By Jaejoong.
-¿Hoy tampoco vienes a dormir?
-No. Han pasado algunas cosas y…
tengo que encargarme de ellas.
-Ya.
-¿Te molesta?
-No. Es tu trabajo, no me importa.
-Por el tono de voz, yo diría que sí
te importa.
-No pasa nada, me da igual, en
serio.
-¿Seguro?
-No te he visto desde hace cinco
días.
-Me llamas por teléfono ¿no?
-¿Y por qué se supone que tengo que
conformarme con eso? Ni que estuvieras en Irak.
-¿Lo ves? Estás cabreado.
-No estoy cabreado.
-Sí lo estás.
-¿Sabes una cosa? Voy a colgar.
-Pues vale. Te llamaré cuando estés
más tranquilo.
-En lugar de llamarme ven a por mí.
-…No puedo hacer eso.
-Eres un mentiroso.
-Jae, en serio, no puedo.
-¿Sabes qué es lo que me cabrea? No
que no puedas venir a casa, si no que me mientas sobre el por qué.
-No te estoy mintiendo.
-No, me ocultas cosas, que es
diferente ¿verdad?
-Mira, te llamo luego ¿vale? Cuando
estés más calmado.
-¡Llámame cuando estés dispuesto a
contarme que te han metido un puto tiro y llevas veinticuatro horas en
observación, gilipollas!
– colgué y cerré el móvil con
demasiado entusiasmo.-¿Sabes? Eso ha sido cruel. – dijo Hyun, a mi espalda,
encajando la llave en la cerradura que daba a la habitación de los expedientes
médicos.-Sí. Esto de ser un Encadenado me encanta. – vacilé. Hyun abrió la
puerta y ambos nos colamos en el espacio oscuro sin llamar demasiado la
atención. Entrecerré la puerta y me concentré en vigilar a través de ella
mientras el Príncipe abría los cajones y rebuscaba entre las cientos de
carpetas perfectamente archivadas por orden alfabético.
-¿Quién te ha contado lo del tiro y
que estaba en observación? – me preguntó.-Ricky, ya sabes.-¿Cómo no? De todas
formas no has mostrado mucho interés por el tema. – Preferí no mencionar el
nuevo arañazo que me recorría la piel desde el muslo hasta la rodilla.
-Me da igual. Si quiere matarse que
lo haga. Ya me enteraré de su muerte por terceras personas, como siempre.-Eres
realmente frío, Jaejoong. Sí, desde luego cada vez te pareces más a tu hermano.
A este paso acabarás siendo tú el líder.-Seguro que lo hago mucho mejor que él.
Oye, ¿por qué no vigilas tú y yo busco? Eres un poco lento. – Hyun me hizo ver
una mueca sarcástica.-¿Es que no has oído hablar del secreto profesional?-¿No
debería ser yo quien te preguntara eso a ti? Tú eres el aspirante a médico.
-¿Viene alguien? – solo pasaban
enfermeros por el pasillo y todos pasaban de largo. Un niño revoltoso
correteaba por allí, con su madre detrás pidiéndole silencio y
moderación.-Nadie, pero date prisa. No me gusta tener que entretener a la
gente.-Ya tengo uno. – Hyun me pasó la carpeta y yo, sin ni siquiera mirarla,
la introduje en el interior de mi mochila.
- ¿Cuál era el apellido de la chica?
-Eh… ¿Park?
-Sí, ese… a ver… - al final del
pasillo detecté a dos personas que se acercaban con sus batas blancas. Una de
ellas era una mujer y el otro, un hombre hecho y derecho sumamente serio. Me
recordó a los padres de Hyun, aquellos que había visto en una foto, pero aunque
tenían la misma expresión tosca, no se parecían en nada. El hombre era
especialmente alto, de hecho calcularía que me sacaba una cabeza, lo que le
convertía cinco centímetros más alto que yo.Su pelo era oscuro, pero de verdad,
como la noche misma y sus ojos tan negros que podía confundirlos con las
pupilas. Miraba a la mujer que caminaba a su lado como si la despreciara.
Llevaba gafas. Me daba la impresión de que era agresivo y si lo era, a pesar de
mis nuevas capacidades viriles, sería el primero en salir corriendo.Era tanto o
más grande que Black, pero más grueso. Ese sería un detalle cómico si no fuera
porque su anchura se debía a una musculatura bestial, no a grasa corporal.
-Oye, Hyun, date prisa, por ahí
viene… - me acerqué a él para ayudarle a buscar y mientras pasaba carpetas y
carpetas ordenadas por apellidos, localicé uno en concreto que me llamó la atención.
Sin preguntar si quiera, agarré la carpeta y la saqué de un tirón.-¡Eh! – gruñó
el Príncipe.-¿Este es el expediente médico de mi padre? – pregunté.
-Pues claro, aquí están los
expedientes de prácticamente toda Busan – miré a Hyun con una ceja arqueada y
abrí la carpeta.-¿De verdad? ¿Yunho también está?-¡No mires eso, dámelo ahora
mismo! ¡Jaejoong! – intentó quitármelo, pero yo me aparté de un
bandazo.-¡Shhhh, tú a buscar, que se acerca un tío con muy mala pinta por ahí!
-Jaejoong, me vas a meter en un buen
lío. Dame eso. – la puerta se cerró de golpe cuando tropecé y me golpeé la
espalda contra ella. Hyun y yo nos observamos con los ojos muy abiertos porque,
obviamente, el golpe no había sido insonoro.-¡Coge el puto expediente que te
falta y vámonos de aquí! – y eso hizo. Rebuscó durante un par de segundos más,
agarró una carpeta, cerró el cajón de golpe y ambos, con los nervios a flor de
piel, decidimos salir de allí de una vez. Cuando abrimos la puerta y nos vimos
en mitad de un pasillo abandonado, suspiramos y cerramos la puerta.
– Uff, nadie nos ha visto ¿no?-Abre
la mochila y mételos dentro… - me descolgué la mochila del hombro y metí el
expediente que contenía mi apellido dentro. Fui a coger el expediente de la
familia Park.
-¿Qué se supone que haces aquí,
Hyun? – no me dio tiempo a guardarlo. Los dos nos pusimos tan tiesos como
estatuas y el Príncipe, además de rígido, se puso de todos los colores. Por un
momento lo confundí con un camaleón antes de que el gigante que teníamos
delante acaparara toda mi atención. El hombre de ojos penetrantes y rostro
apático nos había pillado. El Príncipe, muy lentamente, se volvió hacia él,
ocultando tras su espalda el valioso expediente que yo, con disimulo, agarré e
introduje en la mochila. Cuando se lo quité, pude detectar el temblor de sus
manos.-Ah… Tu. – murmuró muy bajito.
El hombre le observó como si se
tratara de una pulga minúscula. Ni siquiera reparó en mi presencia.-¿Qué haces
aquí? – volvió a preguntar. Su voz era la más profunda e intimidante que
hubiera oído nunca. De hecho, superaba a la de mi hermano cuando se
enfadaba.-Oh, pues… yo… - él tragó saliva. No hacía falta decir que estaba
intimidado y no me extrañaba en absoluto. Fijándome en el personaje que
teníamos delante, detecté su placa. Cirujano jefe. ¡Lo sabía, tenía toda la
cara de carnicero!Se cruzó de brazos esperando una respuesta que no llegaba.
Cada segundo que pasaba notaba a Hyun más nervioso, tanto que empezó a
tartamudear y a sudar. Su color de piel pasó de blanco a rojo fosforescente por
la vergüenza, así que sacando algo de valor, me aventuré a interrumpir ese
duelo de miradas entre el cirujano jefe y el pequeño aspirante a director de
hospital.
-Pero ¿me quieres hacer caso de una
vez? – gruñí y ambos se volvieron hacia mí. El cirujano frunció el ceño,
sorprendido. - ¿Es que no piensas atenderme o qué? ¡Llevo toda la mañana
esperando, tío! ¿Me tengo que estár muriendo para que alguien me atienda en
este jodido hospital?
-Ah…
-¡Pues sí, ya veo que sí!
-Perdone, ¿usted es…? – me preguntó
el cirujano con cara de pocos amigos (la que tenía, más bien).
-¿Y por qué debería decirle mi
nombre a un médico tan incompetente? A ver, ¿cómo se llama usted, señor…
-Seiler.
-Señor Seiler. Verá, llevo aquí
desde las ocho de la mañana y ¿sabe qué hora es? ¡Las once, las once! ¡Tengo
otros asuntos que atender así que si no le importa, atiéndanme de una vez!
-¿Cuál es su problema?
-¿Qué?
-El motivo por el que está aquí. –
miré a Hyun de refilón, que aún trastocado, se apresuró a echarme una mano.
-Dice que tiene fuertes dolores
abdominales desde ayer por la noche, vómitos, mareos…
-¡Exactamente! – me llevé una mano a
la barriga y puse cara adolorida, encogiéndome un poco por el dolor.
- ¿Ves? ¡Ya me vuelven los dolores!
-Lamento tener que decirle que en
esta sala ninguno de los dos está cualificados para tratar ese asunto. Debería
visitar a su médico de cabecera o ir a la sección tres, planta dos de este
hospital y pedir cita.
-¿Pedir cita? ¿Y si tengo un ataque
de apendicitis, qué?
-Eh… no creo que lo sea, no se
preocupe por eso. – Hyun sonrió forzosamente. Yo seguí con mi papel de paciente
insatisfecho.
-¿Y usted qué sabe si no está
cualificado para ofrecer un diagnóstico? – el Príncipe se quedó cortado y yo me
hice a la idea de que la había cagado. Entonces, el tal Seiler se interpuso
entre Hyun y yo y me miró de forma amenazadora.
-Le agradecería que no hablara de
una manera tan ruda a nuestro alumno en prácticas. Un error puede tenerlo
cualquiera. – si no fuera porque el Príncipe parecía intimidantemente
horrorizado por la forma en la que el cirujano lo había defendido, habría dado
por hecho que aquel hombre no era tan malo como parecía.
-Sí, sin duda, un error puede
tenerlo cualquiera. – decidí que era hora de irme por donde había venido y
haciendo el paripé como tantas otras veces había hecho, me encogí sobre mí
mismo y fingí un gran dolor atacando mi estómago.
– Oh, no… otra vez… necesito…
¡Necesito un baño!
-Hum… sin duda se trata de un ataque
de colitis. – insistió Hyun.
-¡Sí, eso va a ser, sin duda! – y
con unos movimientos muy poco dignos, les di la espalda y eché a andar pasillo
abajo.
- ¡Uff, paso, paso, tengo colitis,
la diarrea es peligrosa! ¡Arggg! ¿Dónde está el wáter? - sin importarme nada
donde estuviera el baño, giré por el primer pasillo que encontré a la
izquierda. - ¡Oooohh, no llegaré tiempo al cagódromo! – dramaticé y una vez
fuera del alcance de aquel carnicero de mirada asesina, suspiré de alivio
apretando la mochila entre mis brazos.Entonces me di cuenta de que había ido a
parar a una sala de espera y de que mucha gente me estaba mirando como si
portara un virus contagioso. Un niño se rió e intentó caminar hasta mí, pero su
madre le dio un tirón para que no se me acercara y acto seguido, me sonrió con
gran falsedad. Yo devolví la sonrisa con las mejillas rojas de vergüenza.
Luego, muy lentamente y con disimulo, asomé la cabeza por la esquina del
pasillo para ver si Hyun me seguía. No lo hacía. El carnicero le estaba
diciendo algo y el Príncipe intentaba excusarse, pero el otro parecía no
aceptar ninguna excusa.Estaba shockeado. El tal Seiler era totalmente hierático
y cuando le hizo un gesto para que le siguiera a través del pasillo, Hyun
aceptó, cabizbajo. Los dos me dieron la espalda y empezaron a andar. Suspiré.
