By Jaejoong.
-Necesito que me digas una vez más
por qué demonios estás en mi habitación a estas horas y por qué yo te lo
permito. – Yo, embutido en el albornoz negro (pijada total, pero ¡cómo molaba!)
y recién salido de la ducha, con el pelo todavía empapado, con la galleta de
coco en la boca y apretando el joystick analógico del mando de la Play Station
3, pulsé pausa antes de girar la cabeza hacia Hyun. La imagen se congeló en la
pantalla plana. Jin Kazama golpeaba a Heihachi Mishima con una patada lateral y
el viejo especialista en artes marciales caía al suelo de espaldas dándose un
golpe bestial contra el asfalto.
-¿Eh? – murmuré.
-¿Por qué no te vas a la otra
habitación y juegas allí a la Play? Es tarde y estoy intentando estudiar
¿sabes? – observé el libro de farmacología que el Príncipe tenía en sus manos.
Sentado en una silla frente a su escritorio con el pelo lejos de la cara
gracias a la sujeción de una diadema blanca. Parecía de todo menos el tan
orgulloso aspirante a enfermero con el que me peleaba a menudo. Aún así, su
mueca de desprecio no había quien la borrara.
Volví a fijar mi atención en el
videojuego y pulsé Start. Jin Kazama empezó a patear a Heihachi. Sobraba decir
que yo era quien manejaba a Jin.
-Pues verás… estoy aburrido en mi
cuarto. Allí no hay Play Station y aunque la hubiera, es más divertido jugar
con alguien ¿no? mañana no tengo que trabajar, así que no me importa acostarme
tarde y además… ¡me siento muy solo en un cuarto tan grande! – dramaticé y Hyun
puso los ojos en blanco. – Oye ¿por qué no dejas de estudiar un rato y juegas
conmigo? Así descansas un poco. – le pasé el otro mando inalámbrico, pero Hyun
me dio la espalda y volvió a enzarzarse en una lectura tediosa sobre fármacos.
Yo me encogí de hombros y seguí dándole una paliza al personaje contrario. -
¡Mira, te voy a pasar la historia de Jin! Si quieres te paso la de los demás,
se me dan muy bien los juegos de peleas. ¡Siempre le gano a Yunho!
-¿Cómo vas con el tobillo? – mi
pierna, recientemente vendada había adquirido un tono morado los días
anteriores, pero poco a poco se había ido recuperando hasta apenas molestarme
al andar. Aún así procuraba no hacer movimientos muy bruscos.
-Genial. Serás un buen médico.
-Enfermero.
-Enfermero… pero ¿estudias las dos
carreras?
-Me haré cargo del hospital
provincial de Busan cuando sea mayor para sustituir a mi padre, así que estudio
un poco de todo. Pero lo que más me gusta es enfermería.
-Uff, debe ser muy estresante.
-No. Bueno… da igual. Hay cosas
peores.
-¿Cómo cuáles? – Hyun se quedó
callado durante unos segundos. Pensé que había decidido pasar de mí para
concentrarse de nuevo en sus estudios y bajé el sonido de la tele para no
distraerle, pero entonces se dio la vuelta y me miró con el ceño fruncido.
Perdí el combate contra Nina.
-¿No estás preocupado ni un poco?
-¿Preocupado? ¿Por qué?
-Sabes bien por qué. – con la cabeza
gacha, apreté aún más el mando de la consola.
Sabía bien a lo que se refería, pero
intentaba no pensar mucho en ello y por eso buscaba todo tipo de distracciones
aunque estas incluyeran cabrear a Hyun.
Había pasado el tiempo, no mucho,
pero el suficiente como para apreciar que algo extraño estaba ocurriendo en los
barrios bajos. Hyun no me daba detalles, pero me enteraba por otras personas
sobre las palizas, el destrozo de propiedades de los Encadenados y varias cosas
más. No había habido ninguna otra muerte. Yo hacía como que no me daba cuenta
de lo que ocurría y Yunho disimulaba a la perfección. Pronto se daría cuenta de
lo nervioso que me ponía esa situación.
