martes, 6 de noviembre de 2012

Capitulo 44 [2]






-¡Pues claro que no, si estás ardiendo! ¡Tómatela! - miré la enorme pastilla con ojo crítico. No era muy malo tomándome pastillas, se me daba bien (hablaba con un doble sentido, por supuesto) pero el costado me daba tantos tirones y notaba la pierna tan pesada y molesta, además de la asquerosa fiebre que me estaba congelando las articulaciones, que fui incapaz de moverme.

-No puedo levantarme.

-Yunho, venga. Yo te ayudo.

-No. No puedo, me duele el costado. - mentí. - Tienes que dármela tú. - sentencié, con una sonrisa en la boca y él, serio, asintió enseguida.

-Sí, vale. - vaya… no parecía haber cogido el chiste. Miró de un lado para otro, confuso y tras unos segundos buscando una manera de hacerme tragar una botella de agua estando tumbado, volvió a mirarme. - ¿Cómo te la doy sin que se te caiga el agua encima? - ahora sí parecía haber captado el mensaje.

-Con la boca, memo.

-Ah, va… ¿Qué?

-¿Sabes cómo se hace? Es como el boca a boca, pero pasándome agua y…

-¡Sé hacer el boca a boca! - exclamó. Se estaba poniendo casi colorado. - Pero… no voy a hacértelo a ti.

-¿Por qué no? Es un caso de vida o muerte. ¡Me moriré si no me das la dichosa pastilla! -  desvió la mirada al suelo y se agachó frente a mí, de cuclillas. Pude ver como alzaba la mano para coger una toalla pequeña y seca de la mesita de noche y la hundía en un cuba de agua, hasta el fondo.

-Mejor te doy un poco antes con el agua. Y luego ya…

-Vale. - no es que me hiciera especial ilusión que me restregaran por el cuerpo ardiendo con una toalla congelada y húmeda, pero ya que pensaba hacerlo de todas formas, mejor que lo hiciera de la manera que me resultara más satisfactoria y, lo más satisfactorio que siempre había sentido con Jaejoong, a parte del sexo, era hacerle rabiar.

Me dejé caer de nuevo completamente en la cama. No tenía nada puesto encima, salvo un buen trozo de gasa pegado al costado. Me pegunté si estaría desnudo de cintura para abajo, pero pude apreciar cierta voluminosidad cubriéndome la entrepierna. Mis simples boxer. Con razón me estaba muriendo de frío.

Por un momento pensé en tocarme o algo, en hacer un gesto que lo pusiera más nervioso aún, algo sexual, pero no me moví, observando a Jaejoong, que alargó el brazo hasta mí con la toalla, indeciso y tenso, hasta asustado. Tragó saliva y se quedó quieto, paralizado. Varias gotitas de agua cayeron sobre mi pecho, sobre mis pectorales y encogí el estómago inconscientemente con un escalofrío.

-Hermanito, se hace así. - le agarré la mano cansado del insistente goteo sobre mi piel y la toalla acabó en pleno contacto contra el centro de mi torso, subiendo y bajando, despacio. Temblé. ¡Qué cosa tan desagradable! Jae abrió los ojos como platos y por su cara, por un momento me pareció verle incluso más enfermo que yo. - Jaejoong… venga… - le insistí, apretando su mano entre la mía con la poca fuerza que tenía y haciéndola bajar hasta mis abdominales, cerca del ombligo. La sensación de molestia y frío aumento, pero ver su cara pálida y muda, bonita pese a todo, no tenía precio. - Jae… - y de repente, apartó su mano bruscamente de la toalla y se separó de mí, levantándose del suelo de un salto. Se alejó en dirección a la puerta.

-Creo que… mejor te das tú. Yo voy a buscar algo más para el dolor de cabeza y… algunas cosas más y también… a-ahora vuelvo. - me quedé con la boca abierta, como un idiota observando como se largaba. ¿Qué había hecho mal ahora? ¿Había sido por la insinuación? ¡Pero si solo estaba jugando! ¿Qué debía hacer? ¿pedirle perdón? No quería que se fuera. Las paredes se empequeñecían a mi alrededor y el frío aumentaba de solo pensarlo.