Al final no había sido de gran ayuda.Ocurrió algo muy raro.El cirujano giró la
cabeza hacia atrás y sus ojos oscuros se clavaron en los míos, como si supiera
desde un principio que allí me encontraba yo, esperando a Hyun, como si supiera
lo que había pasado, lo que habíamos planeado juntos. Me pilló, pero no dijo
nada. Al contrario… sonrió.Y fue una sonrisa escalofriante.
Cuando salí de allí me temblaban las
manos. Era como si… me hubiera reconocido. Sabía que no tendría que
haber dejado solo a Hyun con ese tío. Algo me decía que no era de fiar y que,
además, sus intenciones no eran muy buenas. Al cruzar su mirada con la mía se
me dispararon todas las alarmas que un cachorrillo puede tener al detectar una
amenaza en el ambiente. El mensaje era claro. Peligro, huye, corre. Así que de
vuelta a la gran casa de Hyun solo sentí nervios y remordimientos. Debería
haberle echado una mano o, al menos, intentarlo.También debería ir a ver a
Yunho a la sala de observaciones, pero no me atrevía. Mi personalidad todavía
era inestable y no tenía ni idea de cómo reaccionaría al ver a mi novio tumbado
en una camilla y agujereado.Por supuesto, me había asegurado de que no era nada
grave. No era tan insensible, aunque intentaba serlo con todas mis fuerzas.
Cuando llegué, Shizuka, la chica de
la limpieza y tareas varias (todavía no sabía qué hacía exactamente), me hizo
un gesto para que me acercara a ella en silencio.
-Tenga usted mucho cuidado, chico.
Los señoles volvelan a casa esta noche y todavía no tengo clalo si el señolito
estalá en ploblemas si sus papás saben que vosotlos estáis aquí. – asentí con
la cabeza, bastante seguro de que prefería no tener contacto con esas personas
que tan estiradas parecían. Si tenían el mismo humor que Hyun, debían de ser
temibles.
Así que con la cabeza llena de ideas
y después de sacar a pasear a Scotty junto a Zansha y Duncan (¡Qué diferencia
entre un perro y el otro! Los perros del Príncipe caminaban como si fueran
reyes y obedecían todas las órdenes, Scotty se revolcaba por el barro y me
arrastraba por donde quería), llegué a mi cuarto y Bagoas se me echó encima.
Recibí un golpe de lo más tonto. Me caí sobre un montón de cajas que habíamos
apilado en un rincón de la habitación el primer día que llegamos después de la
masacre de nuestro hogar. Era lo que había sobrevivido de todo aquel desastre,
los restos.
-¡Eh! Serás gato malo… ¿qué pasa?
¿Voy a tener que comprarte otro ratón de plástico? – como única respuesta, el
gato me recibió con maullidos y lametones en la cara. Sabía hacerme bien la
pelota.
– Vale, vale, de acuerdo, ¿quieres
leche? Te abriré una lata de asquerosa comida para gatos. – estreché a Bagoas
entre mis brazos y me levanté con cierta dificultad. El gato me arañaba la
camiseta y el pecho y yo bufé. ¡Me estaba convirtiendo en todo un mártir
mutilado! Si no me arañaba el gato, lo hacía yo con cosas más afiladas que sus
uñas y si no, lo hacía Yunho y a conciencia, aunque él salía peor parado que
yo. La diferencia entre sus uñas y las mías era considerable. no me las cortaba
con mucha frecuencia.Cuando conseguí levantarme, el estruendoso ruido de las
cajas de cartón desperdigando su contenido por el suelo me hicieron gruñir de
resignación. Dejé a Bagoas en el suelo y empecé a recoger. Sería mejor tenerlo
todo listo para el día siguiente, ya que empezaba a trabajar otra vez y
volvería agotado. Y, claro, no podía contar con Yunho para mantener la casa
decente y menos, estando herido. ¿Cuándo volvería a casa? Hacía unos tres días
que había dejado de hacerme esa pregunta, ya que pensando en eso podía pasarlo
realmente mal.
Recogí los libros antiguos, pero
antes de volver a meterlos en la caja, observé sus portadas. No pude hacer más
que sonreír al descubrir libros de preescolar y primaria entre mis manos. Me
emocioné al momento pensando qué clase de estudios había realizado Yunho desde
pequeño, si teníamos algo en común. Así que me senté en el suelo y empecé a
rebuscar entre el montón de cajas, soltando todo su contenido en el suelo.
Encontré álbumes de fotos que tenían pinta de ser muy antiguos, cuadernos,
cintas de vídeo y cartas. Muchísimas cartas. ¡Oh, aquello era un tesoro! De
repente, recordé donde había visto también aquella cantidad de material. Eso
debían ser los recuerdos de Yunho guardados en el trastero. Me pregunté cómo
habían llegado hasta allí. ¡No esperaba que Yunho fuera tan sentimental! Pero
si todo eso estaba ahí, sin duda era por el profundo significado que para algún
miembro de la familia poseía. Por algún motivo, no me imaginaba a mi padre
pidiéndole a mi hermano que no se olvidara de aquellos álbumes de fotos tan
antiguos.Algunas fotos ya las había visto. Yo y Yunho de pequeños ocupábamos
gran parte de ellas. Había una especialmente graciosa en la que uno de los dos
miraba a la cámara con la boca abierta por la sorpresa, con un libro en la
mano, como si acabaran de pillarle leyendo algo que no debía. El otro se reía
con unas paletas de leche que amenazaban caerse en cualquier momento.
La que suponía era Helem, también
salía en muchas fotos una vez me hice con otro álbum más nuevo. En ese álbum
Yunho no tendría más de diez años y en cada foto, se le notaba reacio a posar.
Parecía asqueado y a veces, indiferente. No estaba pálido ni muy delgado, pero
tenía las mejillas hundidas y grandes ojeras. Pasando las páginas unas tras
otras, me percaté de que poseía la misma expresión que en las anteriores,
exactamente la misma. Solo expresaba aborrecimiento y una edad mucho mayor.
Tenía mirada de anciano, la del que ha vivido todo y no ve más motivos para
seguir en esa vida que nada bueno le deparaba. Sus ojos se mostraban cansados,
sus labios despellejados no tenían intención de saborear nada.
Yunho parecía un muerto.En todas las
fotos excepto una.Helem le abrazaba con ese cabello pelirrojo rodeándole los
hombros. Yunho era muy bajito y ella tenía que agacharse para situarse a su
altura. La única diferencia del Yunho de las otras fotos y de esa, era el rubor
tan intenso de mi hermano y el brillo en su mirada al observar a su madrastra.
No sabría describirlo de otra manera que no fuera intenso. Sin duda, esa mujer
había significado y significaba un mundo para mi hermano.
Me gustaría mucho conocerla, pero me
daba respeto pensar en ella. Nunca había visto a una persona tetrapléjica y me
preguntaba cómo de impresionante sería verla. No quería que la pobre mujer se
sintiera mal si yo me ponía pálido o me mareaba al encontrármela en esa
camilla.
Solté el álbum de fotos y me puse a
pasar páginas del primer libro de texto que encontré, uno sobre industriales
que no tenía ni idea de qué hacía allí. Había varios que supuse, pertenecerían
a la rama de Telecomunicaciones de la universidad y varios cuadernos. Me
concentré en estos últimos mientras tranquilizaba a Bagoas acariciándole el
lomo.Al abrir uno al azar, me encontré con cientos de operaciones
incomprensibles y cuentas extrañas. Miles de números desordenados formando
fórmulas matemáticas. Arrugué la frente. Todo el cuaderno estaba repleto de
operaciones similares, cada cual más complicada. No había ni una sola palabra y
si las había, era para concretar ciertas fases. Cerré el cuaderno y agarré otro
que estaba casi igual, pero en lugar de cuentas matemáticas, solo había
palabras y textos. Leyendo algunos, conseguí localizarlos en obras literarias
que me habían obligado a leer en el instituto. Los textos estaban analizados
con excelentes comentarios críticos, dignos de un profesional, utilizando
palabras que ni yo conocía y en un lenguaje que podía pasar del más vasto, al
más científico. La letra era de Yunho, eso seguro y desgraciadamente, era lo
único que hacía imperfecto su magnífico trabajo. No tenía una mala caligrafía,
pero tampoco era admirable. Las palabras parecían bailar sobre la hoja de forma
inestable, pasando de letras más pequeñas a más grandes en determinados
momentos. Los trazos podían ser firmes o débiles y a veces, las palabras
parecían expresar furia por la fuerza con la que estaban plasmadas en el papel
o bien, cansancio.
No era un experto en aquella
técnica, pero suponía que si un profesional analizaba la caligrafía de Yunho ,
descubriría una cierta inestabilidad emocional.Cerré el cuaderno y seguí
buscando entre los objetos antiguos. Descubrí algunos juguetes, películas de
Disney, libros de cuentos y dibujos. Concentrándome en estos últimos, vi los
colores alegres y los paisajes azules dibujados por un niño de cuatro años. Los
monigotes y animales que dibujaba sonreían tanto que sus dientes sobresalían de
sus regordetas caritas. Me resultaba difícil imaginarme a Yunho dibujar
paisajes tan ilustres y divertidos. Lo cierto era que no se le daba nada mal.
Sus dibujos me recordaban a las series japonesas que salían en la tele. Luego…
esa peculiaridad empezó a cambiar. De repente me encontré con colores oscuros,
personajes amorfos y paisajes desgarrados y tétricos. Los muñecos habían dejado
de sonreír para volverse hieráticos y macabros. El negro predominaba por encima
de cualquier color, compitiendo con el rojo oscuro, el color de la sangre. El
verde y el azul que hasta entonces habían sido los favoritos, desaparecieron.Entonces,
las escenas se convirtieron en macabras interpretaciones de asesinatos y
palabras amontonadas unas encima de otras. Un pequeño halo de angustia me
comprimió el estómago conforme iba pasando los folios uno a uno.
En todos ellos había muertos: el primero
con el que me encontré retrataba varias personas colgando de lianas o cuerdas
por el cuello. Los personajes habían dejado de tener grandes caras alegres a,
directamente, no tener nada. Eran un montón de garabatos dibujados con
rotulador negro. A partir de ese primer dibujo, las escenas empezaron a volver
más violentas y sádicas. Me acongojó especialmente uno en el que se observaban
cientos de cadáveres empalados alrededor de un bosque oscuro. Hombres, mujeres…
y niños. Sobre todo niños.
Decidí dejarlos de lado un poco
perturbado y abrí un pequeño estuche de metal a base de golpes. No creía que a
nadie le importara que lo rompiera, ya que parecía cerrado a cal y canto desde
hacía por lo menos veinte años. Curioseando, lo abrí, esperando encontrarme con
una fortuna en joyas o una colección de canicas de 1992, pero en su lugar solo
encontré un montón de sobres amarillentos cuyas letras tenían una forma
desconocida para mí. No me hizo falta fijarme demasiado en las palabras del
remitente para darme cuenta de que no las había escrito Yunho. Volqué la caja y
un montón de cartas cayeron al suelo formando una montañita arrugada.-¿Y esto?
– murmuré. Agarré una cualquiera y miré el destinatario. Reconocí el nombre de
mi padre y la calle donde estaba situada nuestra casa ahora destruida. Después,
miré el remitente escrito con una caligrafía perfectamente elegante y… mierda.
¿Mamá? Estuve varios minutos observando aquella carta con el estómago revuelto.
El nombre de mi madre, Simone, estaba escrito claramente en aquel sobre
antiguo. Encontré la fecha del día que había sido enviado y tragué saliva,
siendo consciente de que acababa de encontrar algo importante. Abril de 1993.
