By Jaejoong.
El puñetero sonido de esa música de telediario me despertó. Mi brazo izquierdo se estiraba fuera de la cama y mi hombro colgaba de ella con cansancio. Tenía calor, pero el calor que me recorría el cuerpo no era del todo desagradable. Alguien respiraba profundamente sobre mi nuca, con un aliento caliente y fuerte. De vez en cuando escuchaba un débil ronquido y una pequeña tos seca, pero enseguida mitigaba al igual que el sonido antiguo acababa y volvía a empezar.
Me encogí sobre la cama, aún sin abrir los ojos, cubriéndome más todavía con las sábanas, enrollándome en ellas y agarrando las manos que me apretaban la cintura para hacer que me rodearan el pecho. No quería abrir los ojos porque con toda la luz que entraba por la persiana, tendría que levantarme por huevos, así que estiré el brazo a ciegas hasta el escritorio desordenado, cogí el móvil y denegué la llamada sin mirar si quiera quién era. Me di la vuelta, apartando de mí los brazos que me abrazaban y volví a echármelos por encima como si fueran simples sábanas. El aliento caliente me azotó los labios y abrí los ojos de golpe, sorprendido.
Yunho estaba delante de mí, dormido.
Mierda… ¡Mierda! ¿Qué había hecho otra vez? ¿¡Es que no podía tener la maldita polla quieta por una vez!?
Eso fue lo primero que se me pasó por la cabeza y lo segundo que hice fue levantarme, con la espalda erguida y casi tirándome de los pelos llamándome gilipollas a mí mismo. ¿Otra vez había acabado así, con las piernas abiertas y el culo igual? Estaba empezando a considerarlo un mal vicio cuando caí en la cuenta de que por muy paradójico que sonora, no me sentía abierto ni pringoso. De hecho, llevaba los boxer puestos. Miré a Yunho temeroso y en un movimiento veloz, tiré de la manta que le cubría hasta el pecho. Él también llevaba boxer.
¡Ah, coño, si estaba enfermo y yo me había quedado a cuidarlo! Recordé todo lo que sucedió la noche anterior y suspiré, aliviado. ¡Menos mal, todavía tenía el culo cerrado! Hice amago de levantarme, ahora ya más contento que unas pascuas pero en cuanto apoyé un pie en el suelo, sentí los brazos de Yunho cayendo sobre la cama a peso muerto, desprendiéndose de mi cuerpo. Recordé entonces lo último que había vivido antes de quedarme frito. La tregua, la pastilla, la pierna, la fiebre, los susurros, el abrazo protector… se me encogió el pecho de, ¿de qué? ¿de ternura? Sí, podría llamarlo así.
Yunho… había sido bueno por primera vez desde que puse un pie en Busan. Bueno… dentro de lo que cabía claro. Como siempre, tenía que provocarme y hacerme rabiar pero no me podía esperar otra cosa ¿no? Yunho era así y así me gustaba… demasiado.
Encogí las piernas sobre la cama y las rodeé con mis brazos desnudos, todavía con la sábana echada por encima. Le observé dormir tranquilamente. Se había colocado boca arriba, con los brazos extendidos y respiraba con profundidad. A veces roncaba un poco, pero nada que resultara molesto. Parecía un niño indefenso cansado de un agotador día de juegos y carreras con sus amigos. Llevé mi mano hasta su frente, midiéndole la temperatura. Estaba un poco frío, para nada caliente. Ya no tenía fiebre y seguramente no le volvería en un tiempo.
Me quedé embelesado viéndolo dormir con tanta tranquilidad. No lo había visto así desde su huida de Seul… igual que tampoco había sido tan bueno conmigo desde entonces. Por un momento pensé que el Yunho que había desaparecido estaba volviendo, pero sacudí la cabeza y me obligué a expulsar a patadas semejante gilipollez. Probablemente estaba empezando un nuevo juego para joderme y hacerme daño otra vez. Negué con la cabeza. No me dejaría dominar por él, no para que me dejara solo frente a la adversidad de nuevo, pero es que… es que lo veía, lo miraba a la cara y me entraban ganas de no irme nunca de su lado, de quedarme en la cama con él para siempre. Era tan adorable cuando dormía… todo pura apariencia.
Me levanté de la cama y buscando mi ropa a tientas, empecé a vestirme. Me puse los únicos pantalones que tenía y otra de las camisetas de Yunho, las cuales no me gustaban porque no me pegaban para nada. Parecía tonto con una camiseta en la que ponía “Muérete pringado” de color azul oscuro que me quedaba bastante grande. A Yunho sí le quedaban bien porque su musculatura la llenaba lo suficiente por arriba, pero yo… yo parecía que llevaba puesto un vestido.
