martes, 22 de enero de 2013

Capitulo 62 [2]




By Jaejoong.


-Necesito que me digas una vez más por qué demonios estás en mi habitación a estas horas y por qué yo te lo permito. – Yo, embutido en el albornoz negro (pijada total, pero ¡cómo molaba!) y recién salido de la ducha, con el pelo todavía empapado, con la galleta de coco en la boca y apretando el joystick analógico del mando de la Play Station 3, pulsé pausa antes de girar la cabeza hacia Hyun. La imagen se congeló en la pantalla plana. Jin Kazama golpeaba a Heihachi Mishima con una patada lateral y el viejo especialista en artes marciales caía al suelo de espaldas dándose un golpe bestial contra el asfalto.

-¿Eh? – murmuré.

-¿Por qué no te vas a la otra habitación y juegas allí a la Play? Es tarde y estoy intentando estudiar ¿sabes? – observé el libro de farmacología que el Príncipe tenía en sus manos. Sentado en una silla frente a su escritorio con el pelo lejos de la cara gracias a la sujeción de una diadema blanca. Parecía de todo menos el tan orgulloso aspirante a enfermero con el que me peleaba a menudo. Aún así, su mueca de desprecio no había quien la borrara.

Volví a fijar mi atención en el videojuego y pulsé Start. Jin Kazama empezó a patear a Heihachi. Sobraba decir que yo era quien manejaba a Jin.

-Pues verás… estoy aburrido en mi cuarto. Allí no hay Play Station y aunque la hubiera, es más divertido jugar con alguien ¿no? mañana no tengo que trabajar, así que no me importa acostarme tarde y además… ¡me siento muy solo en un cuarto tan grande! – dramaticé y Hyun puso los ojos en blanco. – Oye ¿por qué no dejas de estudiar un rato y juegas conmigo? Así descansas un poco. – le pasé el otro mando inalámbrico, pero Hyun me dio la espalda y volvió a enzarzarse en una lectura tediosa sobre fármacos. Yo me encogí de hombros y seguí dándole una paliza al personaje contrario. - ¡Mira, te voy a pasar la historia de Jin! Si quieres te paso la de los demás, se me dan muy bien los juegos de peleas. ¡Siempre le gano a Yunho!

-¿Cómo vas con el tobillo? – mi pierna, recientemente vendada había adquirido un tono morado los días anteriores, pero poco a poco se había ido recuperando hasta apenas molestarme al andar. Aún así procuraba no hacer movimientos muy bruscos.

-Genial. Serás un buen médico.

-Enfermero.

-Enfermero… pero ¿estudias las dos carreras?

-Me haré cargo del hospital provincial de Busan cuando sea mayor para sustituir a mi padre, así que estudio un poco de todo. Pero lo que más me gusta es enfermería.

-Uff, debe ser muy estresante.

-No. Bueno… da igual. Hay cosas peores.

-¿Cómo cuáles? – Hyun se quedó callado durante unos segundos. Pensé que había decidido pasar de mí para concentrarse de nuevo en sus estudios y bajé el sonido de la tele para no distraerle, pero entonces se dio la vuelta y me miró con el ceño fruncido. Perdí el combate contra Nina.

-¿No estás preocupado ni un poco?

-¿Preocupado? ¿Por qué?

-Sabes bien por qué. – con la cabeza gacha, apreté aún más el mando de la consola.

Sabía bien a lo que se refería, pero intentaba no pensar mucho en ello y por eso buscaba todo tipo de distracciones aunque estas incluyeran cabrear a Hyun.

Había pasado el tiempo, no mucho, pero el suficiente como para apreciar que algo extraño estaba ocurriendo en los barrios bajos. Hyun no me daba detalles, pero me enteraba por otras personas sobre las palizas, el destrozo de propiedades de los Encadenados y varias cosas más. No había habido ninguna otra muerte. Yo hacía como que no me daba cuenta de lo que ocurría y Yunho disimulaba a la perfección. Pronto se daría cuenta de lo nervioso que me ponía esa situación.