-¡Jaejoong! - grité, cuando se aproximaba a salir. Se detuvo.

No sabía por qué siempre se detenía cuando yo se lo pedía.

Me miró de reojo.

-¿Qu-qué? ¿Necesitas… algo?

-…Sí. Necesito que te quedes conmigo. - me pregunté de dónde demonios habían salido esas palabras, porque algo tan cursi no podía haber salido de mi boca ¿no? Pero había salido y lo malo no era que lo hubiera dicho, si no que no sabía en qué sentido lo había dicho.
Y Jaejoong pareció captar a la perfección mi misma incertidumbre al instante. Cerró la puerta y volteó, observándome no sin cierto recelo.

-Estás auténticamente enfermo. - me reí.

-¿No es obvio? Creo que nunca he estado tan enfermo como ahora. Hace años que no tengo fiebre.

-¿Y tienes que empezar precisamente cuando estoy yo?

-Eh, no es mi culpa. He tenido que salir en plena noche en moto mal abrigado a buscar a alguien que se había perdido.

-Eso tampoco ha sido culpa mía ¿no? - puse los ojos en blanco, preparándome mentalmente para aceptar mi derrota. Él tenía razón, yo no.

-Vale, puede que ahí me haya equivocado yo… un poco.

-¿Un poco? - me encogí de hombros. ¡Con lo molesto e irritante que resultaba para mi orgullo tener que reconocer una derrota!

-Oye, si piensas recriminarme que te echara de casa solo por un repentino arranque de mal genio, preferiría que te callaras o te fueras.

-¿Y cuántos arranques de mal genio tienes al día, Yunho? Porque en el tiempo que llevo aquí has sufrido más arranques de mal genio que en medio año en Seul.

-¡Oh! Será porque me suele poner de mala hostia tener que convivir con alguien a quien prefiero ver lejos o, más bien, no ver directamente. Me atosiga ser consciente de que ese alguien me persigue.

-Yo no te persigo.

-No. Estás enamorado de mí, es diferente, ¿no? - Jaejoong encogió la cara descompuesta con una mueca repleta de vergüenza. Pude percibir el movimiento de su nuez al tragar saliva. Suspiré. Lo único que estaba consiguiendo sacando los trapos sucios a relucir era que se alejara un poco más de mí, algo que después de la pesadilla que había vivido esa noche me negaba a permitir que ocurriera. Al menos de momento. Al menos, mientras estuviera en Busany corriera peligro sin alguien que vigilara sus actos. - Jaejoong, ven aquí. - le pedí, alzándome un poco de la cama, apretando los dientes al sentir el tirón del costado. Por suerte en la pierna no sentía apenas nada y no me dolió cuando la arrastré cubierta de gasas húmedas sobre el colchón. Él dudó, pero tras unos segundos, dio el paso decisivo hacia delante, acercándose. Me miró desde arriba.

-¿Qué quieres?

-Que pases lo que queda de noche conmigo, cuidándome o vigilándome o hablándome, o lo que quieras, pero no te vayas.

-Es difícil querer pasar la noche contigo cuando no haces más que criticar y sacar los trapos sucios de las personas ¿sabes? Es doloroso.

-Pero tú ya has pasado muchas noches conmigo y nunca ha sido doloroso, yo diría que lo contrario. - volví a percatarme de aquel extraño movimiento, su mano cerrándose en torno a la muñeca, arrascándose con las uñas con disimulo, como si lo hiciera en un acto reflejo y ni siquiera fuera consciente de ello.

-Ahora mismo solo quiero un poco de tranquilidad, buscar un trabajo, ganar algo de dinero y largarme de aquí. Quiero llevarme bien contigo o al menos no enfadarme y tengo una paciencia demasiado limitada que intento alargar, ¡Pero tú es que no tienes nada de paciencia y eres un maldito calentorro! Si no quieres verme y te molesto lo único que tienes que hacer es no hablarme y si me hablas, que no sea en plan provocador, ¿entiendes? - fruncí el ceño, empezando a comprender lo que buscaba de mí.