Y las botas… las botas que Derek me había regalado sí que no pegaban para nada con la camiseta.
Fui hasta los dos móviles que reposaban en la mesa entonces, los dos míos, uno regalado por Derek y el otro apagado y sin batería desde que había llegado para no tener que oír su sonido cada dos por tres. Mi familia por supuesto lo había prácticamente fundido a llamadas después de largarme de allí. Cogí el móvil de Derek y lo abrí para ver la hora, pero en su lugar lo que más llamó mi atención fue la llamada perdida. Era la primera vez que sonaba el dichoso teléfono y yo ni me había fijado en quién era cuando, sobresaltándome, empezó a sonar otra vez entre mis manos. Me fijé en la pantalla parpadeante con la boca medio abierta.
…Derek…
Se me aceleró el corazón y tragué saliva.
-Huuum… - Yunho se quejó por el sonido, dándose la vuelta en la cama con mala cara, pero sin despertarse. Contestara o no, tenía que salir de allí, así que corrí hasta la puerta y dedicándole una última mirada a Yunho, salí fuera y cerré. Observé el móvil en silencio, pensativo y con el pulso tembloroso. Era Derek, ¡Derek! ¿Qué debía hacer? ¿debía contestar? ¡Estaría muy preocupado por mí, igual que mi madre y mis amigos! Pero yo no sabía si estaba preparado para contestar, para saber cómo estaban todos, para oír lo que opinaban de mi huida y saber lo que incluso después de mi fuga, seguirían haciendo los acosadores de la uni. Quizás mi madre ya se había enterado de que mi hermano y yo nos acostábamos juntos e íbamos por ahí como una pareja normal hasta que él se fue, dejándome solo. Quizás llamaba para echármelo en cara y decirme que no quería volver a verme nunca más… quizás…
No podía… ¡No podía!
Denegué la llamada otra vez y apagué el teléfono.
Demasiado para mi pobre mente enferma y rota que necesitaba ser curada por algo que no fueran recriminaciones ni gritos.
-¡No, estate quieto, chucho! - la puerta del baño temblequeó por el vocinazo y oí unos sollozos tristones al otro lado del baño. ¿Quién estaba en el baño? ¿papá? Anduve hasta la puerta, preocupado por esos ruiditos lastimeros. El grifo estaba abierto y llamé con los nudillos.
-¿Papá? - unos ladridos entusiastas estallaron a lo loco.
-¡Calla perro!
-¿¡Scotty!? - ¿pero qué le estaban haciendo a mi perro? Abrí sin miramientos y la escena que me encontré me dejó a cuadros. Scotty estaba medio metido en la bañera, con el pelo blanco cubierto de espuma hasta el hocico, con las patas delanteras apoyadas en el filo y sacudiendo la cola alegremente nada más verme. Ricky estaba delante suya, con una esponja en la mano y un cepillo en la otra. - Pero ¿qué haces?
-¡Pues bañar al puto chucho! ¿Qué voy a hacer?
-¡Scotty odia el agua, sácalo de ahí!
-¡No, está lleno de mierda!
-¡Lo lavé antes de venir a Busan, está limpio! Vamos, Scotty. - y pegó un salto de la bañera, cayendo fuera al instante, sacudiéndose como un loco. Con la espuma y el agua prácticamente me bañó, igual que a Ricky, que dio un grito de rabia, cubriéndose con los brazos.
-¡Qué está fría!
-Pero ¿para qué lo metes en la bañera?
-¡Para quitarle el barro!
-¿Qué barro?
-¡El que le ha caído encima en el parque, cuando lo he sacado a la calle, que se estaba meando y cagando que no veas el pobre animal!
-¿Lo has sacado fuera? - miré a Scotty y me percaté entonces la cantidad de barro y a saber qué más que se le había quedado pegado al pelaje. Hum… apestaba. Pues sí que le hacía falta un baño.
-¡Coño, es que estoy aburrida! Me he levantado a las doce y vosotros durmiendo como marmotas. Y mira que sois raros eh, yo no duermo casi desnuda con ninguna de mis hermanas.
-¿Nos has visto?
-He entrado buscando una correa y os he visto ahí a los dos, casi en bolas, abrazados. ¡Joder, porque sois hermanos, que si no cualquiera diría que habíais pasado la noche dándoos por el cu…!
-Ricky, ¿siempre tienes que decir palabrotas en cada frase que pronuncias? - Ricky rodó los ojos alrededor del cuarto.
-Sí, ¿por qué? - me reí.
-Eso no te hace más hombre, eh.