Yunho tenía tanto lío que no habíamos podido arreglar nuestra casa todavía. Yo me había ofrecido numerosas veces a ocuparme de arreglarla con ayuda de algún especialista, pero Yunho se negaba en redondo. Después del destrozo ocasionado no había vuelto a pisar los barrios bajos excepto para ir a casa de Ricky, y eso que Heidi me llevaba en coche y me traía también en coche, sino tampoco habría ido. Normalmente me habría negado aceptar esa orden de Yunho, pero lo cierto era que a mí también me daba miedo pisar los barrios bajos después de todo lo que había oído, así que acataba la orden en silencio.

Me aburría mucho en casa de Hyun. Por las mañanas no sabía qué hacer. Yunho dormía como un mocoso hasta las dos de la tarde, pero a veces no venía a dormir y yo me quedaba solo la mayor parte del tiempo. ¿Qué hacía? Por vergüenza no salía de la habitación, así que o veía la tele o me ponía a dibujar, pero lo que más hacía era ejercicio. Cuando me levantaba, presionado por el aburrimiento y el estar encerrado en una casa tan grande, salía a andar con Scotty por los barrios altos. Así investigaba también qué es lo que había por allí. Cada día podía andar más rápido, resistiéndome a echar a correr para darle un margen de recuperación a mi tobillo herido. Mis piernas estaban recuperando fuerza y resistencia. La diferencia entre los barrios altos y los bajos era devastadora, como separar Somalia de New York. No me sorprendió ni me costó moverme por allí ya que Seul era muy parecida a Busan en lo que a lujos se refiere. Lo que más raro se me hacía eran los cientos de escaparates de tiendas de ropa, joyas, maquillaje y demás que veía y… cómo pasaba de largo sin llamarme la atención todo aquel lujo.

Tenía muy poca ropa. Un chándal oscuro, tres pantalones vaqueros y cinco camisetas. Toda esa ropa la había comprado en un mercadillo o en una tienda barata de la ciudad, casi imperceptible.

¿Qué era lo que más me gustaba de los barrios altos? Que había descubierto que no necesitaba nada de ellos, ni ropa cara, ni joyas, ni maquillaje, ni complementos, ni zapatos… cosas por las que hubiera dado millones ya no me interesaban lo más mínimo. ¿Qué más me gustaba? El respeto e incluso miedo que provocaba en determinadas personas y la agresividad que había adquirido sin darme cuenta. Por supuesto, yo no era especialmente macarra, pero hacía meses nunca le habría plantado cara de esa manera a un grupo de chavales relativamente grande.

Eso era lo que me dedicaba a hacer en los altos. Mucho ejercicio y largos paseos por la calle. Con Yunho quedaba cada vez menos, pero nos veíamos casi todas las noches y en la mayoría de ellas teníamos agradables momentos de sexo. Por supuesto, no había día que no habláramos, aunque fuera por teléfono.

Yunho estaba muy ocupado y cansado y cuando volvía, se pasaba horas delante de un montón de papelajos, leyendo, escribiendo y haciendo cuentas mentalmente. Necesitábamos un portátil, pero él prefería mantenerlo todo a mano en varias carpetas que escondía bajo el escritorio. Me preguntaba qué contendrían.

La última vez que Yunho y yo tuvimos una cita fue cuando fuimos al cine a ver Gremlins. Después de verla, me dejó con Hyun y se fue.

Y ahora el Príncipe me preguntaba si estaba preocupado. ¿Sólo preocupado? Era un maldito manojo de nervios y no solo yo. Notaba la tensión de Yunho cada vez mayor, su creciente incertidumbre hacia lo que estaba ocurriendo. No parecía entender gran cosa, ni él ni nadie. Solo sabía que de repente un número de personas más o menos grande, estaban en su contra y qué mejor forma de demostrarlo que herir a los suyos.

-Estoy preocupado, sí. Pero puedo soportarlo. – admití y seguí jugando, masacrando a Nina en la segunda ronda de Tekken. Había aprendido un truco nuevo para superar mejor cualquier adversidad y lo llevaba desarrollando tiempo atrás, desde que decidí quedarme en Busan definitivamente. El truco consistía en no demostrar abiertamente lo que sentía. Tranquilidad y represión, eso.

-Oye… cada día te pareces más a tu hermano ¿sabes?

-¿Y eso es malo?

-No lo sé.