Yunho tenía tanto lío que no
habíamos podido arreglar nuestra casa todavía. Yo me había ofrecido numerosas
veces a ocuparme de arreglarla con ayuda de algún especialista, pero Yunho se
negaba en redondo. Después del destrozo ocasionado no había vuelto a pisar los
barrios bajos excepto para ir a casa de Ricky, y eso que Heidi me llevaba en
coche y me traía también en coche, sino tampoco habría ido. Normalmente me
habría negado aceptar esa orden de Yunho, pero lo cierto era que a mí también
me daba miedo pisar los barrios bajos después de todo lo que había oído, así
que acataba la orden en silencio.
Me aburría mucho en casa de Hyun.
Por las mañanas no sabía qué hacer. Yunho dormía como un mocoso hasta las dos
de la tarde, pero a veces no venía a dormir y yo me quedaba solo la mayor parte
del tiempo. ¿Qué hacía? Por vergüenza no salía de la habitación, así que o veía
la tele o me ponía a dibujar, pero lo que más hacía era ejercicio. Cuando me
levantaba, presionado por el aburrimiento y el estar encerrado en una casa tan
grande, salía a andar con Scotty por los barrios altos. Así investigaba también
qué es lo que había por allí. Cada día podía andar más rápido, resistiéndome a
echar a correr para darle un margen de recuperación a mi tobillo herido. Mis
piernas estaban recuperando fuerza y resistencia. La diferencia entre los
barrios altos y los bajos era devastadora, como separar Somalia de New York. No
me sorprendió ni me costó moverme por allí ya que Seul era muy parecida a Busan
en lo que a lujos se refiere. Lo que más raro se me hacía eran los cientos de
escaparates de tiendas de ropa, joyas, maquillaje y demás que veía y… cómo pasaba
de largo sin llamarme la atención todo aquel lujo.
Tenía muy poca ropa. Un chándal
oscuro, tres pantalones vaqueros y cinco camisetas. Toda esa ropa la había
comprado en un mercadillo o en una tienda barata de la ciudad, casi
imperceptible.
¿Qué era lo que más me gustaba de
los barrios altos? Que había descubierto que no necesitaba nada de ellos, ni
ropa cara, ni joyas, ni maquillaje, ni complementos, ni zapatos… cosas por las
que hubiera dado millones ya no me interesaban lo más mínimo. ¿Qué más me gustaba?
El respeto e incluso miedo que provocaba en determinadas personas y la
agresividad que había adquirido sin darme cuenta. Por supuesto, yo no era
especialmente macarra, pero hacía meses nunca le habría plantado cara de esa
manera a un grupo de chavales relativamente grande.
Eso era lo que me dedicaba a hacer
en los altos. Mucho ejercicio y largos paseos por la calle. Con Yunho quedaba
cada vez menos, pero nos veíamos casi todas las noches y en la mayoría de ellas
teníamos agradables momentos de sexo. Por supuesto, no había día que no
habláramos, aunque fuera por teléfono.
Yunho estaba muy ocupado y cansado y
cuando volvía, se pasaba horas delante de un montón de papelajos, leyendo,
escribiendo y haciendo cuentas mentalmente. Necesitábamos un portátil, pero él
prefería mantenerlo todo a mano en varias carpetas que escondía bajo el
escritorio. Me preguntaba qué contendrían.
La última vez que Yunho y yo tuvimos
una cita fue cuando fuimos al cine a ver Gremlins. Después de verla, me dejó
con Hyun y se fue.
Y ahora el Príncipe me preguntaba si
estaba preocupado. ¿Sólo preocupado? Era un maldito manojo de nervios y no solo
yo. Notaba la tensión de Yunho cada vez mayor, su creciente incertidumbre hacia
lo que estaba ocurriendo. No parecía entender gran cosa, ni él ni nadie. Solo
sabía que de repente un número de personas más o menos grande, estaban en su
contra y qué mejor forma de demostrarlo que herir a los suyos.
-Estoy preocupado, sí. Pero puedo
soportarlo. – admití y seguí jugando, masacrando a Nina en la segunda ronda de
Tekken. Había aprendido un truco nuevo para superar mejor cualquier adversidad
y lo llevaba desarrollando tiempo atrás, desde que decidí quedarme en Busan
definitivamente. El truco consistía en no demostrar abiertamente lo que sentía.
Tranquilidad y represión, eso.
-Oye… cada día te pareces más a tu
hermano ¿sabes?
-¿Y eso es malo?
-No lo sé.