-¿Y quién cojones dice que yo quiera parecer más hombre? - cerré la boca, mordiéndome el labio inferior consciente de que había metido un poquito la pata al recordar más concretamente la conversación que había tenido con Yunho. La historia de Ricky, su… violación. Se me encogió el pecho al recordarlo.
-Bueno… pues gracias por sacarlo. - cambié de conversación, intentando sacar esos recuerdos de mi cabeza, la imaginación, el horror de ella. Me imaginé por un momento a mí en su situación, como si nadie hubiera llegado a interferir la noche anterior entre el violador y yo, como habría acabado entonces y sacudí la cabeza con fuerza. No quería imaginármelo.
-Pues de nada. Ahora, ¿me dejas que acabe de bañarlo o lo dejo con esa mierda pegada al culo? - miré a Scotty, que me dirigió una mirada expectante, ilusionada, como si le hubiera salvado de la hoguera y muy lentamente, con un poco de disimulo, cerré la puerta del baño de golpe, dejándonos a los tres encerrados en el baño.
-¡No, mamón, traidor! ¡Cerdo marica! ¡Como me vuelvas a dar con el grifo ese te arranco la garganta! - pareció ladrarme, empezando a sacudirse contra la puerta. Ricky y yo nos miramos y sonreímos a la vez, cómplices.
-Vamos allá, chucho.
-Tú por las patas traseras. Yo por las delanteras que a mí no me muerde. - y Scotty empezó a dar bandazos, retrocediendo hasta una esquina, observándonos con miedo y no era para menos, al menos mirando a Ricky que tenía cara de psicópata disfrutando en una carnicería.
-¡Ya es mío!
-¡Tira hacia atrás!
-¡Espera, espera, que me está dando patadas!
-¡Ah, que me muerde!
-Pero ¿no decías que no te mordía?
-¡Nunca lo había hecho!
-¡Me va a meter el mamón el culo en la boca!
-¡Grrrr!
-¡Tira, tira!
-¡Cuánto pesa el puerco!
-¡Ah, me araña!
-¡Chucho, para!
-¡Grrrr!
-¡No le llames chucho que se mosquea!
-¡Pero si es un chucho!
-¡Ya casi está, ya casi!
-¡Espera que me caigo, espera tío, espera! ¡Jaejoong!
¡Cruck…! Scotty empezó a llorar cuando conseguimos meterlo en la bañera y observé en silencio a Ricky, aplastada por mi perro, despatarrada en la bañera, con las piernas hacia arriba y la espalda doblada, intentando quitarse de encima a Scotty pegándole bruscos empujones para que la dejara respirar.
-¡Chucho, quita!
-¡Guau, guau!
-¡Jajajaja!
-¡No te rías hijo puta! ¡Quítamelo de encima!
-¡No! ¡Si lo saco tendré que meterlo otra vez!
-¿Y qué vas a hacer, bañarme con él? - la sonrisa me salió sin esfuerzo, por sí sola (algo muy, muy raro) y con mala idea, tiré de la manguera de la ducha y apunté con ella a Scotty. Ricky me miró con los ojos como platos. - No serás capaz. - hacía meses, ¡Meses que no hacía ninguna trastada, travesura o me arriesgaba! Hablando relativamente, claro, porque fugarme solo de Seul para irme a vivir a un barrio como ese era la locura más grande que había hecho en mi vida, pero sin contar eso, solo había estado lamentándome y peleándome con macarras y violadores a diestro y siniestro, ¡mierda, era un jodido loco! Pero eso no me impidió abrir el grifo del agua caliente y duchar a mi perro junto con la bestia que tenía debajo, que se revolvió como una loca y empezó a gritar tantas palabrotas como para lavarle la boca con agua bendita. - ¡Cabrón, apaga el grifo, apaga el grifo!
-¡Pero si está calentita y todo!
-¡Que estoy vestida, gilipollas!
-¡Y yo también! - pronto entendí por qué Yunho decía que las chicas de Busan eran muy diferentes a las de Seul cuando consiguió quitarse de encima a mi perro y en lugar de meterme una hostia, me agarró de la camiseta y me tiró a la bañera con ella. - ¡Ahh! ¡Que me mojo, que me mojo!
-Tú también estás vestido, ¿no, capullo? - intenté levantarme, pero entre los tirones de mi ropa y el agua que me hacía escurrirme cada vez que intentaba ponerme de pie, imposible. Ricky me agarró por el cuello, pasándome un brazo por él y aplastando mi cabeza contra su pecho blando y abultado pero fuerte. Empezó a frotarme la cabeza contra su puño de una manera que provocó el chirrido de mis dientes. - ¡A ver si así aprendes a no meterte con la gran Ricky, la emperatriz de los barrios bajos!