-Yo tampoco. – al derrotar a Nina, mi siguiente contrincante era Kazuya, el padre de Jin. Sentí algo parecido a la melancolía cuando padre e hijo se vieron obligados a pelearse por alcanzar el Puño de Hierro. - ¿Por qué dices que me parezco a mi hermano? – pregunté. Hyun se encogió de hombros.

-Por el carácter, supongo. Cuando te vi por primera vez pensé que eras un blandengue y que no durarías ni dos días en Busan, pero… ahora eres algo así como fuerte. Estás más gordo ¿no?

-No estoy gordo, estoy… normal. Creo. – me palpé la barriga con las manos y me encontré con una masa dura y difícil de atravesar. Bueno, aunque hubiera tenido michelines me daría igual. Me sentía bien conmigo mismo después de todo ese ejercicio.

Hacía calor. El teléfono de Hyun sonó. Me distraje y Jimpachi Mishima tumbó a Jin de una patada.

-¡Mierda!

-Eh, no grites, que hay gente durmiendo.

-Perdón, perdón. – Hyun agarró su móvil, uno de última generación, táctil y tan grande como una agenda electrónica. Curioso, desvié mi atención del combate un momento y analicé su expresión. Primero se puso colorado, luego frunció el ceño y bufó con asco antes de tirar el móvil encima de la cama con mala uva. - ¿Pasa algo?

-Nada importante. Han rechazado mi petición de acceso a los análisis de las autopsias. Creo que me he metido en un problema.

-¿Un problema? Pues parecías contento.

-No estoy contento.

-Te has puesto rojo.

-¡No…! ¿Y a ti qué te importa?

-¡Es que me aburro! Hace días que no cotilleo con Ricky sobre nada. ¿Quién te ha mandado el mensaje? No me digas que tienes novio… ah, no… que te gusta el mío. – le piqué y él, muy digno, me giró la cara.

-Para que te enteres, Yunho ya no me interesa.

-¿En serio? Bueno, tampoco es que me importe. Total, Yunho solo tiene ojos para mí. – era una afirmación presuntuosa más que cierta porque obviamente, Yunho no era de piedra, pero me apetecía tocarle las narices a Hyun. Como pasaba la mayor parte del tiempo solo, tenía muchas horas de habla contenida.

-Deberías tener cuidado, Jaejoong. No sé tú, pero yo estaría celoso.

-¿Celoso por qué? ¡Ja, muere Anna, muere!

-Porque Yunho ahora pasa más tiempo con los Encadenados que contigo y en el lote de Encadenados entra Max, tu buen amigo.

Entonces, el personaje de Anna remontó. Le dedicó a Jin una serie de combos  que yo fui incapaz de detener hasta que mi querido japonés amante de la lucha cayó al suelo, fuera de combate, completamente KO. Así me había quedado yo, en Game Over.

-M-Max…

-Sí, Max. No me digas que no habías pensado antes en eso.

-No… ¡No había pensado en eso! –  me invadió una repentina histeria interior. De hecho, incluso me mareé pensando en Max, ese jodido tan simpático que me había declarado la guerra  por tirarme a su “novio”. ¡Oh, qué mal sonaba eso! ¿En serio le había quitado a su novio? Es decir, ¿era una de esas personas que robaba parejas ajenas, al que le iban los hombres casados y los amores difíciles?

Ya me lo imaginaba. Max estaría siempre cerca de Yunho, pegado a él, aconsejándolo sobre lo que tenía que hacer y, de paso, intentando seducirlo. Eso no me hacía ni pizca de gracia. No es que me sintiera intimidado, pero no creo que a nadie le gustara que otra persona intentara ligarse a su pareja. Fue entonces cuando sentí auténticas ganas de hablar con Yunho para comprobar que estaba bien, aunque fuera la una de la noche y él me hubiera pedido que intentara llamar lo menos posible, que utilizara más los mensajes que las llamadas para no distraerlo demasiado. ¿Quizás hubiera una razón oculta para ello? ¿Tal vez me había pedido que le llamara poco para no interrumpirle mientras estaba con Max?

No, imposible. ¿Verdad?d

-Voy a llamar a Yunho.

-¿Qué pasa? ¿No soportas un poco de competencia, Muñeco? – picado, le dirigí una mirada fulminante.

-¿Por qué debería? Yunho tiene muy claras sus preferencias.