En aquella época yo tendria cuatro años. -Hostias… - sin abrir los sobres,
empecé a rebuscar entre el montón. Los ordené todos cronológicamente y descubrí
que mi madre se había estado carteando con mi padre desde 1993 hasta el año
2000. Había una carta por mes, por lo que el montón de cartas era
considerable.Intrigado e imaginándome unos cuernos en la frente de Choi
enormes, cogí el primer sobre y empecé a abrirlo con cuidado. La elegante
caligrafía de mi madre quedó descubierta ante mis ojos. Empecé a
leer.
Querido Hwang:
Me sentí aliviada y feliz cuando leí
tu carta comunicándome lo bien que Yunho lleva el cambio. También me alegro de
que tú te adaptes a él y a tu nueva vida allí, tan lejos de Seul. Me han dicho
que Busan, aunque se trata de una ciudad preciosa, tiene unos barrios muy
peligrosos y oscuros. Dicen que hay concentraciones de pandillas peligrosas por
aquellos lares, como en Estados Unidos, ya sabes. ¿Te acuerdas del chico
americano al que tuve que defender de sus propios hermanos por haber acudido a
la policía por el asesinato de su padre?
Pensar en que ese tipo de gentuza
puede anidar cerca de mi inocente y tímido hijo me pone enferma. Por eso, te
pido que no permitas, ocurra lo que ocurra, que Yunho se inmiscuya en esos
temas. Como verás, he añadido al sobre diez mil marcos que espero utilices
para matricular a Yunho en una escuela privada, donde lo eduquen correctamente
y lo mantengan alejado de posibles peligros. También te he enviado algunos
folletos sobre escuelas que me han recomendado para su educación. Desde mi
oficina, un compañero me ha enseñado a usar esos ordenadores tan modernos y he
conseguido acceder a internet ¡soy la primera de la empresa que toca uno de
esos trastos tecnológicos! ¿Sabes? No es tan impresionante como dicen. Estoy
segura de que esto de internet no durará mucho. Jaejoong y yo estamos
bien, pero la verdad es que él no parece llevar tan bien como Yunho la
separación.
Durante el día parece feliz. Ha
hecho un amigo muy grande, enorme. Se llama Yoochun, lo conoció en el parque el
otro día y ya le está obligando a venir a casa todos los días para jugar con
él. Ya sabes que Jae no es mucho de jugar a la pelota, así que el bichito no
tuvo otra que hacer que coger la cuna que tengo guardada para dársela a mi
hermana, subirse a ella con Yoochun a la espalda y lanzarse por las escaleras
como si estuviera pilotando un coche de carreras. ¡Adiós cuna! Lo que
quiero decir es que mientras está ocupado, no hace preguntas y se lo pasa bien.
En el colegio se divierte. En casa
hago todo lo que puedo por calmar su aburrimiento con juguetes nuevos. Intento
evitar que piense en su hermano, pero no lo consigo. Lo sé porque aunque apenas
pregunte por él, cuando me despierto por las mañanas siempre me lo encuentro
durmiendo frente a la puerta de la calle, en el suelo. Dice que espera a Yunho
y cuando lo despierto, llora al ver que no ha vuelto a casa. Se me rompe el
corazón al verlo así, Hwang. Empiezo a flaquear en esta decisión tan
precipitada. Son hermanos y deberían estar juntos ¿no? ¿Cómo hemos podido
llegar a esta situación? Yo también echo de menos a Yunho, tanto… Puede
que separarlos ponga a salvo a Jaejoong, pero temo que el remedio sea peor que
la enfermedad.
Dejé de leer ahí, con un ligero
picor en los ojos y en la garganta. Así que mi madre sí que quería a Yunho, o
al menos lo había querido… pero algo fallaba. Algo no encajaba.Leí la última
frase un par de veces más y arrugué la cara, confundido.
¿Salvar a Jaejoong, es decir, a mí?
¿De qué? Seguí leyendo hasta terminar la carta, pero lo interesante había
acabado en ese párrafo. Lo demás hacía referencia a papeles de divorcio y
economía familiar. Poco más. Interesado por esa cuestión y por saber los
sucesos que no recordaba, cogí la carta de la fecha más aproximada y empecé a
leer. La siguiente databa de dos meses después.
Querido Hwang:
Te escribo esta carta desde el
coche, delante del parvulario de Jae. Estoy esperando a que las maestras me
dejen pasar para recogerlo unas pocas horas antes de lo habitual. Al parecer se
ha peleado con un niño de su clase, le ha mordido el brazo y se le ha caído un
diente cuando el niño se lo ha sacudido para quitárselo de encima. Últimamente,
Jaejoong está muy agresivo. Si Yunho está tan susceptible como dices y Jaejoong
está igual, se deberá a algo. ¿Le has preguntado a la tutora de Yunho si ha
pasado algo en el parvulario que le haga no querer ir? Tal vez tenga problemas
con sus compañeros de clase. Seguí leyendo, cada vez más rápido
yendo directamente a por las frases más significantes. Mamá hablaba demasiado
sobre el trabajo, la economía familiar e internet. A mí sólo me interesaban los
temas referentes a Yunho y a mí, que cada vez se volvían más triviales.Acabé
tumbado en la cama sobre un montón de cartas y estuve alrededor de dos horas
leyendo sin parar, parando solo de vez en cuando para acariciar a Kasimir,
acurrucado sobre mis piernas.Mamá cada vez hablaba menos sobre Yunho y más
sobre mí. Parecía estar obsesionada por mi salud y mi adaptación a las
circunstancias del momento. Por lo visto, no eran muy buenas. Siempre había
tenido problemas de salud en mi infancia y también de mayor; mi organismo no
asimilaba bien el hierro de la carne roja y las proteínas del pescado.
Caía constantemente enfermo y me
mareaba a menudo por la anemia. Lo que no sabía era que padecía un trastorno de
hiperactividad bastante molesto; mis notas en el parvulario no eran muy buenas
debido a ello. Mi madre me cambió de parvulario cuatro veces antes de averiguar
que era hiperactivo, ya que mis profesoras y mis compañeros me consideraban
retrasado o al menos, cortito de mente.
A parte de Yoochun no tenía ningún
amigo. A Junsu lo conocí a los seis años, así que no contaba con que apareciera
pronto en las cartas.No preguntaba mucho por Yunho o eso decía mi madre. Sin
embargo, mis sueños me delataban. Soñaba y me despertaba por las noches, a
veces sonámbulo y otras veces, gritando y llorando. Mamá me paseó por todas las
clínicas privadas de Seul buscando alguna solución a mi problema, que pasaba de
ser simple hiperactividad a una dificultad considerable en mi educación diaria.
Yunho también tenía alguna clase de problema escolar, pero supuse que los
detalles del mismo se encontraban en las cartas de mi padre que seguramente,
estarían en Seul escondidas por mi madre. Sólo pude averiguar por las menciones
casuales de mamá que Yunho se negaba a ir a la escuela. No pocas veces había
vuelto a casa llorando y con moratones en la cara. ¡Joder, hasta yo, sin
detalles de aquellos sucesos y sólo por algunas menciones podía suponer que se
trataba de acoso escolar! Los niños a esa edad son crueles por naturaleza.
¿Yunho siendo acosado por los niños de su clase? No me lo imaginaba, pero a
saber cómo era en esa época. Por lo menos me consolaba saber que no sufrió
mucho tiempo.Tras ocho cartas leídas a fondo, llegué a 1994.
Querido Hwang:
No tengo ni idea de qué puñetas le
dijo Yunho a Jae por teléfono, pero he decidido que no quiero que vuelvan a
hablar. Fue una malísima idea permitirlo. Jaejoong está totalmente conmocionado
desde entonces; ha dejado de comer, de beber, de jugar, de hablar, de gritar…
Está en estado de shock. Tampoco duerme bien por las noches. Tiene pesadillas y
me despierta de madrugada gritando y pataleando. La noche del tres de
septiembre rompió la cabecera de la cama con la cabeza ¿sabes lo que es eso?
¡Con la cabeza, Hwang, por el amor de Dios! Me levanté a las cinco de la
mañana porque oí ruidos y cuando fui a ver a Jaejoong, me lo encontré
destrozándose la frente contra la cabecera. La rompió. ¡Le han dado siete
puntos en la frente por ello! Por favor, necesito saber qué le dijo Yunho
exactamente para alterarlo tanto. Cuando lo vi con el teléfono en la mano
comunicando, sentí pánico. Se puso tan blanco como un muerto y cuando le
pregunté qué le había dicho su hermano, se hizo pis en los pantalones. ¿Se
puede saber cómo estás educando a mi hijo, Hwang? Esta es la última carta que
te envío.Cuando termine la semana dejaré a Jaejoong con mi hermana e iré a
recoger a Yunho. Esta especie de experimento ha acabado. Sé que será difícil
criarlos juntos a los dos y más teniendo en cuenta la enfermedad de Yunho, pero
estoy dispuesta a correr el riesgo. Aunque te permitiera llevártelo y haya
pasado un año, es mi hijo y le quiero. Tenga el defecto que
tenga. La carta era así de corta, media página a lo sumo. Nada
comparado con las cuatro o cinco páginas por carta que había enviado hasta ese
momento. La leí dos veces más y me deshice en temblores. Intenté recordar mas
sobre esa epoca en 1994, pero una nube de confusión me nubló la mente. No había
nada.Sé que será difícil criarlos juntos a los dos y más teniendo en cuenta la
enfermedad de Yunho…¿Qué enfermedad? La carta se arrugó entre mis dedos hasta
quedar reducida a una bola de papel. Cuando cogí la siguiente ya estaba
preparado para leer lo peor. Al fin y al cabo, por alguna razón Yunho y yo no
habíamos vuelto a estar juntos hasta que yo tuve los diecinueve, al contrario
de lo que mamá había
asegurado.
Querido Hwang:
Siento haberme ido de tu casa tan
precipitadamente. Dejé a Yunho solo mientras tú ibas a comprar y volví a Seul sin
decirte nada, sin avisarte, sin dejar una nota y sin Yunho. He esperado un mes
entero para escribirte esta carta que no estaba preparada para enviarte. Sé que
las cosas que voy a expresar aquí son sucias y totalmente deshonrosas. Una
madre no debería hablar así de su hijo, pero quiero hablarte de ello, ya que no
puedo mencionárselo a nadie más.
Hwang, ¿sabes qué clase de persona
tienes en casa? Quiero decir, es un niño de seis años o eso pensaba yo cuando
me dirigí a Busan a por él, pero cuando me dejaste a solas con él… vi algo
diferente, algo espeluznante en él. No lo conocía, Hwang. Ese no es Yunho y te
lo digo en serio. No sé qué has hecho con él, qué ha sido de mi tierno y dulce
hijo, pero ese monstruo no es Yunho por mucho que tenga su misma cara y
cuerpecito. Te preguntarás por qué digo estas cosas tan horribles. Te lo
diré; ese niño me dijo obscenidades, palabras groseras y promiscuas que rayan
lo vomitivo. Sabe palabras que un niño de seis años no conoce, de las que nunca
ha oído hablar.
Él las sabe y conoce su significado.