-Yo tampoco. – al derrotar a Nina,
mi siguiente contrincante era Kazuya, el padre de Jin. Sentí algo parecido a la
melancolía cuando padre e hijo se vieron obligados a pelearse por alcanzar el
Puño de Hierro. - ¿Por qué dices que me parezco a mi hermano? – pregunté. Hyun
se encogió de hombros.
-Por el carácter, supongo. Cuando te
vi por primera vez pensé que eras un blandengue y que no durarías ni dos días
en Busan, pero… ahora eres algo así como fuerte. Estás más gordo ¿no?
-No estoy gordo, estoy… normal.
Creo. – me palpé la barriga con las manos y me encontré con una masa dura y
difícil de atravesar. Bueno, aunque hubiera tenido michelines me daría igual.
Me sentía bien conmigo mismo después de todo ese ejercicio.
Hacía calor. El teléfono de Hyun
sonó. Me distraje y Jimpachi Mishima tumbó a Jin de una patada.
-¡Mierda!
-Eh, no grites, que hay gente
durmiendo.
-Perdón, perdón. – Hyun agarró su
móvil, uno de última generación, táctil y tan grande como una agenda
electrónica. Curioso, desvié mi atención del combate un momento y analicé su
expresión. Primero se puso colorado, luego frunció el ceño y bufó con asco
antes de tirar el móvil encima de la cama con mala uva. - ¿Pasa algo?
-Nada importante. Han rechazado mi
petición de acceso a los análisis de las autopsias. Creo que me he metido en un
problema.
-¿Un problema? Pues parecías
contento.
-No estoy contento.
-Te has puesto rojo.
-¡No…! ¿Y a ti qué te importa?
-¡Es que me aburro! Hace días que no
cotilleo con Ricky sobre nada. ¿Quién te ha mandado el mensaje? No me digas que
tienes novio… ah, no… que te gusta el mío. – le piqué y él, muy digno, me giró
la cara.
-Para que te enteres, Yunho ya no me
interesa.
-¿En serio? Bueno, tampoco es que me
importe. Total, Yunho solo tiene ojos para mí. – era una afirmación presuntuosa
más que cierta porque obviamente, Yunho no era de piedra, pero me apetecía
tocarle las narices a Hyun. Como pasaba la mayor parte del tiempo solo, tenía
muchas horas de habla contenida.
-Deberías tener cuidado, Jaejoong.
No sé tú, pero yo estaría celoso.
-¿Celoso por qué? ¡Ja, muere Anna,
muere!
-Porque Yunho ahora pasa más tiempo
con los Encadenados que contigo y en el lote de Encadenados entra Max, tu buen
amigo.
Entonces, el personaje de Anna
remontó. Le dedicó a Jin una serie de combos que yo fui incapaz de
detener hasta que mi querido japonés amante de la lucha cayó al suelo, fuera de
combate, completamente KO. Así me había quedado yo, en Game Over.
-M-Max…
-Sí, Max. No me digas que no habías
pensado antes en eso.
-No… ¡No había pensado en eso! –
me invadió una repentina histeria interior. De hecho, incluso me mareé
pensando en Max, ese jodido tan simpático que me había declarado la
guerra por tirarme a su “novio”. ¡Oh, qué mal sonaba eso! ¿En serio le
había quitado a su novio? Es decir, ¿era una de esas personas que robaba
parejas ajenas, al que le iban los hombres casados y los amores difíciles?
Ya me lo imaginaba. Max estaría
siempre cerca de Yunho, pegado a él, aconsejándolo sobre lo que tenía que hacer
y, de paso, intentando seducirlo. Eso no me hacía ni pizca de gracia. No es que
me sintiera intimidado, pero no creo que a nadie le gustara que otra persona
intentara ligarse a su pareja. Fue entonces cuando sentí auténticas ganas de
hablar con Yunho para comprobar que estaba bien, aunque fuera la una de la
noche y él me hubiera pedido que intentara llamar lo menos posible, que
utilizara más los mensajes que las llamadas para no distraerlo demasiado.
¿Quizás hubiera una razón oculta para ello? ¿Tal vez me había pedido que le
llamara poco para no interrumpirle mientras estaba con Max?
No, imposible. ¿Verdad?d
-Voy a llamar a Yunho.
-¿Qué pasa? ¿No soportas un poco de
competencia, Muñeco? – picado, le dirigí una mirada fulminante.
-¿Por qué debería? Yunho tiene muy
claras sus preferencias.