-Pues parece que eso no lo tienes tan claro. – Sonrió. Hice una mueca.

-¿Y qué sabrás tú?

-Sé mucho más que tú sobre las costumbres de Yunho y creo que puedo decir con certeza que no es alguien de quien te puedas fiar. No le gusta sentirse atado a nadie ¿sabes? Ni que le den órdenes. Eso le repugna. – encogí la cara. Eso lo sabía, pero yo nunca le ordenaba nada y cuando lo hacía, Yunho elegía si estaba dispuesto a obedecer o a ignorarme. Sobraba decir que la mayoría de las veces no me hacía caso… aunque últimamente, Yunho siempre cumplía con lo que le ordenaba o pedía, a veces sin rechistar.

-Hum… - no dije nada, sintiéndome incómodo en cuanto Hyun se sumió en un intenso silencio, pero sin apartar la mirada de mí, profunda y penetrante. Sus facciones se suavizaron cuando se dio la vuelta y en su silla giratoria, cruzó las piernas tan elegantemente como un noble lo haría.

-Es extraño.

-¿El qué?

-Que Yunho esté tan enamorado de alguien como tú. – me le quedé mirando, sin saber muy bien qué decir. – Parece que eso te pilla por sorpresa, Muñeco.

-Es que te equivocas. Yo solo le gusto. – el Príncipe se rió y giró la cara de un lado a otro.

-Si comparas su comportamiento con el Yunho que todos vemos y el Yunho que está junto a ti, la diferencia es tan nítida que hace hasta gracia. Tú no lo notas porque no lo ves desde la perspectiva de un Encadenado, si no desde la de su hermano/amante, pero si lo vieras a través de nuestros ojos, lo verías muy claro. Yunho es un hombre al que no le afecta nada, invulnerable… o al menos lo era. Supongo que no conoces el “límite”, esa línea divisoria que en cierto momento de tu vida puedes cruzar, esa que determina qué clase de hombre serás en el futuro. La mayoría de las personas no la cruzan, pero Yunho lo hizo hace mucho, mucho tiempo. ¿Sabes a qué clase de persona dio lugar ese cruce? – no contesté. No sabía a dónde quería llegar a parar. – Dio lugar a una persona que no teme a la muerte. ¿Sabes lo que eso significa? Significa que en el mundo no había nada que mereciera su atención, nada que mereciera la pena proteger y, si no tienes nada, no temes perder ese “nada”. Yunho se convirtió en el líder a los quince años por un único motivo… le daba igual vivir que morir. Kam no le cedió el puesto por su astucia ni por su fuerza, si no para dar un sentido a su vida insignificante, pero no lo consiguió. Yunho es tan temible porque su forma de pelear es la de una persona que no teme a nada ni nadie. ¿Sabes lo temible que es eso? Si no temes perder nada, no existe nada con lo que puedan mitigar tu ira, no existe un “hazlo por él, acuérdate de tu madre, él estaría orgulloso o un simple gracias”. Esas palabras no tienen sentido para Yunho, ninguno, y por eso nunca ha tenido un límite para odiar, para golpear, para masacrar, para matar. Ni siquiera el dolor físico le hacía retroceder porque el dolor de un cuerpo es mucho más fácil de llevar que el de una mente colapsada… y eso tú lo sabes mejor que nadie ¿no?

Bajé la mirada hasta mis brazos cubiertos de cicatrices. No me importaba que Hyun los viera. Había descubierto que en Busan las personas hacían cosas parecidas muy a menudo. Cada Encadenado tenía sus manías en ese sentido y por ello yo no debía abochornarme por las mías.

-¿A dónde quieres ir a parar contándome eso? – El Príncipe se encogió de hombros, sonriendo con malicia.

-Quiero hacerte saber cuánto le importas a Yunho, Muñeco. Solo eso. – mudo, me encogí de hombros sin creer mucho de lo oído, pero sin entender por qué Hyun, el que había sido hasta hacía un poco un rival a tener en cuenta, se molestaba en decirme cuanto me apreciaba el objeto de su deseo. ¿Había dicho la verdad admitiendo que Yunho ya no le importaba? No me fiaba, pero tampoco rechazaba esa posibilidad. Lo cierto era que Max me inspiraba mucha más confianza que ese aspirante a médico de ojos cargados de desdén.