En cuanto saliste por la puerta me llamó puta, furcia y una serie de guarradas
de las cuales no pude entender la mitad. En cuanto vio los juguetes y
cochecitos que le traje, los rompió a base de patadas y los estrelló contra la
pared. Me llevó a su cuarto y me enseñó una colección de muñecos de peluche
desmembrados y clavados en la pared con agujas y clavos. “Son mis amigos” me
dijo. “Se merecían un castigo, así que los he crucificado.” “Yunho, son
muñecos” le dije yo. “Lo sé” “¿Y por qué lo haces?” “Porque es una
planificación. Ahora mismo no puedo hacer esto con personas de verdad. Soy un
niño… pero algún día podré hacerlo.” Me dijo él. Ahí empecé a sentir miedo,
Hwang. Me miraba con unos ojos tan serios y agresivos que no me cupo la menor
duda de que hablaba en serio. “¿Quieres hacer esto con personas de
verdad?” le pregunté y él se encogió de hombros. “Por eso clavo los muñecos en
las paredes, para que cuando sea mayor no se me olvide a quién tengo que…
matar” Me acerqué a esos muñecos y los toqué. Uno a uno, pregunté: “¿Quién se
supone que es este?” “Es una compañera de clase. Se llama Baldie. Me tiró barro
a la cara y no pude ver bien durante un día entero, así que la dejaré ciega.”
“Ese es Dorne. Me metió la cabeza en el inodoro. Lo ahogaré.” “Ese me retorció
el brazo. Se lo arrancaré.” “Ese me cortó el pelo. Le raparé.”
Me dijo tantas cosas, Hwang...
Soltaba cada cosa por esa boca, cada ocurrencia. Y parecía dispuesto a cumplir
todas y cada una de esas terroríficas amenazas. Entonces, salimos fuera. Estaba
totalmente dispuesta a llevármelo aunque tuviera que buscarle ayuda psicológica
para superar ese “trauma”, pero entonces… me lo enseñó. Un pajarito había caído
del nido de un árbol. Todavía estaba vivo cuando Yunho lo pateó y lo aplastó
con el pie. Entonces dijo “Y este es Jaejoong. Lo mataré si me llevas con él
otra vez.” Se rió. Y entonces yo salí corriendo, Hwang. Espero que lo
entiendas. No puedo permitir que ese monstruo, esa cosa le haga daño a Jaejoong
ahora que él no puede defenderse. Quizás más tarde, cuando pase el tiempo, pero
no ahora. Yunho no está bien. Ese niño no está bien. Llévalo a algún
sitio, no tengo idea de a donde, pero no lo dejes así. Es tal y como nos
dijeron los médicos; su enfermedad ha empeorado hasta límites
insospechados. Te volveré a escribir pronto, pero no te hablaré de Jae
durante un tiempo. Me da miedo que Yunho lea estas cartas así que por favor,
ocúltaselas. Todavía te quiero y te deseo lo mejor.
Tras aquel folio, escrito con pintura
acrílica de color rojo, alguien había garabateado “Lo he leído” y había
expresado su conformidad con una carita feliz. Yunho lo había leído, no sabía a
qué edad, cómo, donde ni cuando, pero lo había hecho. Y lo había escrito para
acojonar a mi padre.Me costaba horrores creer que el Yunho del que hablaban era
el mismo que el que yo conocía, pero lo más difícil era pensar en esa supuesta
enfermedad de la que hablaban. ¿Mi novio estaba enfermo? ¿De qué? Por mi mente
cruzó el expediente médico que había robado horas antes con Hyun y de un salto,
bajé de la cama y agarré mi mochila para sacarlo. Pasé del expediente de mi
padre y me centré en el de mi hermano. Empecé a leer sin orden alguno y
descubrí dos páginas enteras repletas de traumatismos, fracturas, desgarres
musculares, heridas profundas, puñaladas, repetidos casos de inanición con
graves anemias y un largo etcétera de infecciones en orina, genitales…
¿ladillas? ¿Fimosis? Nada de enfermedades que perduraran a lo largo del tiempo,
ni una triste gripe. Pero ya había tenido suficiente con las ladillas. Busqué
alguna enfermedad venérea, algo como SIDA para terminar de acojonarme. ¡Cuánto
antes supiera que tenía VIH antes podría empezar un tratamiento!Pero la puerta
se abrió de repente y no me dio tiempo a asegurarme de que Yunho estaba
totalmente limpio, al menos por el momento.
-¿Qué estás haciendo? – hablando del
rey de Roma. Yunho entró por la puerta con expresión tosca y unas ojeras
considerables. Tenía una voz ronca de huevos y una barba incipiente. La ropa
que llevaba estaba para tirarla a la basura, destrozada y ensangrentada. Estaba
para darse una ducha y echarse en la cama para no despertar en varios días.
-¿Yunho? – murmuré. – Estás
horrible. – solté, sin más.
-Oh… vuelvo a casa después de cinco
días sin vernos recientemente dado de alta por recibir un tiro y estas palabras
son las que me reciben. ¡Son taaaaaaan halagadoras! – me hubiera levantado de
la cama para darle un beso, pero el olor que desprendía su aliento me echó
hacia atrás.
- ¿Dónde está mi ropa? Necesito una
ducha.-Dos, más bien. Y un buen afeitado. – Yunho pasó de coger la ropa y se
fue directamente al baño, arrastrándose casi. Nunca le había visto tan… cansado
y sucio. – Ahora te llevo la ropa. – le dije. Yunho gruñó. Entonces su movil
empezó a sonar. Yunho se detuvo frente a la puerta del baño y se sacó el móvil
del bolsillo, mirando la pantalla sin hacer amago de cogerlo.
– Te están llamando.-No es cierto. –
el móvil siguió sonando y Yunho sacudió la cabeza. – Quiero decir, sí. Pero no
voy a contestar. – dejó caer el móvil al suelo. - ¡Ni se te ocurra responder,
Muñeco! Son asuntos de estado.
-¿Qué estado? Ah, Yunho… ¿seguro que
te han dado el alta?
-Sí… claro, me han dejado salir.-Te
han dejado salir pero… ¿te han dado el alta? – Yunho se me quedó mirando. No
sabía ni para qué preguntaba. – En tu expediente médico no pone que te hayan
dado el alta. – dejé caer con una sonrisita pícara. Yunho entrecerró los ojos
cuando le enseñé los papeles que tenía en la mano.
-¿Qué es eso?
-Tu expediente médico.
-¿Qué?
-No sabía que estuvieras operado de
fimosis. No lo he notado, pero debería ¿no? – Yunho me miró con la boca
abierta.
-¡Yo no estoy operado de fimosis!
-Pues aquí pone que tienes fimosis.
Si no estás operado debe dolerte mucho ahí abajo.
-Eso no… ¡eso no te importa! Fue una
intervención sin importancia. Dame eso. – extendió la mano esperando que le
entregara los papeles, pero me levanté de la cama y vacilándole, empecé a andar
por la habitación con ellos en la mano.-Y también un caso grave de ladillas.
¡Pero qué lascivo eres! Practicando sexo con bichejos.
-Jaejoong, me han hecho veinticinco
puntos recientemente, me duele la cabeza, huelo mal y me pica la barba. ¡No me
obligues a ir a por ti porque no respondo!
-Infecciones en la orina, hay que
ver. Habrás dejado mucho la polla al aire para tener más de ocho.
-¡Serás…! – hizo amago de ir a por
mí, pero se dobló hacia delante soltando un berrido de dolor por el esfuerzo y
cabreado, dio media vuelta hacia el baño otra vez.
- ¡Va, quédatelo! No tengo SIDA ni
nada que se le parezca. Además, a ti también te operaron de fimosis. No
intentes hacer que me avergüence de ello. Me sigue sobrando polla para
metértela, Muñeco. – indignado, entró en el baño y pegó un portazo.¡Mierda!
Llevábamos cinco días sin vernos (o al menos sin vernos durante algo más de
cinco minutos) y pasaba de mí. Aunque era mejor que pasara hasta que terminara
de ducharse, porque olía considerablemente mal.Decidí dejar el expediente
médico. Si a Yunho le daba igual que yo lo tuviera era porque no tenía nada que
ocultar… o porque no sabía que estaba enfermo. De todas formas no entendía la
mitad de las cosas que ponía en el expediente, así que daba igual cuantas veces
lo leyera. Se lo preguntaría a Hyun cuando volviera.Miré la hora. Las seis y
media de la tarde.Habían pasado cinco horas y media desde que lo dejé con ese
tío tan enorme y no había dado señales de vida desde entonces. ¿Estaría
bien?
By Hyun.
-¿Lo has entendido? Aunque tu
familia controle el hospital y las principales industrias farmacéuticas de esta
ciudad, eso no quiere decir que puedas hacer lo que te venga en gana, Hyun. Eso
significa que cuando tu padre vuelva al hospital mañana, se enterará de que has
estado hurgando en los expedientes de sus pacientes y también… - Seiler se
inclinó sobre la mesa y me observó por encima de las manos que mantenía
entrelazadas a la altura de la barbilla. Si ya me sentía incómodo de por sí,
ser consciente de ese movimiento me provocó nauseas. – … de que te has colado
en la sala de autopsias y has fotocopiado varios informes confidenciales cuyo
acceso está restringido a la policía. – no negué los hechos que eran ciertos y
aunque no lo fueran, no me atrevería a llevarle la contraria a mi cirujano jefe
en semejante situación.
- ¿Estás de acuerdo con ello? Puedes
hablar.
-Se lo dirás… quiera yo o no. –
dije. Seiler se revolvió en el sillón rotatorio y se quitó las gafas con un
suspiró. Las dejó encima del enorme escritorio de madera caoba. Se quedó
callado, pensativo.
-¿Por qué has entrado en la sala de
autopsias? – bajé la cabeza, pensando en los problemas que podría causarle a
Yunho y a todos los Encadenados contarle a Seiler que esas muertes tenían algo
que ver con nosotros; así que callé.
– No me obligues a ponerme
persuasivo. – tragué saliva, pero seguí sin decir nada.
– ¿He de suponer que tu amigo Yunho
tiene algo que ver con esto?
-Para ti Yunho siempre tiene algo
que ver con mis problemas, Toro. – Seiler me dirigió una mirada que pretendía
ser indiferente, pero pude ver la molestia que le suponía lo oído.
-Llámame Toro otra vez y se me
ocurrirá algo más humillante que obligarte a limpiar mi casa en pelotas. –
asentí.
-Lo siento. ¿Puedo vestirme ya?
-No vas decirme nada ¿verdad?
-No.
-Entonces date una vuelta más por mi
casa. Mi baño está especialmente sucio. También puedes prepararme algo de cenar
mientras yo termino los informes de las últimas operaciones. – haciendo un
esfuerzo enorme por no estallar de furia, me di la vuelta sin apartar las manos
de mi entrepierna desnuda y caminé hasta la salida de su despacho. Al abrir la
puerta, le miré disimuladamente. Él se había puesto las gafas otra vez y se
centraba en los papeles que tenía en las manos. Era más humillante saber que mi
desnudez no le llamaba la atención lo más mínimo que el hecho de ir desnudo por
una casa ajena que, por otro lado, no me era para nada desconocida. Respiré
hondo repetidas veces por la nariz, expulsando la rabia por la boca y apretando
el pomo de la puerta con todas mis fuerzas.
-Mi padre vuelve hoy a casa. Debería
estar allí. – Seiler apenas alzó la mirada de sus documentos.
-Pues habla.
-Quiero volver a casa. – mi voz sonó
estrangulada.
-Y yo quiero que me digas lo que
necesito saber. – tragué duro.
-¿Tanto te cuesta mirarme a la cara
cuando te hablo? – se me escapó y él alzó una ceja, pero ignoró mi pregunta.
Una frustración tan furiosa como la que sentía Yunho cuando alguien intentaba
herir a su hermano trepó hasta la boca de mi estómago. Al cabo de un rato,
Seiler alzó la cabeza de los papeles y se me quedó mirando con gesto de
sorpresa.
-¿Todavía estás ahí?
-¡Sí, maldito gilipollas! – estallé.
Seiler ni se inmutó.
-¿Qué has dicho?
-¡Te he llamado gilipollas! – grité,
más fuerte. Él se levantó del sillón y sentí como las piernas me temblaban al
ver su enorme figura en toda su extensión, ocultando la luz de la lámpara con
su enorme cuerpo.