-Pues parece que eso no lo tienes
tan claro. – Sonrió. Hice una mueca.
-¿Y qué sabrás tú?
-Sé mucho más que tú sobre las
costumbres de Yunho y creo que puedo decir con certeza que no es alguien de
quien te puedas fiar. No le gusta sentirse atado a nadie ¿sabes? Ni que le den
órdenes. Eso le repugna. – encogí la cara. Eso lo sabía, pero yo nunca le
ordenaba nada y cuando lo hacía, Yunho elegía si estaba dispuesto a obedecer o
a ignorarme. Sobraba decir que la mayoría de las veces no me hacía caso… aunque
últimamente, Yunho siempre cumplía con lo que le ordenaba o pedía, a veces sin
rechistar.
-Hum… - no dije nada, sintiéndome
incómodo en cuanto Hyun se sumió en un intenso silencio, pero sin apartar la
mirada de mí, profunda y penetrante. Sus facciones se suavizaron cuando se dio
la vuelta y en su silla giratoria, cruzó las piernas tan elegantemente como un
noble lo haría.
-Es extraño.
-¿El qué?
-Que Yunho esté tan enamorado de
alguien como tú. – me le quedé mirando, sin saber muy bien qué decir. – Parece
que eso te pilla por sorpresa, Muñeco.
-Es que te equivocas. Yo solo le
gusto. – el Príncipe se rió y giró la cara de un lado a otro.
-Si comparas su comportamiento con
el Yunho que todos vemos y el Yunho que está junto a ti, la diferencia es tan
nítida que hace hasta gracia. Tú no lo notas porque no lo ves desde la perspectiva
de un Encadenado, si no desde la de su hermano/amante, pero si lo vieras a
través de nuestros ojos, lo verías muy claro. Yunho es un hombre al que no le
afecta nada, invulnerable… o al menos lo era. Supongo que no conoces el
“límite”, esa línea divisoria que en cierto momento de tu vida puedes cruzar,
esa que determina qué clase de hombre serás en el futuro. La mayoría de las
personas no la cruzan, pero Yunho lo hizo hace mucho, mucho tiempo. ¿Sabes a
qué clase de persona dio lugar ese cruce? – no contesté. No sabía a dónde
quería llegar a parar. – Dio lugar a una persona que no teme a la muerte.
¿Sabes lo que eso significa? Significa que en el mundo no había nada que
mereciera su atención, nada que mereciera la pena proteger y, si no tienes
nada, no temes perder ese “nada”. Yunho se convirtió en el líder a los quince
años por un único motivo… le daba igual vivir que morir. Kam no le cedió el
puesto por su astucia ni por su fuerza, si no para dar un sentido a su vida
insignificante, pero no lo consiguió. Yunho es tan temible porque su forma de
pelear es la de una persona que no teme a nada ni nadie. ¿Sabes lo temible que
es eso? Si no temes perder nada, no existe nada con lo que puedan mitigar tu
ira, no existe un “hazlo por él, acuérdate de tu madre, él estaría orgulloso o
un simple gracias”. Esas palabras no tienen sentido para Yunho, ninguno, y por
eso nunca ha tenido un límite para odiar, para golpear, para masacrar, para
matar. Ni siquiera el dolor físico le hacía retroceder porque el dolor de un cuerpo
es mucho más fácil de llevar que el de una mente colapsada… y eso tú lo sabes
mejor que nadie ¿no?
Bajé la mirada hasta mis brazos
cubiertos de cicatrices. No me importaba que Hyun los viera. Había descubierto
que en Busan las personas hacían cosas parecidas muy a menudo. Cada Encadenado
tenía sus manías en ese sentido y por ello yo no debía abochornarme por las
mías.
-¿A dónde quieres ir a parar
contándome eso? – El Príncipe se encogió de hombros, sonriendo con malicia.
-Quiero hacerte saber cuánto le
importas a Yunho, Muñeco. Solo eso. – mudo, me encogí de hombros sin creer
mucho de lo oído, pero sin entender por qué Hyun, el que había sido hasta hacía
un poco un rival a tener en cuenta, se molestaba en decirme cuanto me apreciaba
el objeto de su deseo. ¿Había dicho la verdad admitiendo que Yunho ya no le
importaba? No me fiaba, pero tampoco rechazaba esa posibilidad. Lo cierto era
que Max me inspiraba mucha más confianza que ese aspirante a médico de ojos
cargados de desdén.
