombro que casi la tira al suelo, empezó a andar alejándose de nosotros. 


No me lo podía creer, no podía, no…


-¡Yunho, eres un hijo de puta! – le grité, rebotado. Le lancé lo primero que encontré en mi mano, sin alcanzarle. Estaba lejos. Yunho giró la cabeza, aún sonriente y salió por la puerta dándole una patada. El cuerpo me temblaba de rabia y frustración y cuando vi mi reflejo en la superficie del espejo roto que colgaba de la puerta del baño, me vi rojo como un tomate, hasta la raíz del pelo, todo el cuerpo rojo, todo, como si me hubieran echado un bote de pintura encima. - ¿¡Y vosotros que coño estáis mirando!? – les grité a los de mi clase, que con los ojos como platos, se miraron entre ellos hasta que estallaron en carcajadas y aplaudieron como gansos, cabreándome más si cabía. 


Aún me temblaba el cuerpo, humillado y derrotado, me escurrí por las taquillas hasta que  di contra el suelo. Me tapé la cara con ambas manos y empecé a berrear como un loco, soltando todo, esquivando la mirada inocente de mi ex novia. No quería que me viera en semejante situación. 


-Jae… - Yoochun se me acercó, con cara de, ya me estás contando que mierda ha pasado aquí. - ¿Puedes explicarme como es que te has dejado medio violar por un tío que es idéntico a tu hermano? Se parecía mucho a Yunho… demasiado. – entrecerró los ojos y yo me aparté lentamente las manos de la cara, dirigiéndole una mirada pudorosa. Estaba tan avergonzado por el espectáculo que había montado que ni si quiera contesté y volví a esconder mi cara de la mirada de la gente, que… ¡Aplaudía! No me lo podía creer. 


-¡Hum! – ahogué varios sollozos y… mi lengua, instintivamente acarició mis labios, sintiendo el sabor a hombre de Yunho impregnado en ellos. Ooohhh… sabían a sexo. 


Había sido demasiado para mí. 


Yunho no se había apartado de casualidad, no. Es que lo había notado y tenía un vergonzoso y humillante problema que Yunho me echaría en cara en cuanto estuviéramos a solas porque como él mismo había dicho… me había corrido como una perra en cuanto se me pasó por la cabeza que iba a follarme allí mismo.