-Hyun…
-¡No me llames Hyun, soy el
Príncipe, su majestad! ¿Te acuerdas de eso, Toro?
-No vuelvas a llamarme así, Hyun.
-¡Toro!
Torotorotorotorotorotorotoro… ¡TORO! – le vacilé y él dio un paso al frente con
el ceño fruncido.
-Ya somos mayorcitos para jugar a
eso, así que deja de comportarte como un crío.
-Ah… ahora soy yo el crío. Eres tú
el que finge que no nos conocemos de nada, doctor. ¿Te gusta que te llame mejor
así, doctor, cirujano jefe? – se quitó las gafas y las dejó encima de la mesa.
Se sentó en ella, pero aún así su enorme cuerpo me sacaba cierta
longitud.-Supongo que eso quiere decir que ya te has cansado de jugar a las
bandas callejeras. Era de suponer que este abandono no era más que un capricho
de niño bien.
Capitulo 6[2]
-¿Por eso me puteas tanto, porque
elegí ser un Encadenado o porque mi padre te lo ordena?
-En principio lo hago por
protección.
-¿Protección? – se pasó una mano por
el pelo corto y desvió la mirada al suelo, haciéndose el desinteresado.
-Elegiste ser un pandillero y llevar
la vida que tu padre había escogido para ti al mismo tiempo. Te puteo para
intentar hacerte retroceder y elegir otra vez, esta vez bien, pero eres
jodidamente cabezón, como siempre. – esa preocupación me cabreaba. La
sobreprotección de mi familia ya era lo suficientemente irritante como para
añadirle la de mi viejo amigo.
-No necesito que te preocupes por mí
en ese sentido. Yunho es responsable y un buen líder. Nunca dejaría que pasara
algo malo.
-Oh, pero si ya ha pasado. – no
sonreía, pero pude apreciar una mueca burlesca en el brillo de sus ojos. Todo
lo que estaba ocurriendo le venía de perlas para echármelo en cara. – Cuatro
muertos, nada más y nada menos. Sospecho que se acerca una gran disputa en los
barrios bajos.
-Eso no te interesa.
-Sí que me interesa porque tú estás
en medio. –me mordí el labio inferior y suspiré repetidas veces. Ya no sabía
cómo tomarme la situación. No sabía qué quería de mí exactamente, por qué se
tomaba tantas molestias una persona que ya tenía la vida resuelta. Me estaba
volviendo loco.
-Quiero ir directo al grano. ¿Qué
tengo que hacer para que vuelvas a ser el mismo de siempre conmigo, Seiler?
-Creía que era obvio. – mi cerebro
maquinaba ideas muy cercanas a la realidad. – Olvídate de los barrios bajos, de
Yunho, de los Encadenados… de todos ellos y sigue tu vida. Te espera un futuro
brillante. – me sentí indefenso al oír sus palabras. Una vez más me demostraba
cuan solo estaba en mi decisión de ayudar a Yunho y a los suyos. - ¿Vas a
hacerlo?
-Sabes que no.
-Sí. Yunho siempre ha sido el número
uno en tu lista de prioridades, así que me lo imaginaba. – entrecerré los ojos
y esperé una pequeña reprimenda más por su parte. Pero él fue hasta su
escritorio y se sentó en su silla como si nada, volviendo a concentrarse en el
montón de documentos que tenía delante.
-¿Sabes? Hasta hace unos años el
primero en mi lista de prioridades eras tú. – no se lo dije por provocarle
remordimientos ni nada parecido. Las palabras me salieron sin más y enseguida
me arrepentí de haberlas pronunciado. Creo que me ruboricé cuando alzó la vista
y se me quedó mirando con expectación. Los ojos le brillaron y lo que antes fue
incomodidad por ser rechazado e ignorado, se convirtió en vergüenza por ser
observado tan detenidamente de buenas a primeras. – Bueno, yo… voy a hacerte la
cena. – solté, buscando una vía de escape. Me dirigí hacia la puerta abierta.
-Hyun… - me llamó antes de que
pudiera cruzarla. – Olvídate de la cena.
-Ah… vale… - sal de ahí cagando
leches, tío. ¡Sal de ahí! Me dijo mi cerebro, pero no le hice mucho caso. –
Entonces ¿qué quieres que haga?
-Lo mismo que hacías cuando
compartíamos piso y nos sentábamos juntos en las clases de la universidad. –
Seiler dibujó algo parecido a una sonrisa en sus labios.No me quedó más remedio
que olvidarme de que el tío que tenía delante iba a delatarme a mi padre al día
siguiente y rememorar su conducta delictiva de antaño. No por nada Kam le puso
el nombre de Toro en sus días de Encadenado.Es mejor no torear demasiado a un
toro bravo cuando sabes que inminentemente, vas a recibir un buen par de
embestidas.
By Jaejoong.
Cuando entré en el cuarto de baño
una ola de calor y vapor me recibió con los brazos abiertos. Enseguida empecé a
sudar y el pelo se me apelmazó y se me pegó a la cara. Me lo aparté a base de
manotazos antes de abrir la gran mampara de la ducha y entrar sin más.
-¿No te estás pasando con el agua
caliente? – le pregunté a Yunho. Con las manos apoyadas en la pared y la
espalda estirada lejos del chorro de agua casi hirviendo que caía sobre su
cabeza. Los músculos del cuerpo estaban totalmente contraídos. Observé la venda
fuertemente apretada que rodeaba su cintura cubriendo la totalidad de sus
abdominales. Se estaba mojando un poco, pero no lo suficiente como para tener
que cambiarla. Al no recibir respuesta, apoyé una mano sobre su hombro. Yunho
se relajó un poco, soltando un suspiro de alivio. Bajé los grados del agua un
poco para no quemarme y evitar que mi hermano se caldeara la piel.
- ¿Estás bien? – pregunté.
-¿Ahora te preocupas por mí? – me
replicó él. – Últimamente pareces un cubito de hielo. ¿Qué pasa? ¿Te estás
preparando para el invierno?
-¿Qué quieres decir?
-Quiero decir que te estás volviendo
un súper Muñeco de hielo o algo así. Hace semanas hubieras llorando al
enterarte de que me han rajado. Ahora, me ignoras.
-No te han rajado. Te han pegado un
tiro.
-Peor. – noté cómo volvía a contraer
los músculos y vi de reojo cómo encogía la cara por el dolor.
-¿Tan grave es?
-No.
-¿Quieres verme preocupado por ti?
-¡SI! – gritó y me lanzó una mirada
enfebrecida. - ¿Soy yo el único que se preocupa por los dos o qué? – se apartó
de la ducha, cediéndome su lugar y me introduje debajo del chorro de agua. Bajé
la temperatura aún más hasta que el agua salió templada y luego, helada. – Hace
una semana que no hacemos nada. – soltó de repente.
-No porque yo no quiera, sino porque
tú no estás.
-¿Y qué esperas que haga? ¿Dejo a
todos mis colegas tirados para venir a casa y echarte un polvo?
-Sí. – ni me lo pensé.
-Te estás volviendo un Muñeco frío y
pervertido, eh.
-Yunho, mírame. – gruñí, volviéndome
hacia él. Yunho me miró sin dejar de enjabonarse los pectorales, lejos de tocar
las vendas de los puntos. - ¿Ves algo nuevo? – me observó de arriba abajo con
una ceja alzada y alzó un dedo con el que presionó sobre mi pectoral izquierdo.
-Te están saliendo unas pequeñas
protuberancias endurecidas por todo el pecho, las piernas y los brazos… ¡Ah,
no! son músculos. – bromeó.
-¡Sí! ¡Me estoy volviendo fuerte,
Yunho, muy fuerte! Creo que hasta podría hacer daño a alguien y defenderme por
mí mismo de la gente de aquí.
-Ah, vaya, ¡enhorabuena! ¿Eso quiere
decir qué…?
-No lo sé. Quizás se me esté
subiendo un poco a la cabeza pero… aunque no lo parezca sigo teniendo miedo. –
Yunho se cruzó de brazos, esperando algo más detallado. Agaché la cabeza y miré
las baldosas del suelo. Lo que antes soltaba sin pensar ahora me costaba
decirlo al considerarlo una muestra de debilidad. – Tengo miedo de esperarte en
la cama y que un día, no vuelvas. No quiero sentirme un inútil que necesita que
le protejan constantemente. Quiero luchar por ti y por mí y eso… creo que
pensar en eso me hace un poco más insensible o inexpresivo, no lo sé. Me da
miedo bajar la guardia, mostrar mis debilidades y que la gente las use en mi
contra. – Yunho se tensó y creo que hasta palideció. Le vi flojear un poco su
expresión tosca e incluso las piernas le temblaron un poco. Apoyó una mano en
los azulejos de la pared y respiró hondo varias veces. Hacía lo mismo cuando
intentaba controlar un arranque de mal genio. - ¿He dicho algo malo?
-Jae, no hagas eso.
-¿El qué?
-¡Eso, insensibilizarte, no lo
hagas! – gritó. – Puedes entrenar lo que te dé la gana, volverte un tío fuerte
capaz de defenderse a sí mismo y a los suyos, capaz de soportar mil cosas.
¡Hazlo si quieres, pero no te empeñes en insensibilizarte! No tienes ni idea de
lo que eso conlleva.
-No tengo intención de hacer eso,
solo…
-Escucha, todo el mundo empieza así.
Kam empezó así, Ricky empezó así, Max empezó así… ¡yo empecé así! Todos querían
defenderse y ahora…
-Pueden defenderse por sí mismos. –
finalicé, imaginándome a mí mismo con la fuerza de Kam, la espontaneidad de
Ricky y la fuerza de voluntad de Max. No pude evitar sonreír por ello.
-Sí, pueden defenderse pero ¿a
cambio de qué?
-¿Es que hay que dar algo a cambio?
-Sí… y es un precio muy alto que no
estoy dispuesto a dejarte pagar.
-¿Cuál es el precio? – pregunté,
para nada convencido con su argumento. Yunho vaciló.
-La pureza.
-¿La pureza?
-Sí, la pureza. Puede sonar como una
gilipollez, pero eso es lo que pierdes cuando cruzas la línea. Recibes poder,
seguridad y fuerza para enfrentarte a los retos, pero a cambio tu pureza
desaparece. Te ensucias con manchas que son imposibles de borrar. Antes me daba
igual, pero ahora no tengo intención de dejarte cruzar esa línea. – no entendía
del todo su razonamiento, pero algo me decía que esa “pureza” era algo muy
importante no solo para Yunho, sino para todo el grupo. No era la primera vez
que oía esa palabra salir de la boca de alguno de sus miembros y siempre iba
dirigida a mí.“¿Qué sabes tú, Muñeco? ¡Eres demasiado puro como para
entenderlo!”“No hagas eso, Jaejoong. Tienes que cuidar de tu pureza.”“¡Argg, me
da asco que seas tan pulcro y puro! ¡Por eso me pones enfermo, Muñeco!”Esas
eran algunas de las frases que me habían dicho los Encadenados alguna vez en
algunas situaciones. Por alguna razón en lugar de llamarme guapo o feo, flaco o
gordo utilizaban el adjetivo puro e impuro más que ningún otro.Por lo visto, yo
era una rareza en ese mundo delictivo.
-¿Qué queréis decir exactamente con
pureza? Porque mi idea de pureza no es la de un tío al que le gusta ser
sodomizado por su hermano mayor, que se automutila, dice palabrotas cada dos
por tres y abandona a su familia en lugar de hacer frente a sus problemas.
¡Maldita sea, ni siquiera voy a la iglesia y nunca rezo!
-Eso no tiene nada que ver con la
pureza.
-Pues tenemos dos conceptos
totalmente distintos entonces.
-Sí, los tenemos.