-Pues… gracias. Creo que volveré a mi cuarto a esperar a Yunho. No quiero molestarte si estás estudiando.

-Bueno, ya lo has hecho, pero aprecio que te hayas dado cuenta de ello. Pero… Jaejoong… La persona que me ha mandado el mensaje es alguien importante del hospital provincial. – le observé con cierta incertidumbre al ver que se quedaba callado.

-¿Y? – su rostro se ensombreció.

-Conseguir los resultados de la autopsia no va a ser fácil y si alguien me pilla… tendré problemas.

-¿Problemas? Pero tu padre es el director del hospital ¿no?

-No me refiero a esa clase de problemas, si no a otros. Es… difícil de explicar. ¿Podrías acompañarme? Sé que no me vas a ser de gran ayuda, pero… es una cuestión de apoyo moral, más bien. – Hyun bajó la cabeza hasta su móvil, sombrío. Vi claramente como un escalofrío le atizaba la espalda, pero no de frío, sino de miedo. Así que asentí.

-Claro. Iré.

-Bien… ya puedes largarte.

-Oye, que te voy a ayudar, ya podrías darme las gracias al menos.

-Jaejoong…

-¿Qué?

-No solo te pareces a tu hermano en el carácter. No me había dado cuenta hasta ahora de lo que os parecéis en la cara. – ah, bueno ¿y qué quería decir con eso? Me quedé callado e hice como que no le había oído. La incomodidad me estaba estresando. ¿Qué hacía, me iba, me quedaba o me tiraba por la ventana? Hyun solo parecía contento con la tercera opción, la cuál yo tampoco tenía muy clara. De repente, se bajó de la silla giratoria y se sentó a mi lado, muy cerca. Pensé que quizá quería jugar al Tekken, así que le pasé el otro mando. Él se lo quedó mirando, sin cogerlo. Luego me miró a mí, a los ojos, tan fijamente que tuve que girar la cara. – Voy a probar una cosa. Estate quieto. – me quedé quieto, intentando clavar la atención en el siguiente combate. Jin contra Asuka Kazama, la que daba unas patadas increíbles. Empecé bien, golpeándola sin darle tregua… hasta que Hyun me dio un beso en la comisura de los labios. Entonces, el mando se me escurrió de las manos y Asuka empezó a darme patadas de lo lindo hasta que Jin acabó tirado en el suelo, boca arriba, KO. Igual que yo, con Hyun encima a cuatro patas, mirándome con la frente arrugada, como si fuera un espécimen de laboratorio, una posible vacuna contra el SIDA o algo parecido.

-Hyun… ¿qué haces? – murmuré, más que nervioso al ver como se inclinaba encima de mí.

-Estoy comprobando una cosa.

-¿El qué exactamente?

-Cállate.

-¿Es que quieres saber cómo de profunda es mi garganta o qué? Porque me está dando esa impresión.

-¿Te quieres callar, Muñeco? – giré la cara, más que poco dispuesto a dejarme besar por él. A Hyun se le había ido la pinza, claro. Quizás llevaba mucho tiempo sin tener sexo y los hombres, claro, son los hombres, con sus necesidades sexuales y su todo, pero aún así, la situación no me convencía en absoluto, así que con cara de pocker, intenté apartarme de él todo lo posible al ver sus labios tan cerca de los míos.

Eso tenía que ser una broma de mal gusto.

-Quiero saber por qué Yunho está tan enamorado de ti.

-Ah… - ¿y a mí qué me cuentas, pedazo de ninfómano? - ¿Te has olvidado de que tú y yo nos llevamos a muerte, de que Yunho es muy celoso, de que soy Jaejoong, el idiota que te quitó a…? – entonces me dio un pico. Fue eso, no más, un choque de labios que apenas duró tres segundos. Luego, Hyun apartó la cara de mí y yo le observé como si fuera un mono verde con un pañal negro (¿por qué los pañales siempre son blancos?).

Sí, eso me pregunté, por muy raro que parezca, en esa ocasión.

Entonces, alguien abrió la puerta y la casualidad y la mala fortuna hizo el resto. Yunho hizo acto de aparición. No me lo esperaba. Solía venir a las cinco como poco y no frecuentaba la habitación de Hyun, que yo supiera.