-¡Aahhh, me duele, me duele la cabeza!
-¡Muere Muñeco, muere!
-¡No me llames Muñeco!
-¡Guau, guau! - los dos acabamos en el suelo de la bañera cuando Scotty pegó un salto fuera. Nos golpeamos la cabeza y Ricky me soltó de golpe.
-¡Ayy!
-¡Jajaja!
-¡Que no te rías, Muñeco!
-¡Que no me llames Muñeco! - intenté cerrar el grifo, empapado, pero me lo pensé mejor y volví a apuntar con la manguera hacia ella, esta vez con el agua fría, congelada.
-¡IAAAH! ¡Fría! ¡Te mato!
-¡Muere malvada emperatriz, muere!
-¡Arg!
-¡No!
-¡Suelta eso, hombre muerto!
-¡Nooo! - sin saber cómo, acabamos peleándonos por la manguera de la ducha, contra agua fría pegándose a nuestras caras, nuestro pelo empapado y nuestra ropa mojada. Sin saber cómo, la manguera acabó fuera de la bañera, creando un charco de agua helada que se extendió por todo el baño. Sin saber cómo, yo acabé con ella encima peleándome por mi supervivencia en la bañera medio llena, salpicándome y salpicándola, aunque ya no podía estar más mojado. Me reía… me estaba riendo… y no me preguntaba cómo era posible que pudiera reírme después de todo lo que me había pasado y de lo que me estaba pasando. Simplemente me reía sin pensar, me lo pasaba bien, me divertía.
Comprendí sin darme cuenta que la risa de Ricky y la mía eran iguales. Las risas más puras y verdaderas, las que nacen tras una escena amarga, tras un tiempo en el que no habían existido nada más que lágrimas.
-Eh, eh, Muñeco estate quieto. Si tú me sueltas yo te suelto. - la miré a los ojos, deteniendo al instante los ataques de pellizcos y tirones que le estaba dando, intentando tirarla al agua y bajarla de encima de mí. Fingí pensármelo por un momento y rodeé los ojos hacia arriba.
-Hum… deja que me lo piense.
-Oye, suéltame ya cabrón, que parece que tienes poca fuerza pero me puedes romper los huesos de la espalda.
-Bueno, si insistes… - la solté y ella sonrió y tras pegarme un último pellizco con el que me retorció la piel del hombro, se inclinó más sobre mí.
-Oye, me debes un favor ahora que me acuerdo. - en realidad le debía varias favores después de haberme cargado su moto, de ser salvado por ella de un violador y por contarme la historia de Yunho, pero preferí no mencionar la larga lista de favores.
-Cierto. ¿Quieres que te lo devuelva ahora? - pregunté, tan tranquilo, sin esperar para nada lo que se me venía encima.
-Sí, ahora mismo. - y se inclinó todavía más, apoyando por completo su cuerpo en el mío. Sentí su voluminoso pecho al cual se pegaba su camiseta mojada restregándose contra mi torso y entonces, sin venir a cuento, cerró los ojos y juntó sus labios a los míos, por completo.
Me quedé a cuadros.
¿Perdón?
¿Cómo?
¿Pero qué me estaba contando?
Noté su lengua salir, rozándome los labios cerrados esperando entrar, pero yo estaba demasiado shockeado como para estar por la labor y ella se separó despacio y me miró, con una ceja alzada.
-Eh… - murmuré. - Es… Ric… ¿qué… haces?
-Cobrarme mis favores, ¿no es obvio?
-Ah… cobrártelos. - intenté levantarme apartándola con suavidad y fue entonces cuando me percaté de lo que debía haberme dado cuenta antes. Iba solo con su camiseta del motorista calavera y la especie de boxer que le cubrían la entrepierna, nada más, con las piernas finas y perfectas al aire y por como su pecho se rozaba con el mío, diría que sin sujetador. Podía notar sus pezones duros por el agua fría. Tragué saliva y encogí el estómago. El corazón se me aceleró. Me estaba poniendo nervioso. - Esto… es que yo… yo no…
-Ya. Que eres marica, ¿no?
-Pues… estoy empezando a dudarlo.
-Hum… ¿Lo dejamos en bisexual?
-Ehm… sí, creo que sí.
-Como yo entonces. - nos miramos. Yo atónito y ella divertida.
-Pero a mí me van más los… los chicos… con sus penes y eso.
-A mí también.
-¿Con chicos o con…?
-De todo un poco.