-Pues… gracias. Creo que volveré a
mi cuarto a esperar a Yunho. No quiero molestarte si estás estudiando.
-Bueno, ya lo has hecho, pero
aprecio que te hayas dado cuenta de ello. Pero… Jaejoong… La persona que me ha
mandado el mensaje es alguien importante del hospital provincial. – le observé
con cierta incertidumbre al ver que se quedaba callado.
-¿Y? – su rostro se ensombreció.
-Conseguir los resultados de la
autopsia no va a ser fácil y si alguien me pilla… tendré problemas.
-¿Problemas? Pero tu padre es el director
del hospital ¿no?
-No me refiero a esa clase de
problemas, si no a otros. Es… difícil de explicar. ¿Podrías acompañarme? Sé que
no me vas a ser de gran ayuda, pero… es una cuestión de apoyo moral, más bien.
– Hyun bajó la cabeza hasta su móvil, sombrío. Vi claramente como un escalofrío
le atizaba la espalda, pero no de frío, sino de miedo. Así que asentí.
-Claro. Iré.
-Bien… ya puedes largarte.
-Oye, que te voy a ayudar, ya
podrías darme las gracias al menos.
-Jaejoong…
-¿Qué?
-No solo te pareces a tu hermano en
el carácter. No me había dado cuenta hasta ahora de lo que os parecéis en la
cara. – ah, bueno ¿y qué quería decir con eso? Me quedé callado e hice como que
no le había oído. La incomodidad me estaba estresando. ¿Qué hacía, me iba, me
quedaba o me tiraba por la ventana? Hyun solo parecía contento con la tercera
opción, la cuál yo tampoco tenía muy clara. De repente, se bajó de la silla
giratoria y se sentó a mi lado, muy cerca. Pensé que quizá quería jugar al
Tekken, así que le pasé el otro mando. Él se lo quedó mirando, sin cogerlo.
Luego me miró a mí, a los ojos, tan fijamente que tuve que girar la cara. – Voy
a probar una cosa. Estate quieto. – me quedé quieto, intentando clavar la
atención en el siguiente combate. Jin contra Asuka Kazama, la que daba unas
patadas increíbles. Empecé bien, golpeándola sin darle tregua… hasta que Hyun
me dio un beso en la comisura de los labios. Entonces, el mando se me escurrió
de las manos y Asuka empezó a darme patadas de lo lindo hasta que Jin acabó
tirado en el suelo, boca arriba, KO. Igual que yo, con Hyun encima a cuatro
patas, mirándome con la frente arrugada, como si fuera un espécimen de
laboratorio, una posible vacuna contra el SIDA o algo parecido.
-Hyun… ¿qué haces? – murmuré, más
que nervioso al ver como se inclinaba encima de mí.
-Estoy comprobando una cosa.
-¿El qué exactamente?
-Cállate.
-¿Es que quieres saber cómo de
profunda es mi garganta o qué? Porque me está dando esa impresión.
-¿Te quieres callar, Muñeco? – giré
la cara, más que poco dispuesto a dejarme besar por él. A Hyun se le había ido
la pinza, claro. Quizás llevaba mucho tiempo sin tener sexo y los hombres,
claro, son los hombres, con sus necesidades sexuales y su todo, pero aún así,
la situación no me convencía en absoluto, así que con cara de pocker, intenté
apartarme de él todo lo posible al ver sus labios tan cerca de los míos.
Eso tenía que ser una broma de mal
gusto.
-Quiero saber por qué Yunho está tan
enamorado de ti.
-Ah… - ¿y a mí qué me cuentas,
pedazo de ninfómano? - ¿Te has olvidado de que tú y yo nos llevamos a muerte,
de que Yunho es muy celoso, de que soy Jaejoong, el idiota que te quitó a…? –
entonces me dio un pico. Fue eso, no más, un choque de labios que apenas duró
tres segundos. Luego, Hyun apartó la cara de mí y yo le observé como si fuera
un mono verde con un pañal negro (¿por qué los pañales siempre son blancos?).
Sí, eso me pregunté, por muy raro
que parezca, en esa ocasión.
Entonces, alguien abrió la puerta y
la casualidad y la mala fortuna hizo el resto. Yunho hizo acto de aparición. No
me lo esperaba. Solía venir a las cinco como poco y no frecuentaba la
habitación de Hyun, que yo supiera.