Yo no hice gran cosa y él tampoco. Se nos quedó mirando con una ceja alzada hasta que Hyun se incorporó y se apartó de mí. Como si no hubiera pasado nada, se sentó en su silla y volvió la cara al escritorio. ¡Ups, y encima vacilando! Eso había terminado de desconcertarme.

-¿Es que no teníais pensado avisarme para el trío? – preguntó Yunho, tomándoselo a broma. Bueno, era una alternativa a un ataque asesino.

-No es un trío. Ha sido una prueba. – declaró Hyun.

-Ya. – esperé que Yunho dijera algo más, no por sarna, si no por costumbre, pero cuando alcé la cabeza buscando una reacción más acorde con su personalidad, solo encontré seriedad y una descarga de malas vibraciones. No estaba de humor para bromas.

-¿Por fin has llegado al límite? – le pregunté y él pestañeó. Me miró como si por primera vez me hubiera visto desde que había abierto la puerta, me observó con ojos cansados durante un buen rato y luego, forzó una sonrisa.

-¿Qué hacías?

-Jugaba al Tekken. Me aburro mucho durante el día y…

-¿Cómo va tu tobillo? – me interrumpió.

-Perfectamente.

-Ah. – no dijo nada más. Eso era lo más raro que había hecho desde hacía semanas, o quizás meses, o quizás desde que lo conocía. La tensión le inflaba los músculos de la cara. Se le notaba a leguas que algo le pasaba, le distraía.

-¿Te pasa algo? – Yunho negó, medio ido.

-Nada. – se sentó en el suelo, a mi lado.

-¿Quieres jugar? – Yunho alzó un brazo para agarrar el mando que le ofrecía y noté como encogía el abdomen un poco. Apretó los dientes y se le hincharon aún más los pómulos.

-Jaejoong. – me llamó Hyun. - ¿Por qué no te vas a jugar a tu cuarto?

-Pero allí no hay Play.

-Le diré a Shizuka que te la lleve si quieres ¿vale? – no muy convencido, asentí con la cabeza y me dirigí hacia la puerta. No le dije a Yunho que viniera porque era obvio que el que sobraba era yo. Esos dos, como compinches en la extraña rebelión alocada que se estaba formando en los barrios bajos, tenían que hablar de algo que era mejor que yo no supiera, pero que no tardaría en descubrir por terceras personas. Era inútil quedarme sabiendo que molestaba y no le sacaría la más mínima información a ninguno.

-Nos vemos luego. – le dije a Yunho, que asintió con muy mala cara.

-¿Sabes? No me esperes despierto. Quizás tenga que irme dentro de un rato.

-Oh, vale. Ten cuidado. – cerré la puerta y me dirigí hacia mi cuarto echando pestes. Lo cierto era que me molestaba que no contaran conmigo para nada ¡con lo que yo me esforzaba por ser útil y ellos solo intentaban distraerme para que no tocara las narices, como si fuera un niño en medio de una conversación de adultos!

Lo decidí. Esa noche no habría sexo. Así Yunho se enteraría de cómo de duro era yo.

Claro, no habría sexo si volvía a nuestro cuarto después de hablar con Hyun lo que tuviera que hablar. Eso me hizo sentir culpable. Yunho estaba agotado, se le notaba y aún así saldría de nuevo esa misma noche a pelearse o a saber Dios sabía qué.

Cuando iba por la mitad del pasillo, haciendo muecas y retractándome en mis pensamientos, me di la vuelta de nuevo en busca de Yunho. Si no quería contármelo, de acuerdo, ya se lo sacaría yo a Ricky o a quién fuera, pero no me quedaba con la conciencia tranquila haciéndome el enfadado con él cuando tenía que irse a un lugar tan peligroso.