-Ah. - se inclinó para besarme otra vez y sentí su mano bajando hasta mi entrepierna posándose suavemente en ella. Contuve el aliento y giré un poco la cara, totalmente cohibido. Hacía más de un año que no me enrollaba con una mujer y se me hacía hasta raro hacerlo.
-¿Qué te pasa? ¿No te gusto?
-Es… es que…
-Me hace gracia. Tienes la misma cara y la misma fuerza que tu hermano pero eres mucho más adorable, comprensivo, paciente, amable… y bello. - encogí el cuello, notando como me ponía colorado con tantos elogios.
-Yunho…
-Yunho es Yunho. Tú eres tú. Sois como las dos caras de una misma moneda, completamente diferentes pero ligados por algún sitio. Eso me gusta… - volvió a juntar nuestros labios, pillándome esta vez con la boca entreabierta y noté su lengua húmeda acariciarme el inferior. Cerré los ojos y no me moví, sin saber qué hacer. Se me pasaron muchas cosas por la cabeza y por el cuerpo. No podía evitar sentirme algo excitado teniendo a una chica tan mona (aunque con carácter de tío) encima de mí, con todo su cuerpo restregándose contra mi pecho y entrepierna, porque no dejaba de acariciármela y sobármela con su mano caliente y mojada y aunque tuviera puestos los pantalones, no era el hombre de hielo. Por otra parte estaba mi orgullo y autoestima, que estaba creciendo y creciendo hinchándose como un pavo, haciéndome sentir por fin un hombre de verdad y haciéndome olvidar los malos ratos pasados en Seul. Alguien me deseaba. ¡Alguien que no quería jugar conmigo! Mis manos acabaron amoldándose a su fina cintura, aún inseguro, pero halagado por tanta atención y abrí la boca, dejándola entrar y chocar contra mi lengua. Besaba muy bien y por una vez, sentí que yo era el que llevaba la voz cantante cuando acorralé su lengua con la mía en algún rincón de su boca. Su saliva era muy diferente a la de un hombre, sabía de otra forma o eso me parecía a mí y me gustó el tacto de su mejilla suave, sin rastro de barba o vello, piel lisa y sedosa… era muy diferente a la piel de Yunho.
Después de lo sucedido en Seul, pensar que alguien acabaría deseándome para tener sexo o un simple rollo era lo último que hubiera llegado a pensar.
Ricky metió la mano bajo mis pantalones y empezó a subirme la camiseta. Yo ya no solo estaba un poco cortado por su fogosidad, que no era poca, sino porque no sabía qué hacer ¡y no porque no tuviera experiencia y no supiera donde tocar! Si no porque tenía miedo de asustarla o hacer algo que la incomodara… había sido violada después de todo. De todas formas, ella respondió por los dos.
Noté como sus dedos me tocaban el pene, lo acariciaban y se concentraban en la punta… precisamente ahí.
-¡Ahh! - se separó de mí cuando gemí y me miró a la cara. Se rió.
-Es curioso. Tu hermano también se derrite cuando le tocan justo ahí.
-Ricky… esto no sé si… - miré hacia la puerta un poco nervioso. Scotty la rascaba con entusiasmo, intentando salir, empapado. - Podría…
-Estás pensando en Yunho, ¿verdad? - encogí las piernas un poco, azorado.
-Sí.
-Oh, venga, si a él le da igual. Eres su hermano, ¿por qué iba a importarle que pases un buen rato? - ¿Qué por qué? Si yo le contara…
-¡Eso, eso! ¿Por qué iba a importarme? - y me quedé tieso, igual que Ricky encima de mí. Los dos giramos la cabeza automáticamente hacia la puerta cerrada, donde dos golpes tremendos la hicieron temblar. Scotty empezó a ladrar y cuando la puerta se abrió lentamente, salió corriendo fuera del baño, dejándonos ver a quien menos ilusión nos hacía encontrar en ese momento. El mundo se me cayó a los pies cuando vi a Yunho, tan tranquilo y sonriente, sentado en el suelo con la pierna hinchada al aire, bastante mejor con unos pantalones puestos y una camiseta de tirantes blanca pegada al torso. Nos sonrió de oreja a oreja, aparentando felicidad, pero solo aquellos que lo conocieran a fondo como yo sabrían diferenciar una auténtica sonrisa feliz suya de una sonrisa sarcástica, falsa y detrás de la cual, se escondían los rabiosos celos… y esa no era una sonrisa auténtica y feliz - Buenos días o buenas tardes, según se mire. Estoy muerto de hambre, creo que voy a prepararme algo de comer, ¿vosotros queréis algo? ¿un café, leche, un batido, un zumo… un condón?
¡Pero bueno, que alguien me mate!