Yo no hice gran cosa y él tampoco.
Se nos quedó mirando con una ceja alzada hasta que Hyun se incorporó y se
apartó de mí. Como si no hubiera pasado nada, se sentó en su silla y volvió la
cara al escritorio. ¡Ups, y encima vacilando! Eso había terminado de
desconcertarme.
-¿Es que no teníais pensado avisarme
para el trío? – preguntó Yunho, tomándoselo a broma. Bueno, era una alternativa
a un ataque asesino.
-No es un trío. Ha sido una prueba.
– declaró Hyun.
-Ya. – esperé que Yunho dijera algo
más, no por sarna, si no por costumbre, pero cuando alcé la cabeza buscando una
reacción más acorde con su personalidad, solo encontré seriedad y una descarga
de malas vibraciones. No estaba de humor para bromas.
-¿Por fin has llegado al límite? –
le pregunté y él pestañeó. Me miró como si por primera vez me hubiera visto
desde que había abierto la puerta, me observó con ojos cansados durante un buen
rato y luego, forzó una sonrisa.
-¿Qué hacías?
-Jugaba al Tekken. Me aburro mucho
durante el día y…
-¿Cómo va tu tobillo? – me
interrumpió.
-Perfectamente.
-Ah. – no dijo nada más. Eso era lo
más raro que había hecho desde hacía semanas, o quizás meses, o quizás desde
que lo conocía. La tensión le inflaba los músculos de la cara. Se le notaba a
leguas que algo le pasaba, le distraía.
-¿Te pasa algo? – Yunho negó, medio
ido.
-Nada. – se sentó en el suelo, a mi
lado.
-¿Quieres jugar? – Yunho alzó un
brazo para agarrar el mando que le ofrecía y noté como encogía el abdomen un
poco. Apretó los dientes y se le hincharon aún más los pómulos.
-Jaejoong. – me llamó Hyun. - ¿Por
qué no te vas a jugar a tu cuarto?
-Pero allí no hay Play.
-Le diré a Shizuka que te la lleve
si quieres ¿vale? – no muy convencido, asentí con la cabeza y me dirigí hacia
la puerta. No le dije a Yunho que viniera porque era obvio que el que sobraba
era yo. Esos dos, como compinches en la extraña rebelión alocada que se estaba
formando en los barrios bajos, tenían que hablar de algo que era mejor que yo
no supiera, pero que no tardaría en descubrir por terceras personas. Era inútil
quedarme sabiendo que molestaba y no le sacaría la más mínima información a
ninguno.
-Nos vemos luego. – le dije a Yunho,
que asintió con muy mala cara.
-¿Sabes? No me esperes despierto.
Quizás tenga que irme dentro de un rato.
-Oh, vale. Ten cuidado. – cerré la
puerta y me dirigí hacia mi cuarto echando pestes. Lo cierto era que me
molestaba que no contaran conmigo para nada ¡con lo que yo me esforzaba por ser
útil y ellos solo intentaban distraerme para que no tocara las narices, como si
fuera un niño en medio de una conversación de adultos!
Lo decidí. Esa noche no habría sexo.
Así Yunho se enteraría de cómo de duro era yo.
Claro, no habría sexo si volvía a
nuestro cuarto después de hablar con Hyun lo que tuviera que hablar. Eso me
hizo sentir culpable. Yunho estaba agotado, se le notaba y aún así saldría de
nuevo esa misma noche a pelearse o a saber Dios sabía qué.
Cuando iba por la mitad del pasillo,
haciendo muecas y retractándome en mis pensamientos, me di la vuelta de nuevo
en busca de Yunho. Si no quería contármelo, de acuerdo, ya se lo sacaría yo a
Ricky o a quién fuera, pero no me quedaba con la conciencia tranquila
haciéndome el enfadado con él cuando tenía que irse a un lugar tan peligroso.