Agarré el pomo de la puerta del cuarto de Hyun y antes de abrir otra vez, pensando en qué decirle para mostrarle mi apoyo, oí un gemido lastimero al otro lado. La voz del Príncipe sonaba tranquila pero con cierto tono de reproche. Oí otro gemido más potente, casi sollozante, de puro dolor y una queja por parte de mi hermano. Curioso y un tanto alarmado, entreabrí la puerta sin hacer ruido, lo suficiente como para poder ver el interior. Yunho, de rodillas sobre el suelo y dándome la espalda, ni siquiera se dio cuenta de mi presencia. Hyun salió del baño de su cuarto con gasas y dos rollos de vendas. Los dejó en el suelo, al lado de mi hermano y entró al baño otra vez. Volvió con un botiquín de primeros auxilios bastante completo. Se arrodilló frente a Yunho y le dijo que alzara los brazos. Él obedeció y Hyun empezó a quitarle la camiseta muy suavemente. Eso me puso tan tenso como un palo.

-No, mejor no. Espera. – le dijo y volvió a soltar su camiseta. Abrió el botiquín de primeros auxilios y agarró unas tijeras médicas. Las acercó a Yunho y empezó a cortar su camiseta de abajo hacia arriba, muy despacio. – Ya está. Con cuidado. – entre los dos, apartaron la prenda desgarrada y la soltaron en el suelo.

Yo habría puesto el grito en el cielo sospechando de una infidelidad o algo parecido… si no me hubiera fijado en la camiseta ensangrentada.

-¡Aahh! – gritó Yunho. Hyun hacía algo en su pecho, pero yo no podía ver qué exactamente.

-Te ha arrancado un buen trozo de piel, eh. Esto debería verlo alguien más capacitado, Yunho. No estoy seguro si coserte servirá de algo. El agujero es grande, aunque no muy profundo, por suerte.

-Venga, no jodas, ¿no puedes hacerlo tú?

-Si lo coso y te estiras demasiado, se te soltarán los puntos. Además, se te puede infectar. Prefiero no arriesgar. ¿Vamos al hospital?

-¿Es muy grave? Si no, paso.

-Si se te infecta, será grave. – Yunho bufó. Agarró la camiseta ensangrentada y la apretó contra su abdomen. – Tienes suerte de que solo te haya rozado. Si te llega a dar de frente, no sé qué habría pasado.

-¿Suerte? No podré acercarme a Jaejoong en semanas.

-Mejor eso que estar muerto.

-Se va a preocupar.

-Pues díselo y punto.

-... No. No importa. Voy al hospital.

-Te acompaño. – Hyun se levantó del suelo. Yunho intentó levantarse, pero cuando estiró el cuerpo, volvió al suelo de rodillas con una mano en el abdomen. Se inclinó hasta que su frente rozó el mármol blanco, sin emitir un solo quejido. Una exagerada cantidad de sangre salpicó el suelo y yo me aparté, apoyando la espalda contra la pared con una mano en la boca, apunto de vomitar.

-¡No te muevas así, se te va abrir más la herida!

-Me duele…

-Vamos, no seas tan bruto. Uno, dos y… - los dos salieron de la habitación. El Príncipe rodeaba la cintura de mi hermano y Yunho se apoyaba en su hombro. Con la otra mano, apretaba fuertemente la herida, intentando parar la hemorragia. Por como la camiseta se teñía de rojo con cada paso que daba tenía la sensación de que no le servía de mucho.

Hyun me vio apoyado en la pared, pero no dijo nada. Yunho, con los ojos fuertemente cerrados, ni siquiera se dio cuenta. Las gotitas de sudor le empapaban los párpados.

Shizuka, la empleada, corrió hasta él y le ayudó a llevar a Yunho al garaje. Yo les seguí de cerca y cuando entre los dos consiguieron estirarlo en el asiento trasero del BMW de Hyun, él me dirigió una mirada tranquila. Luego, salieron hacia el hospital.

Yo me encerré en nuestro cuarto y vomité varias veces.

Luego, me puse a hacer abdominales. Llegué a ciento doce y luego, me tumbé en el suelo durante toda la noche.

Hacía meses que no lloraba a no ser que fuera de alegría. En situaciones de estrés supremo, me limitaba a cerrar la boca y a poner mala cara. Ya no había rastro de lágrimas pasara lo que pasara y aunque eso fuera bueno en parte, tenía un inconveniente.

Estaba rallando la insensibilidad, como Yunho había hecho siempre, sobrepasándola incluso.

Sí, cada vez me parecía más a él y él cada vez se parecía más a mí y no estaba seguro de que eso fuera algo bueno.