-¿Y cuál es el vuestro?
-Inocencia, justicia y clemencia. A
ti te sobran esas tres cualidades. – fruncí el ceño, sin acabar de captar la
idea.
-¿Por qué todos os empeñáis en
pensar que soy inocente? No lo soy. – Yunho se carcajeó en mi cara.
-Decir que no eres inocente te hace
más inocente todavía.
-¡Pero es que no lo soy! ¡Follo
todas las semanas, joder! – Yunho se carcajeó con más fuerza aún hasta verse
obligado a parar por la punzada que los puntos le propinaban en la herida
recién cerrada.
-El caso es que no te permito cruzar
esa línea, tengas el miedo que tengas. ¿Sabes cuántas personas desearían tener
tu pureza aquí? Es el bien más cotizado para la gente mala, Muñeco. ¿Por qué
crees que los malos quieren joder siempre a los buenos? Ellos buscan
desesperadamente impregnarse con su pureza para borrar las manchas del pasado.
-¿Y tú cómo sabes eso?
-Lo sé porque lo he intentado
contigo muchas veces y ¿sabes qué? Casi funciona. – Yunho me echó a un lado y
se colocó debajo del chorro de agua otra vez, teniendo cuidado de no mojarse
las vendas. Alzó la cabeza y abrió los ojos, permitiendo que el agua helada le
cayera directamente en la cara. – La verdad es que prefiero verte muerto a
manchado como yo, Muñeco. No es que me arrepienta de las cosas que he hecho a
lo largo de mi vida… creo que nunca he tocado a nadie que no se lo mereciera.
Sin embargo, cuando una persona manchada tiene contacto directo con una pura,
no puede evitar comparar y sentir envidia. Los Encadenados se acercan a ti
porque añoran la pureza que tú posees, no porque yo se lo diga. Cualquiera de
nosotros va a estar más que dispuesto a protegerte y a arriesgar la vida por
ti. Lucharán contra aquellos que intenten arrebatarte la pureza… yo lucharé
pero… la verdadera batalla la llevas tú por dentro. Si tú te rindes… todo eso
desaparecerá. ¿Lo entiendes, Jaejoong?
-No. – admití, confuso. Yunho estaba
hablando de una cosa tan etérea que se me hacía imposible imaginármela. ¿Todo
el mundo peleándose por mi pureza? Pero ¿qué era pureza exactamente si no un
cúmulo de sentimientos y virtudes? Nadie podía quitarme eso… ¿o sí? ¿Y por qué
le daban tanta importancia a esos sentimientos? ¡Qué tontería!
-¿Ves como eres un inocente? – se
burló Yunho.
-Entonces… ¿eso quiere decir que tú
estás conmigo para quitarme la pureza? – se me ocurrió preguntar, ya que
supuestamente Yunho era uno de los “malos” y yo de los “buenos”. Yunho me
mostró todos los dientes en una sonrisa pícara.
-Exactamente. Cada vez que meto mi
polla en tu culo uno de mis pecados es perdonado.
-¿Te crees que soy un santo que hace
milagros o algo así? – refunfuñé. – Tus pecados son demasiados y demasiado
gordos. Mataste a una persona ¿no? – me costaba imaginármelo matando a nadie,
así que aunque sabía que Yunho era un asesino de verdad, no me lo tomaba muy en
serio. Tendría sus razones para matar ¿no?No. Seguro que no. Yunho me observó
con curiosidad, apartándose del chorro de agua para cederme el puesto. Cuando
me coloqué debajo otra vez, Yunho me rodeó el cuello con los brazos por la
espalda y me lo apretó hasta hacerme toser.
-Supongo que te enteraste de que soy
un asesino cuando me fui de Seul pero, ¿quién te lo dijo exactamente? Tengo
curiosidad. ¿Fue tu madre?
-¿¡Mamá lo sabe!? – grité,
sorprendido.
-Es abogada y defendió uno de mis
casos. Tiene mi expediente. Claro que lo sabe.
-Ella nunca me dijo nada.
-No querría preocuparte. Si yo fuera
tan puro como tú, probablemente tendría miedo de convivir con un asesino. –
dejó los brazos colgando sobre mi pecho y me frotó con champú hasta hacer
espuma.
-En realidad… me lo dijo Derek.
-¿Quién es ese?
-…Sparky. – Yunho dejó de frotar
momentáneamente. Al cabo de un par de segundos continuó, con mucha más fuerza,
frotándome con los nudillos hasta casi hacerme daño. Pegó su torso a mi espalda
y noté su pene flácido rozándome las nalgas. – Yunho, lo cierto es que hay algo
que no te he contado.
-¿El qué? – preguntó, de mala gana.
-Sparky me llamó hace poco, junto a
Chun y Junsu.
-¿Y?
-Querían… verme. Quedar.
-Volveré a repetirlo... ¿Y?
-…A mí también me gustaría quedar
con ellos. Quiero verles.
-Si te digo que no, ¿me harás caso?
– me susurró al oído, apoyando la barbilla sobre mi hombro izquierdo.
-Yunho, no puedo olvidarme de todo
en Seul. Tengo una familia allí, amigos, conocidos… les echo mucho de menos.
-¡Sí, una manada homóbofo incestuosa
que estará deseando encender un buen par de antorchas cuando te pases por ahí!
Admítelo, Muñeco. No es buena idea. – en eso tenía razón, pero las ganas de ver
a mamá y a Choi me podían. También echaba mucho de menos a mis amigos, e
incluso a Derek. Sabía que debía aclarar un par de cosas con él cuanto antes y
hacerlo por teléfono sonaba… demasiado frío.Además, ¿tendría el valor
suficiente para volver después de todo lo que había ocurrido? De repente,
se me ocurrió una idea. Descabellada y absurda, sí, pero pensar en ella me hizo
sentirme más valiente.Me volví hacia Yunho y le miré a los ojos en gesto
suplicante. Le rodeé la cintura con los brazos con mucho cuidado para no
hacerle daño y me pegué todo lo que pude a él hasta quedar completamente
abrazados. Él correspondió un poco vacilante.
-¿Y si vienes a Seul conmigo? – vi
con claridad cómo su nuez se movía de arriba abajo cuando tragó saliva. –
Venga, ven. No es mala idea. Puede que Yoochun y Junsu te odien, que tengas
mala fama en la universidad y que Derek esté deseando darte una paliza… pero yo
estoy casi igual. Media ciudad quiere cortarme la cabeza, por no decir
humillarme públicamente y…
-Jae… no. – sentenció.
-¿Por qué no?
-Te peleaste con tus amigos por mi
culpa ¿no? te pusiste enfermo por mi culpa. Si de buenas a primeras apareces en
Seul conmigo detrás, no sólo se me echarán a mí encima, si no a ti. Es como dar
un paso atrás. Tu madre…
-Nuestra madre.
-Simone – puso los ojos en blanco. –
Piensa que estás siguiendo adelante y estar conmigo aquí es como dar un paso
atrás, ¿no crees? – lo pensé detenidamente. Tenía razón en eso pero bien sabía
yo que no podría irme tranquilo a Seul sabiendo que a Yunho podría ocurrirle
cualquier cosa aquí, sin mencionar cuánto le echaría de menos.
-Si yo me fuera solo, ¿estarías
tranquilo? Si me voy quizás descubra que prefiero estar allí en lugar que aquí.
– intenté encelarle con esas palabras y por la cara que puso, lo conseguí. Me
pegó más a su cuerpo apretándome la cabeza contra su pecho y gruñó.
-¿Sabes qué? La jodida verdad es que
estarás mucho más a salvo allí que aquí y que cualquier persona que se
preocupara lo suficiente por su novio le dejaría ir sin duda, teniendo en
cuenta las circunstancias actuales, pero… soy egoísta, Muñeco. Me conozco muy
bien y por algo te dije que si algún día querías irte, te fueras sin más, sin
decir nada porque si me preguntabas, no te dejaría ir.
-Pero ¿por qué no vienes tú? Sólo
será un tiempo, unas semanas y luego volveremos. No quiero dejarte solo aquí.
-Hum…
-Si no vienes, me acostaré con
Sparky.
-Hablando de eso, ¿quién folla
mejor, él o yo?
-¡Yunho!
-¿Quién la tiene más grande?
-¿Sabes qué?
-¿Qué?
-Hyun dice que estás enamorado de
mí. – Yunho se rió, pero no lo negó. Dejé que me acariciara el pelo durante
cerca de cinco minutos en absoluto silencio y cuando ya no pude más, alcé la
cabeza de su hombro y le miré a los ojos. - ¿Es cierto?
-… ¿Sinceramente?
-Sí.
-No lo sé. – abrí la boca de par en
par, quizás exagerando un poco, pero demasiado emocionado como para aguantarme
la excitación. De un rotundo no había pasado a un rotundo no lo sé, un estado
de confusión por el que incluso yo había pasado anteriormente, cuando empezaron
a emerger sentimientos adversos por mi hermano, los cuales intenté negar con
todas mis fuerzas. ¿Estaría Yunho también pasando por ese proceso de
confusión?No terminé de enjabonarme y ni siquiera me lavé el pelo. Agarré una
toalla cualquiera y salí de la ducha entre tropezones, demasiado emocionado
como para quedarme quieto en un lugar tan estrecho. Podía oír las carcajadas de
Yunho en el baño cuando salí del cuarto y me coloqué la toalla alrededor de la
cintura. El pelo mojado lo empapó todo, pero no me importó. Me dio por dar
saltos encima de la cama como un niño pequeño. Entonces, el móvil de Yunho
empezó a sonar otra vez sobre el suelo. Lo ignoré… él no.
-¿Sí? – preguntó cuando salió del baño
con una toalla cubriéndole la entrepierna. - ¿Qué? Dime una cosa Max, ¡¿Eres
masoquista y quieres que te meta una paliza antes de romperte el cuello?! –
gritó como un loco. Vi cómo la cara se le ponía roja de la furia y el teléfono
crujía entre sus dedos. Dejé de saltar en la cama y caí suavemente en ella,
sentándome y observándole sin pronunciar palabra. Yunho me miró de reojo y
luego me dio la espalda, como si no quisiera que me enterara de la
conversación. - ¿Dónde? – preguntó. - ¿Tachibana? ¿Es un restaurante japonés o
algo así? Ya… estoy en casa de Hyun… sí, estoy con él. – me dirigió una mirada
y se llevó un dedo a los labios para pedirme silencio. - ¿Ahora? No pienso
dejarle solo… ¡Y una polla voy a llevármelo! Mañana empieza a trabajar otra
vez, no voy a tenerlo despierto toda la noche… no lo sé, me han pegado un tiro
y ¿sabes? Me duele un poco. Pensé que por el simple hecho de recibir una bala
por vosotros me ibais a dejar tranquilo unos días… ¿qué? – Yunho frunció el
ceño. Se mantuvo callado durante algo más que unos segundos. A través de la
línea telefónica podía oír el ruido de los gritos y la música que salía de su
móvil. - ¿En serio lo crees? Sí, yo también he pensado en Gore… ¿Qué otra
posibilidad? ¿El Toro? – Yunho se llevó una mano al hombro y se acarició la
cicatriz que le cruzaba toda la espalda hasta el costado. Nunca le había
preguntado cómo se la había hecho, suponía que en una pelea callejera, como
siempre, pero ver un velo de nostalgia y preocupación en su cara me hizo
suponer que no se trataba de una herida normal y corriente. Al menos, la
persona que se la había hecho no lo era. – Creo que Hyun y Toro siguen teniendo
contacto. Le preguntaré cuando vuelva… sí, ya… ¿a las once allí? – fruncí el
ceño. Así que se iba otra vez de misión imposible por la vida, a lo James Bond
con un tiro entre las costillas. ¡Genial! ¿Y él qué? ¿Y yo qué? Él estaba
herido y yo preocupado en extremo pensando en una posible enfermedad.“Vete a la
mierda” quise decirle, pero en lugar de eso di media vuelta y le mostré mi
indignación poniendo mala cara. Al ver que Yunho me ignoraba pusiera la cara
que pusiera, decidí ignorarlo yo también. Abrí el cajón de la mesita de noche
en busca de mi móvil y junto a él (que tenía varios mensajes de mis “amigos” de
la universidad que habían vuelto a las andadas) encontré un bote de lubricante.