-Un condón estaría bien, gracias. Con sabor a fresa. - abrí la boca de par en par y tragué duro. ¿No se suponía que los amigos de Yunho lo conocían bien? ¿No era obvio que estaba hablando con sarcasmo? ¿¡No era obvio que nos quería arrancar las tripas!? ¿¡Entonces por qué Ricky le provocaba todavía más!?
Yunho se levantó del suelo cojeando un poco, sin borrar la sonrisa de la cara.
-¡Pues voy a por él! - se dio la vuelta, dándonos la espalda, pero antes de echar a andar, nos dedicó una última sonrisa. - Por cierto, ya estoy mejor. De hecho me siento tan bien que creo que sería capaz de meterme en una pelea de dos contra uno y ganar por K.O. Doble. ¡Y ya no tengo ganas de vomitar! Tengo estómago hasta para montar una carnicería, rajar gargantas, cortar cabezas y decapitar dos cuerpos sin que se me revuelvan las tripas. Creo que hasta podría comérmelas crudas y no echar la pota. Hum… y como tengo tanta hambre. ¡Ya sé! Iré replanteándome volverme un caníbal mientras voy a por vuestro condón de fresa, ¿os parece? - creo que no fui el único que se quedó frígido de repente. - Bueno, disfrutad hasta que vuelva, ¿vale? - y antes de que ninguno pudiera replicarle, la sonrisa desapareció de su boca y pegó semejante portazo que pude ver claramente como se habrían media docena de grietas en la pared alrededor del umbral. El espejo colgado encima del lavamanos se descolocó y se dobló peligrosamente… igual que mi excitación cayó en picado.
-Mierda… mierda, mierda, mierda, mierda… yo me voy tío, antes de que éste me decapite. - Ricky se levantó y salió de la bañera de un salto, sacudiéndose el pelo y el cuerpo como los perros. Yo salí justo detrás de ella, con las piernas temblorosas y el humor por los suelos. ¡Mierda, con lo bien que funcionaba la tregua! Con un Yunho receloso sería mucho más difícil mantenerla en pie. Busqué una toalla en los cajones del mueble de la esquina, para ella y para mí, pero para entonces ella ya se estaba poniendo los pantalones que había dejado tirados para lavar a Scotty encima del lavamanos e iba a salir a toda velocidad por la puerta del baño.
-¿Ya te vas? - pregunté con incluso algo de temor. ¿Me iba a dejar solo para calmar al fiera de Yunho? ¡Pero si había sido ella quien había provocado a la bestia!
-Sí, ya me voy. Yunho parece estar de puta madre, demasiado bien el muy mamón para la noche que ha dado, así que me doy el piro, a ver si con un poco de suerte todavía no le ha prendido fuego a mi chaqueta. Le pediré el dinero para la moto otro día… ¡O mejor, pídeselo tú!
-¿Yo?
-¡Sí, tú, que fue culpa tuya y tú eres su hermano, a ti te va ha hacer más caso! Me piro ya. Díselo, eh. - y yo, como un idiota, asentí con la cabeza mientras ella abría la puerta. Me sentí como una ama de casa observando como su marido se iba a trabajar por la mañana temprano, pero de repente el marido cerró otra vez la puerta y entrecerró los ojos. - Oye… mañana por la noche, sobre las doce, encenderán una hoguera en el parque muerto de allí abajo, como todos los sábados. Iremos todos, yo, Max, Black, Kam y tu hermano quizás no, con la pierna tonta que tiene y con el costado agujereado, pero tú te podrías venir. - alcé una ceja y abrí la boca y casi me llevo la mano al pecho en actitud teatrera. ¿Cómo? Me estaba invitando a ir con la pandilla de gamberros de Yunho a… ¿encender una hoguera?
-¿Qué me podría ir? ¿Te refieres a mí?
-Claro, ¿a quién si no, pedazo de idiota?
-Pero… ¿por qué? - ella se encogió de hombros.
-¿Y por qué no? No has salido en todo el tiempo que llevas aquí ¿no? Alguien tendrá que enseñarte mundo.
-Pero yo pensaba que os caía mal y que me odiabais. - Ricky empezó a reírse.
-¡No! ¡Si no te conocemos apenas! Lo que pasa es que es divertido asustar a los novatos. De hecho, a la mayoría le caes bien. Le metiste una patada en los huevos al Hippie, eso poca gente lo hace. ¡Vente con nosotros, lo pasaremos bien!
-Pero es que Yunho no va a querer.