Agarré el pomo de la puerta del
cuarto de Hyun y antes de abrir otra vez, pensando en qué decirle para
mostrarle mi apoyo, oí un gemido lastimero al otro lado. La voz del Príncipe
sonaba tranquila pero con cierto tono de reproche. Oí otro gemido más potente,
casi sollozante, de puro dolor y una queja por parte de mi hermano. Curioso y
un tanto alarmado, entreabrí la puerta sin hacer ruido, lo suficiente como para
poder ver el interior. Yunho, de rodillas sobre el suelo y dándome la espalda,
ni siquiera se dio cuenta de mi presencia. Hyun salió del baño de su cuarto con
gasas y dos rollos de vendas. Los dejó en el suelo, al lado de mi hermano y
entró al baño otra vez. Volvió con un botiquín de primeros auxilios bastante
completo. Se arrodilló frente a Yunho y le dijo que alzara los brazos. Él
obedeció y Hyun empezó a quitarle la camiseta muy suavemente. Eso me puso tan
tenso como un palo.
-No, mejor no. Espera. – le dijo y
volvió a soltar su camiseta. Abrió el botiquín de primeros auxilios y agarró
unas tijeras médicas. Las acercó a Yunho y empezó a cortar su camiseta de abajo
hacia arriba, muy despacio. – Ya está. Con cuidado. – entre los dos, apartaron
la prenda desgarrada y la soltaron en el suelo.
Yo habría puesto el grito en el
cielo sospechando de una infidelidad o algo parecido… si no me hubiera fijado
en la camiseta ensangrentada.
-¡Aahh! – gritó Yunho. Hyun hacía
algo en su pecho, pero yo no podía ver qué exactamente.
-Te ha arrancado un buen trozo de
piel, eh. Esto debería verlo alguien más capacitado, Yunho. No estoy seguro si
coserte servirá de algo. El agujero es grande, aunque no muy profundo, por
suerte.
-Venga, no jodas, ¿no puedes hacerlo
tú?
-Si lo coso y te estiras demasiado,
se te soltarán los puntos. Además, se te puede infectar. Prefiero no arriesgar.
¿Vamos al hospital?
-¿Es muy grave? Si no, paso.
-Si se te infecta, será grave. –
Yunho bufó. Agarró la camiseta ensangrentada y la apretó contra su abdomen. –
Tienes suerte de que solo te haya rozado. Si te llega a dar de frente, no sé
qué habría pasado.
-¿Suerte? No podré acercarme a
Jaejoong en semanas.
-Mejor eso que estar muerto.
-Se va a preocupar.
-Pues díselo y punto.
-... No. No importa. Voy al
hospital.
-Te acompaño. – Hyun se levantó del
suelo. Yunho intentó levantarse, pero cuando estiró el cuerpo, volvió al suelo
de rodillas con una mano en el abdomen. Se inclinó hasta que su frente rozó el
mármol blanco, sin emitir un solo quejido. Una exagerada cantidad de sangre
salpicó el suelo y yo me aparté, apoyando la espalda contra la pared con una
mano en la boca, apunto de vomitar.
-¡No te muevas así, se te va abrir
más la herida!
-Me duele…
-Vamos, no seas tan bruto. Uno, dos
y… - los dos salieron de la habitación. El Príncipe rodeaba la cintura de mi
hermano y Yunho se apoyaba en su hombro. Con la otra mano, apretaba fuertemente
la herida, intentando parar la hemorragia. Por como la camiseta se teñía de
rojo con cada paso que daba tenía la sensación de que no le servía de mucho.
Hyun me vio apoyado en la pared,
pero no dijo nada. Yunho, con los ojos fuertemente cerrados, ni siquiera se dio
cuenta. Las gotitas de sudor le empapaban los párpados.
Shizuka, la empleada, corrió hasta
él y le ayudó a llevar a Yunho al garaje. Yo les seguí de cerca y cuando entre
los dos consiguieron estirarlo en el asiento trasero del BMW de Hyun, él me dirigió
una mirada tranquila. Luego, salieron hacia el hospital.
Yo me encerré en nuestro cuarto y
vomité varias veces.
Luego, me puse a hacer abdominales.
Llegué a ciento doce y luego, me tumbé en el suelo durante toda la noche.
Hacía meses que no lloraba a no ser
que fuera de alegría. En situaciones de estrés supremo, me limitaba a cerrar la
boca y a poner mala cara. Ya no había rastro de lágrimas pasara lo que pasara y
aunque eso fuera bueno en parte, tenía un inconveniente.
Estaba rallando la insensibilidad,
como Yunho había hecho siempre, sobrepasándola incluso.
Sí, cada vez me parecía más a él y
él cada vez se parecía más a mí y no estaba seguro de que eso fuera algo bueno.