Estaba totalmente cerrado, sin abrir. Lo saqué y lo miré. No recordaba haber
comprado uno con sabor a limón, de hecho yo nunca compraba lubricante, ya que
rara vez lo usaba. Lo mío era a palo seco, más masoquista imposible. La saliva
y el semen eran suficientes, aunque no me molestaba usar fluidos
artificiales.Abrí el bote y apreté para que saliera el grueso líquido. Se me
quedó pegado a las manos como si se tratara de crema y con un tanto de picardía
al ver a Yunho centrado en su trabajo, decidí jugar un poco con él, a solas. Me
desaté la toalla disimuladamente y me pringué las manos de lubricante. Las
restregué bien y después, empecé a jugar…
-No, no quiero armas de fuego en la
ciudad ¿te enteras? ¡Me importa una mierda que esos capullos vayan armados!
¿Quieres convertir esto en un nuevo Irak o provocar una tercera guerra mundial?
El fin no justifica los medios… sí, ya sé que… - Yunho daba vueltas por la
habitación ignorándome completamente y yo, en parte, también le ignoraba a él.
Había empezado a concentrarme en otra cosa que tenía entre las manos empapadas,
algo que empezaba a endurecerse y a alzarse hasta sobresalir. – Eso ya lo sé,
pero la policía no me sirve de una mierda en este…
-¡Ah! – dejé escapar, de repente. No
pude evitarlo. Yunho dejó de hablar al momento y se giró hacia mí con los ojos
muy abiertos. Enmudeció. Yo le giré la cara y le di la espalda, siguiendo a lo
mío.
-Yunho, ¿sigues ahí? – oí a Max
gritando al otro lado de la línea.-¿Eh? Sí, sí… eh… sigo aquí. – volvió a
hablar y a centrarse en el teléfono, pero su atención empezó a desviarse hacia
mí con cada sacudida de mi mano sobre mi pene erecto. La verdad era que lo
estaba disfrutando, con o sin él. Llevaba unos cuantos días sin tocarme y no
estaba acostumbrado a tanta abstinencia, pero mi principal intención era
provocarle. Por eso cogí el bote de lubricante otra vez y lo medio vacié sobre
la punta de mi pene. Estaba frío y dejé escapar varios sonidos agudos cuando el
líquido entró en contacto con mi piel.
-¿Yunho? – escuché gritar. Yunho le
había dado al manos libres y cuando oyó el grito de Max se sobresaltó. – Te
oigo muy mal.
-Sí, ya… lo-lo he puesto en manos
libres… sin darme cuenta. – se excusó, pero yo sabía que hacía ya rato que
había captado toda su atención. Tiré el bote al suelo y me tumbé en la cama
cuan largo era. No me dio ninguna vergüenza sacudírmela con la mano delante de
él, que tan acostumbrado estaba a mi presencia. Lo más difícil era exagerar los
gemidos y los gritos para que se oyeran por el teléfono. Buscando más que
tocarle las narices, excitarle, me acaricié el pecho con las manos pringadas de
lubricante, dejando un rastro de brillante líquido sobre mi piel. Gimoteé su
nombre a mala idea.
-Yunho, ¿qué es eso? – le preguntaba
Max con tono disgustado. Empecé a gemir más fuerte y Yunho gruñó.
-Nada.
-¡Oh, Yunho… no tan fuerte!
-¿Ese es Jaejoong?
-Es la perra de Hyun.
-¡Sí, una perra muy mala que
necesita ser castigada! – me azoté el muslo con una mano repetidas veces,
alzando la pelvis con cada azote y Yunho se mordió el labio, sin saber si
reírse o cabrearse.-¡Calla, guarra! – me gritó.-Oye, si quieres tomarme el pelo
búscate a otro.
-¡Sí… síii… búscame a mí, Capitán!
-Quedamos a las once en el
Tachibana, no te olvides. Yunho colgó sin decir una palabra y yo me encogí
sobre el colchón al verle achinar los ojos amenazadoramente. Anduvo hasta mi
cuerpo desnudo y me pegó una patada en el hombro.
-Deja de tocarte, perra. Tu amo ha
llegado.
By Hyun.
Quedarme tumbado en la cama no
estaba en mi lista de “prioridades”, como Toro solía decir. Un aspirante a
enfermero y especialista en medicina con una brillante carrera por delante y un
futuro aún más resplandeciente no se puede permitir tres cosas primordiales:
dormir más de cinco horas diarias, rendirse a la pereza y, por último, salir
con malas influencias. Lo último me lo había saltado con creces, pero no estaba
dispuesto a dejarme arrastrar por las otras dos tentaciones. Así que me levanté
de la gran cama de matrimonio de Seiler y fui en busca de mi ropa, olvidada en
su despacho.Supuse que si no estaba a mí lado en la cama era porque había ido
al hospital de nuevo en su turno de noche, así que sólo tenía que vestirme y
largarme a casa de una vez, olvidándome de su persistencia ciega. Anduve por la
casa en bolas, como había hecho cientos de veces. Fui a la cocina, abrí el
frigorífico y me invité a una cerveza light con toda soltura. Al ver la
colección de refrescos y cervezas sin alcohol, recordé vagamente mis años en la
universidad de Busan compartiendo piso con el que ahora era el cirujano jefe de
mi futuro hospital. La manía de mi padre por hacerme madurar y obligarme a
vivir como una persona normal en un piso normal y con un compañero aún más
normal me había mosqueado al principio. Pero vivir con Seiler había resultado
sencillo, divertido y a la vez, abochornante. Era buena persona, aunque no lo
pareciera a simple vista. Era mi mejor amigo…Hasta que Yunho se puso en
medio.Solté la cerveza donde la había encontrado y me dirigí a las escaleras
que descendían hasta el despacho, que de no ser por las reformas bien podría
haberse considerado un sótano. El recto magullado me atizó la cabeza con
descargas de dolor, pero lo ignoré y bajé las escaleras entre cojera y cojera.
Cuando llegué a la puerta del despacho, ya me había dado cuenta de que no
estaba solo. La luz atravesaba la rendija de la puerta encajada. Hice amago de
abrirla agarrando el pomo, pero la voz grave de Seiler me hizo quedarme paralizado.
-No es aconsejable utilizar esas
medicinas y drogas con personas humanas. Están hechas especialmente para
animales grandes, como caballos o toros. – le oí decir desde el interior. No
escuché respuesta alguna. – Una sobredosis podría matarle. Una dosis pequeña
alargaría su efecto, pero aún así resulta peligroso usarla en personas. –
aclaraba. Eché una ojeada por la rendija sin hacer ruido y localicé a Seiler
sentado frente a su mesa, con el móvil en la mano, el pecho al aire y unos
vaqueros desgastados. No parecía muy feliz con la consulta. – No tengo
intención de inmiscuirme en esto directamente. Lo que le pase al chaval es cosa
es vuestra… sí, le he visto hoy… No os serviría de mucho intentar localizarle
por el parecido con su hermano. No se parecen en nada… – abrí los ojos como
platos al oír la última confesión, relacionando el tema inmediatamente con uno
ya conocido de sobra. Retrocedí un paso, incrédulo. Seiler gruñó un poco al
otro lado de la línea. – Dile a tu hermano que no pienso participar en un
secuestro. Me importa muy poco la situación… - a pesar de tratar un asunto
bastante serio, mi jefe no se inmutaba. Tan indiferente como siempre contestaba
a las preguntas solicitadas, incluso con algo de impertinencia. Pero de repente
frunció el ceño, entrecerró los ojos y pegó un salto de la silla con expresión
furiosa. – No se atreverá… ¡él no tiene nada que ver con los asuntos de Gore! –
gritó. Yo palidecí al escuchar ese nombre salir de su boca. – Escúchame,
Thunder… como le toque un pelo, como se atreva a acercarse lo mato. ¡Mataré a
tu hermano! ¿Me oyes? – gritó y su vozarrón retumbó por las cuatro paredes de
la habitación. - ¡Yunho me importa una mierda! Haz lo que quieras con su
hermano, pero a él ni te acerques. – la persona al otro lado del teléfono no
captaba lo cerca que estaba Seiler de perder los nervios y, cuando eso sucedía,
era más temible que Yunho, que Kam o que los dos juntos. - ¿Mañana? No… ¡está
bien, mañana! Pero no quiero volver a saber nada más del tema. Lo que hagáis
con ese Muñeco es cosa vuestra.
-Muñeco… - murmuré por lo bajo, tan
impactado como acongojado. En menos de un segundo conseguí atar cabos por todos
lados. Gore estaba detrás de las recientes muertes, era el líder de los Caídos
e iba a por el Muñeco, a por Jaejoong. No había que ser muy listo para
deducirlo. Yunho había sospechado que se trataba de Gore nada más enterarse de
que una segunda banda intentaba hacer frente a los Encadenados y no se
equivocaba. Sólo él tenía la suficiente influencia en los barrios bajos como
para reunir a tanta gente en contra de Yunho y, además, sus motivos eran
demasiados. Debía ser el tío con más papeletas para ser el enemigo número uno
del Capitán y, encima, las cruces del revés en los cuerpos de las víctimas, el
mensaje escrito en la pared de la casa de Yunho, el contacto con Toro…¿Cómo no
me lo había imaginado antes?Retrocedí, deseando coger el móvil cuanto antes
para informar a Yunho sobre mis pesquisas. Pensar que el bestia de Gore iba a
por Jaejoong me puso enfermo. Ese tío era tan sádico como su nombre indicaba y
Jaejoong era tan inocente como un niño. Si lo cogía…Aun así, me resultó difícil
aceptar que Toro mantuviera el contacto con ese animal. Él, que había
abandonado los barrios bajos para estudiar y conseguir un trabajo decente y,
¡maldita sea! Lo había conseguido con creces. No podía tratarse del mismo
Seiler de siempre, el mismo Toro que me reñía cuando me metía en asuntos
turbios o faltaba a la universidad para irme de farra. El mismo Toro que casi
mata a su líder creyendo que así me hacía un favor.No podía ser… pero era.Di
varios pasos atrás y empecé a subir las escaleras una a una. Por suerte el
suelo era de mármol y no crujía. Lo único que me faltaba era que el suelo
crujiera como en las películas americanas y el malo me pillara con las manos en
la masa. Subí con mucho cuidado, con el corazón en la garganta y la adrenalina
recorriéndome todo el cuerpo. El culo seguía doliéndome horrores con cada
esfuerzo que tuviera que ver con mis piernas y, temblando de dolor, llegó el momento
en el que conseguí llegar hasta el final de la escalera. Alcé la pierna para
posarla en el escalón que me posicionaba en suelo firme y tiré de mi cuerpo
hacia arriba… el pinchazo de dolor me hizo doblarme un poco, lo suficiente como
para hacerme tropezar y obligarme a apoyarme en la pared dando un manotazo
inesperado. La palma de mi mano ardió a causa del golpe, pero yo apenas la
sentí. Sólo sentía el sonido de la pared vibrando ante mi tacto. Guardé
absoluto silencio y presté atención a los sonidos del despacho de mi jefe…
nada. Un pitido al colgar el teléfono de golpe y el tronar de mis pies
descalzos cuando eché a correr hacia el salón. Oí la puerta del despacho
golpear la pared al abrirse con bestialidad y las pisadas de Seiler chocar
furiosamente contra el mármol.“Quiero salir de aquí, quiero salir de aquí,
quiero salir de aquí… ¡Yunho, ayúdame!” pensé, atravesando el salón en varias
zancadas y dirigiéndome directamente a la salida. Poco importaba que saliera
desnudo a la calle mientras no me mataran. La humillación pública se quedaba
reducida a la nada cuando un tío de dos metros de alto y 120 kilogramos de puro
músculo te perseguía en un espacio cerrado, posiblemente con intenciones
homicidas hacia tu persona.No miré hacia atrás ni una vez, pero podía oír los
pasos de Seiler a escasos dos metros de mí. A esa distancia solo tenía que
alargar el brazo y… por eso, cuando crucé la entradita arrojé al suelo la
antigua estantería cargada de libros de anatomía y medicina con un fuerte
tirón. La estantería cayó y oí un tremendo ¡Bum! Mientras yo seguía corriendo
hacia la salida.Quité el cerrojo en apenas un segundo y abrí la puerta. Puse un
pie fuera, en el jardín y pisé la hierba fresca y húmeda por el sabor de la
lluvia que le caía encima. Ya era de noche y no se veía absolutamente nada,
algo que me permitiría escabullirme con mayor facilidad… si Seiler no me
hubiera agarrado del brazo en el último momento...Tiró de mí hacia atrás con
tanta violencia que fui incapaz de defenderme. Lo primero que hizo a parte de
meterme en casa otra vez fue taparme la boca con una mano grande y ruda. Cuando
intenté gritar sólo se me escaparon lastimosos gimoteos. Entonces, conmigo ya
dentro, cerró la puerta de una patada y me estrelló contra ella sin dejar de
apretarme la boca. Sentí sus dedos clavándose en mis mejillas como las garras
de un águila. Agarré su brazo, intentando quitármelo de encima. Sus músculos
vibraban entre mis manos.No iba a soltarme…-Esta vez… - suspiró, con la
respiración tan acelerada como la mía. Observé cómo su cara se descomponía por
la furia y la preocupación y temblé de miedo, pensando en cómo abría el cuerpo
de la gente con esas manos tan gruesas para sacarle las tripas e introducir
nuevas. – Esta vez te has metido en un buen lío, Príncipe.