-¿Y? ¿Acaso es tu dueño? - esa pregunta me dio fuerte. ¿Dueño? ¡De dueño nada! Habíamos quedado en hermanos y punto. ¡Él no podía darme órdenes! ¡Ja! ¿Quién se creía? ¡Ni siquiera tenía derecho a cabrearse conmigo por estar enrollándome con Ricky si él hacía lo que le daba la gana con Max!
-¡No, no es mi dueño!
-¡Pues entonces pasa de lo que él te diga y vente con nosotros!
-¡Sí, lo haré! - sentencié. Luego me acordé de que no solo no conocía a fondo a ninguno de esos salvajes, si no que encima eso de salir a la calle solo no me hacía ni pizca de gracia. - Pero yo no sé dónde está el parque ese.
-¡Pero si no tiene pérdida! Tienes que tirar todo recto hacia abajo y ya está, hasta que lo encuentres.
-Ya, pero… - me daba vergüenza decirle que tenía miedo de salir solo por la noche por ahí aunque fuera a tirar la basura, pero ella pareció captarlo de inmediato. Me pregunté si sería porque había vivido algo parecido a lo que yo vivía después de haber estado a punto de ser violado.
-Haber… hum… puedo venir con alguien a buscarte, me pilla de paso desde mi casa hasta allí y para volver… pues te traeré también, ya que no queda más remedio. ¡Tiene huevos, una chica acompañando a un chico hasta casa! ¿Estás contento así? - no. Pero ¿qué otra excusaba me quedaba?
-Hum… sí.
-Vale, pues estate preparado mañana a eso de las once. Vendremos a buscarte. - asentí con la cabeza no muy convencido, pero Ricky no me dejó replicar y antes de salir por la puerta corriendo, me dio un beso en los labios, un leve y rápido pico. Me quedé aturdido observando la puerta cerrarse en mi cara, quedándome solo en el baño.
Anda… ¿le gustaba a una chica? ¿yo? El mundo al revés, viva.
El móvil que había dejado encima de la taza del inodoro empezó a sonar otra vez. Lo miré de reojo. ¡Mierda! A ver, ¿qué tenía a esas altura? Un hermano incestuoso y posesivo del que estaba enamorado y con el que de momento había conseguido establecer una pequeña tregua que no duraría mucho, una relación a distancia con Derek, mi acosador particular que en realidad siempre había estado pillado por mí en secreto y de repente, me salía una chica medio chica porque vestía como un tío y tenía carácter de tío que me había tirado los tejos… y lo que no son los tejos. ¡Joder, si tenía más pretendientes que cuando estaba cuerdo!
Agarré el móvil y denegué la llamada otra vez.
Ya tenía una prueba lo bastante difícil de superar como para encima tener que enfrentarme cara a cara con lo que pensaba mi antiguo mundo de mí. Hostias… ahora que lo pensaba… ¿no le estaba medio poniendo los cuernos a Derk?
-Buenos días.
-Que te follen. - puse los ojos en blanco nada más entrar en el salón. Yunho se había tirado en el sofá con el mando en la mano y cambiaba de canal a una velocidad pasmosa. Tenía una cara de mala hostia insoportable. Me acerqué hasta él e hice amago de sentarme a su lado, pero Yunho estiró la pierna herida y ocupó todo el sofá sin ni siquiera mirarme.
-Yunho…
-Que te follen.
-Oye, que yo…
-Que te follen.
-¡Eh, escúchame!
-¿No he sido lo suficientemente claro? ¡He dicho que te follen!
-¡Y yo he dicho que me escuches, gilipollas! - le grité y él soltó el mando de la tele dejándolo caer sobre el suelo. Se levantó con mirada amenazante y mueca de desprecio y me dieron unas ganas tremendas de romperle la boca de un guantazo. No lo hice porque sabía que si lo hacía, quizás me llevara un puñetazo como recompensa.
-Tienes cinco segundos antes de que te meta la cabeza en el horno y lo encienda.
-Suficiente. ¡Si tienes algún problema, desahógate tirándote a Max que para eso es tu nuevo Muñeco! ¡A mí no me comas la cabeza con tus celos injustificados, que tú y yo hace tiempo que dejamos de ser Muñeco y Amo! - esta vez el cabreado era yo y me dejé caer en el sofá, indignado. Yunho se quedó callado como un muerto, desviando la mirada hacia otro lado. - ¿No he sido lo suficientemente claro?
-No me provoques. Todavía puedo meterte en el horno.
-Orgulloso de mierda. - agarré el mando y empecé a cambiar canales, imitando su mala leche y al cabo de varios segundos, Yunho se dejó caer de nuevo en el sofá a mi lado de brazos cruzados y con mala cara, ignorándome. Por mí estupendo, pero como lo conocía bien, sabía que el silencio que se formó a continuación no aguantaría ni un minuto.