-Ah, lo que tú quieres es hacer como si nada de lo que pasó hubiera pasado, ¿no? Como si tú y yo nunca hubiéramos follado en Seul, como si no hubiéramos sido pareja, como si solo fuéramos una pareja de hermanos normal y corriente que se han cabreado por una gilipollez y no se hablan, ¿es eso? - Jaejoong se quedó callado durante unos segundos.

-Sí. Eso quiero. - asentí con la cabeza. - Me gustaría borrarlo todo, como si nunca hubiera ocurrido y quizás, si nos lo trabajáramos un poco, podríamos ser como hermanos de verdad, como si nunca hubiera pasado nada que no tuviera que pasar. Quiero ser tu hermano, no tu novio o tu Muñeco.

-Ya, lo entiendo y lo tengo en cuenta pero, ¿Y yo qué quiero? ¿Es que aquí solo cuenta lo que tú quieres? Yo también quiero algo y no estás teniendo en cuenta mi opinión, Jae. ¡Qué mal, que intolerante, que egoísta! Eso no es de ser un buen hermano. - él puso mala cara, oliéndose algo. Supuse que me conocería lo suficiente como para saber al instante que tramaba algo por el simple tono de voz. Dio un paso más hasta mi cama y se sentó en un lado, junto a mí.

-¿Y qué quieres tú?

-No quiero ser tu hermano.

-Pero eres mi hermano de sangre y por mucho que no quieras serlo, nadie puede cambiarlo.

-Lo sé y también sé que te has repetido miles de veces esa afirmación, pero no acabas de creértela. No, es que no quieres creértela. Lo repites como un loro, pero sin sentir nada. No me jodas, Muñeco, lo que pasó no va a cambiar y lo que corre por nuestras venas tampoco. Siempre que me mires a la cara vas a ver al hombre con el que te estuviste acostando incontables veces durante más de medio año, no como el hermano mayor que padece arranques de mal genio cuando te ve. No, de eso nada. - Jaejoong soltó una bocanada de aire, malhumorado. Las verdades duelen y yo había dado en el centro de una verdad como una casa.

-De acuerdo pero ¿y de qué me sirve verte como un hombre y no como un hermano, eh? Eso no va a cambiar el hecho de que tú no me quieras ni ver y yo tampoco quiera verte, no va a cambiar los polvos que echas con Max, no va a hacer que vuelva a pasar lo que no debió pasar ¿verdad? ¿Entonces de qué cojones me sirve?

-¿Pero y tú qué sabes? Tal vez vuelve a pasar.

-No, no va a volver a pasar porque yo no quiero que pase. - me reí y sentí los pinchazos de la cara llena de magulladuras.

-Jae, por favor, que siempre que hablamos acabamos comiéndonos la boca ¡No me jodas, te mueres por mí y yo me muero por ti y eso es obvio! - Jaejoong abrió los ojos como platos.

-¿Qué?

-Que no intentes disimular y no hagas esfuerzos tontos. Nosotros no somos hermanos por mucho que un análisis de sangre lo diga, un médico, una madre… ¡Y una mierda! Somos lo que queremos ser, es así de fácil.

-¿Ah, sí? Pues si somos lo que queremos ser yo quiero ser tu hermano y no quiero ser un Muñeco, así que arreglado, somos hermanos porque yo lo quiero, así de fácil. - puse los ojos en blanco. Ahí me había pillado, ¡Anda que no era cabezón el jodido!