By Jaejoong.
-Yunho… los puntos… ¡Se te van a
saaaal…tar…! ¡Uaaaaah…! – el sonido húmedo de la penetración era más excitante
y sonoro de lo normal. No sólo estaba mojado por dentro gracias a la gruesa
polla que entraba y salía de mí, sino tan bien por fuera, con las nalgas
empapadas y escurridizas debido a la exagerada cantidad de lubricante en la que
Yunho me había bañado. Sus manos se escurrían por mi pecho y sus dedos,
aferrados a mi cintura, se deslizaban por mi piel, incapaces de amoldarse a la
curva de mi cintura. Me había convertido en un jabón humano con tanto
lubricante y ahora no había forma de agarrarse a mí, escurridizo.Pero qué bien
se deslizaba su polla hasta mis remotas profundidades.
-¡Olvídate de los puntos…hum… y abre
más las piernas! – harto de escurrirse por la superficie de mi piel, apoyó las
manos en mis rodillas y las estiró hasta que estuvieron próximas al suelo.
Pataleé un poco, quejándome por el dolor.
-¡Ohh… bestia, no soy de goma!
-¿Quién lo diría? Creo que tu culo
está hecho de otro material, entonces. – y yo también empezaba a creérmelo.
Cuando me llegaba tan profundo sangraba a borbotones, pero en ese momento podía
asegurar que la punta de su pene me llegaba al final del estómago y no sentí
nada más que placer. Mi polla de por si era agitada entre mi abdomen y el suyo,
apretada y acariciada con fuerza con cada nueva embestida, pero no lo
suficientemente estrujada como para hacer que me corriera. Rodeé el cuello de
mi novio con los brazos y lo acerqué a mi cara. Le di un azote en la espalda y
en la nuca para que se pegara más a mí.
- ¿Qué pasa? – jadeó en mi boca
entreabierta. - ¿Te duele? – tiré de su cabello, obligándole a acercarse más.
Nuestros labios se rozaron.
-Olvídate de eso… y bésame… uhm… -
envolví su labio inferior con los míos y lo lamí antes de que él abriera la
boca para encajarla con la mía. Entre el contacto húmedo de nuestras lenguas y
el cambio de posiciones para saborearnos más, un hilo de saliva me recorrió la
mejilla hasta perderse en mi cuello.-
¿Siempre tienes que… babear tanto? –
se burló entre beso y beso. Para no gustarle mi saliva, la lamió a fondo
siguiendo el camino que descendía hasta mi cuello. Busqué una de sus manos,
todavía fuertemente agarradas a mis rodillas, la agarré y la restregué por mi
bajo vientre para que entrara en contacto con mi polla, tan escurridiza como el
resto de mi cuerpo. Pero Yunho no hizo caso de mi necesitada entrepierna y
deslizó sus dedos por mi torso, hasta apoyarla sobre el pectoral derecho. Ahí
se quedó, apretando y sintiendo el latido acelerado.De repente, rompiendo con
la tranquilidad y la excitación inicial, el sonido de su celular empezó a
martillear mis oídos. Giré la cabeza hacia la mesita de noche, donde el móvil
vibraba y se iluminaba, clamando atención. Yunho no se inmutó. Siguió pasando
su lengua a lo largo de mi cuello. -Ignóralo… - me pidió, mordisqueándome la
oreja. Le agarré por la nuca y le besé otra vez, profundizando hasta casi la
garganta. El teléfono dejó de sonar cuando Yunho se alzó sobre sus rodillas, separándose
de mí, irguiéndose y dedicándose a hacer chocar su pelvis contra mi culo, cada
vez más rápido. Podía sentir el tacto del lubricante empapando su entrepierna y
salpicando las sábanas. Con un brazo me alzó el culo hasta ponerlo a la par con
el suyo y con la mano libre, me la agarró y me la sacudió bestialmente, a una
velocidad y con una fuerza devastadora. El presemen me salpicó el pecho
enseguida. Estiré los brazos y me agarré a su trasero, empujándolo hacia mí,
pidiéndole más profundidad, más dureza en la recta final, ¡Menos sutilezas y
más guarradas y dominación! Arqueando la espalda y estirando el cuello, casi
pude ver las estrellas.En su lugar vi el móvil iluminándose otra vez. Me
desconcentré. Yunho dejó escapar un grito animal antes de inclinarse para coger
el móvil dando un manotazo en la mesa.
-¿¡Qué!? – contestó, de mala gana. -
¿La hora? ¿De qué coño hablas? – escuché la voz alterada de Max al otro
lado de la línea, preguntando si había pasado algo para no haber llegado
a su hora al lugar indicado. Yunho miró el despertador de la mesita y yo le
imité, girando la cabeza hacia allí. Eran las once y media. – Vaya… se me ha
pasado… - La respiración entrecortada se le notaba un montón y más se le
notaría si no rompía la penetración, cosa que no hizo. Me la clavó hasta al
fondo y ahí se quedó, con el móvil en la mano. Dediqué los siguientes segundos
a relajar mi acelerada respiración y a sentir el grosor de la hombría de Yunho
perfectamente encajada en mis entrañas. Relajé las piernas y descansé los
músculos tensos de mi cuerpo. Tener sexo era más agotador que hacer flexiones,
desde luego, pero mucho mejor. - ¿Qué? ¿Ahora? – preguntó Yunho , en tono medio
resignado. – Ya… ya lo sé… ahora… ahora voy… - en cuanto escuché esa decisión
la tensión volvió a mí. Noté como Yunho se movía un poco, haciendo amago de
romper la penetración y yo, en un acto reflejo para nada premeditado, le agarré
el brazo.Yunho me miró a los ojos. Algo preocupante tuvo que ver para
desencajar la expresión de placer y cambiarla por una de remordimientos.-No… no
vayas… - gimoteé. No quería que me malentendiera. Quedarme a la mitad en esa
sesión de sexo me daba igual. El problema era que no podría pegar ojo en toda
la noche sabiendo que estaba ahí afuera, peleándose con personas peligrosas y
armadas hasta las trancas con el abdomen desgarrado por un tiro reciente. Si
pasaba algo, Yunho no podría correr ni tampoco hacer uso de todas sus
facultades físicas. Era una locura salir a cazar villanos así. – No vayas…
quédate conmigo… por favor. – pedí egoístamente. Oí gritos y música retumbar en
los altavoces del móvil, pidiendo respuestas. Yunho no dijo nada. Se mantuvo
callado durante largo rato, sin desviar la mirada un instante de mí. Sentí que
estaba pasando algo importante por su cabeza en ese momento. Apreté aún más su
brazo apoyado en el colchón, a un lado de mi cintura.
-Max… - habló por fin, con tono
sumamente relajado. – No voy a ir. – decretó y no esperó una respuesta. Cerró
el móvil y lo apagó. Yunho últimamente se tomaba muy en serio mis peticiones y
quejas, pero nunca me hubiera esperado que accediera tan fácilmente a una de
mis súplicas cuando sus amigos, su trabajo y su responsabilidad estaban en
juego. Cuando dejó caer el teléfono en el suelo sin ningún cuidado apartándolo
de nosotros, me di cuenta del nuevo orden que le había dado a sus prioridades.
Un orden que estaba seguro de que lo metería en problemas. No sólo yo. Él
también sabía que el nuevo valor que le estaba dando a las personas más
cercanas a él podría sentenciarlo y aún así, parecía haberse resignado a él.No
estaba seguro de qué o quién era el primero en su lista de prioridades, pero
estaba seguro de que yo había ascendido unos cuantos escalones.
-¿Te acuerdas de cuando te pregunté
qué sentías al penetrarme? – le pregunté sin dejar que se moviera, obligándole
a mantener la misma posición de penetración, hasta el fondo de mí.
-Sí.
-¿Alguna vez te has preguntado lo
que siento yo?
-Sí.
-¿Quieres saberlo?- No contestó. -Te
siento cerca, más cerca que cualquier otra persona. Nunca estaré tan cerca de
tocar el alma de una persona como lo estoy ahora de tocar la tuya… y está
manchada. – Yunho tragó saliva y bajó la cabeza. Me dio la remota sensación de
que se sentía avergonzado.
-No quiero ensuciarte.
-Ni yo limpiarte. Esas manchas te
hacen ser como eres. No es tan malo tenerlas… A mí me gustan.
-Muñeco…
-¿Qué? – apoyó la frente en mi
pecho.
-Eres la criatura más rara que he
visto en mi vida. Me puedes… puedes conmigo… ya… uff… me doy por vencido.
-¿Debería preguntarte lo que
significa eso?
-No te lo diría.
-Me hubiera gustado tenerte como
hermano, Yunho. Solo como hermano. Tienes que ser genial. – no respondió.No
estuvimos toda la noche haciéndolo ni nada parecido. Terminamos con algún que
otro esfuerzo y el orgasmo no fue nada del otro mundo. Fue dulce, pringoso y
satisfactorio. No hacía falta más. Al poco rato me quedé dormido. Yunho no dijo
ni una palabra después de correrse y yo no intenté forzar una conversación. Él
parecía estar ensimismado, así que lo dejé con sus pensamientos mientras yo me
sumergía en un profundo sueño reparador.Si hubiera sabido lo que pasaría al día
siguiente habría estado mucho más comunicativo y mimoso; me habría abrazado a
Yunho y no le hubiera soltado en toda la noche. Pero no era adivino y no tenía
forma alguna de adivinar que el día siguiente… sería decisivo y destructivo
para los dos.