-¿¡Pero tú no eras marica?! - ¡Bingo!
-Yo soy lo que quiero ser.
-¡Ja! ¡No tienes ni idea de lo que te gusta!
-Puede que no.
-¡Pues aclárate de una vez!
-Me aclararé cuando tú te aclares.
-Yo lo tengo todo muy claro.
-Entonces, ¿esos celos a qué coño vienen? ¡Yunho, que estás con Max, que yo no existo para ti a no ser que sea como hermano, no te pongas hecho una fiera si me enrollo con otra persona, eso a ti ni te va ni te viene! ¡No te importa!
-¡Me importa! - se me encogió el pecho del estremecimiento. ¡Arg, me iba a volver loco!
-No, no te importo.
-¡Sí me importas!
-Pero… ¿tú de qué vas? Yo estoy fuera del juego, Yunho, ¡tú me echaste fuera del juego! ¡No intentes meterme otra vez porque no quiero! Ahora solo quiero ser tu hermano y punto. ¡Así que respeta la tregua!
-¿La tregua? - Yunho se levantó de un salto y apoyó mal la pierna herida. Vi como se tambaleó hacia atrás y como fruncía el ceño por el dolor, pero no se quejó lo más mínimo. - ¡Me meto por el culo tu tregua de mierda!
-¡Fuiste tú quien estableció la tregua, prometiste controlarte y no gritarme y a cambio yo me adapto! ¿por qué soy el único que cumple con su parte del trato?
-¡Porque te estás adaptando follándote a un miembro de mi pandilla!
-¡Hace días que no follo con nadie, así que cállate y déjame tranquilo de una vez! ¡no veo por qué tú puedes acostarte con quien te dé la puta gana y yo no! - Yunho levantó un brazo. Por un momento temí que fuera a pegarme un puñetazo pero crispó los puños y apretó los dientes en el último momento. Abrió la boca para decirme algo, pero la cerró y se puso rojo como un tomate.
-¡Arrg, que te follen! - y se fue cojeando hacia la cocina donde Scotty comía y bebía como un cerdo de su comida de perro. - ¡Quita chucho! - Scotty le gruñó, amenazándole con morderle si se atrevía a tocar su comida y Yunho también le gruñó.
Joder, si es que Yunho era tan puñetero perro como Scotty, ¡eran clavados! Gruñéndose el uno al otro como animales defendiendo lo que era suyo. Yo flipaba con el documental. Era para grabarlo y mandárselo al National Geographic. Negué con la cabeza y seguí haciendo zapping en la tele hasta que mi hermano, puerco tozudo, como no, volvió a la carga. Estrelló contra el suelo a mis pies algo del tamaño de la palma de mi mano en lo que se refiere a longitud y estrecho como uno de mis dedos. Miré el instrumento sin tener ni zorra idea de lo que era.
-¡Cógelo, imbécil! - me gritó él y yo lo cogí más por curiosidad que porque él me lo ordenara. Pesaba un poco. Estaba frío y por su textura, juraría que era de acero puro.
-¿Qué es esto? - le pregunté y él alzó la cabeza, haciéndose el indignado.
-¡Tu puto regalo! - miré otra vez el chisme de acero con una ceja alzada.
-Ah…
-¡Ábrela! - ah, ¿se abría? ¿cómo? ¿por dónde? ¿pero qué puñetas era eso? Lo analicé por su superficie, intrigado. Una parte que sobresalía estaba un poco más afilada que el resto y toqueteándola y observándola, encontré una especie de botoncito. Lo aplasté contra mi dedo y una hoja de metal salió disparada hacia arriba, más larga que mi dedo corazón. Brillaba.
Pero… ¡si era una navaja!
-¿Una navaja?
-¡No, un vibrador no te jode!
-¿Y para qué quiero yo una navaja?
-¿No decías que querías aprender a defenderte? ¡Pues ahí tienes lo esencial para aprender a hacerlo! ¡De nada por el puñetero regalo! - y se dejó caer otra vez a mi lado, cada vez con más mala hostia, espachurrándose en el sofá con los músculos abultados por la tensión.
Observé la navaja resplandeciente. La empuñadura era plateada con bordes negros y brillaba intensamente. La hoja era afilada y estaba nueva, no, era nueva. Estaba seguro de que nadie la había utilizado nunca y su color y su forma me gustaron más que su posible uso. Era preciosa.
-Es muy bonita.
-¿Bonita? ¡Ja! - gruñó y me dio prácticamente la espalda.
-¿De dónde la has sacado?
-… La compré.