-Pues vale, somos hermanos a partir de ahora, así de fácil. - y Jaejoong asintió, tozudo, sonriente incluso. - Y como somos hermanos no tendrás ningún problema en darme esa dichosa pastilla para la fiebre con la boca ¿no? Como somos hermanos y los hermanos hacen sacrificios para ayudarse, pues… - y la sonrisa desapareció de su cara y apareció en la mía. ¡Pillado! Jaejoong alzó la mano y se miró la palma en la que todavía descansaba la enorme pastilla blanca. Diría por su expresión que hubiera preferido haberla perdido. - ¿Y bien? Tu hermano mayor está enfermo, tendrás que hacerle esa favorcillo ¿no? - me miró de reojo con un ligero tic en la ceja. Me hacía gracia su rostro frustrado. “Seré idiota, ¡Me ha timado!” parecía pensar. Y sí, lo había timado, pero es que era tan fácil de engañar… - Jaejoong, me siento cada vez peor por la fiebre. Creo que me está subiendo otra vez.

-¡Argg! - gruñó y alterado, agarrando la botella de agua que había dejado en el suelo, se metió la pastilla en la boca, refunfuñando. Observé como con cara de mala hostia se llevaba la botella a los labios y bebía un par de sorbos que almacenó. Se giró de cara a mí y se inclinó de golpe, pero en el último momento dudó, con la boca llena.

-¿Qué te pasa ahora? Me moriré de frío por tu culpa. - Jae murmuró algo con la boca llena. Supuse que no quería decir nada bonito por su cara de cabreo. - Eso es genial, Jaejoong. Ya me lo contarás cuando me hayas dado la pastilla y pueda entenderte. - lo agarré por lo nuca y lo obligué a ¡Por fin! Apoyar su boca en la mía. Sus labios estaban fríos y no se movieron lo más mínimo, es más, intentaron separarse de los míos con uñas y dientes. Me apartó de un manotazo la mano que tiraba de su cabeza hacia mí y se separó bruscamente. - ¡Pero bueno! - iba a quejarme, pero de repente me agarró la nariz y me la tapó con dos dedos. - ¿¡Qué coño estás haciendo!? - y cuando abrí la boca, volvió a inclinarse de golpe y nuestros labios encajaron perfectamente. Su pelo me acarició la cara y cuando abrió la boca para pasarme la pastilla junto con el agua, casi me ahogué por la sorpresa. Se me llenó de agua y apenas pude rozar su lengua. Se me escapó un poco por la comisura de los labios hasta la mejilla y cuando me revolví para toser, Jaejoong me mordió los labios a mala leche. Me empujó la pastilla hasta casi la garganta con la lengua y se separó de golpe. Empecé a toser habiéndome tragado el agua junto con la pastilla prácticamente a la fuerza.

¡Mierda, no había sido para nada excitante!

-Deberías saber que cuando uno está enfermo excitación o ganas de sexo es lo último que siente, ¡Imbécil! - me escupió a la cara, limpiándose la boca con la mano. Lo miré, cabreado.

-¡Bah! - ya iban dos derrotas aquella noche.

-Me voy a dormir. - dijo, y se encaminó hacia la puerta otra vez.

-¡Espera, espera!

-¿Qué espere a qué? ¡Tengo sueño y ya te he dado la puta pastilla!

-Pero Ricky está durmiendo en el sofá ¿no? ¿Dónde piensas dormir tú? - Jaejoong se quedó callado, pensativo.

-Con Scotty en el suelo.

-Cualquier cosa antes que dormir conmigo, ¿no?

-¡Sí, qué listo eres!

-¿Pero por qué me odias tanto?

-¿Perdona? Si mal no recuerdo, ¡El que me odia eres tú!

-¡Yo no te odio! - Jaejoong se puso rojo como un tomate de rabia. Se llevó las manos al pelo y se lo apretó con fuerza, casi dándose tirones de frustración.

-¡DEJA DE JUGAR CONMIGO! - y a mí me entró la risa floja.

-¡Una tregua!

-¿Qué?

-¡Una tregua, hagamos una tregua!

-¡Pero si el que siempre rompe la tregua eres tú con tu maldita bocaza y mal genio!

-Esta vez de verdad. Nos llevaremos bien, solo hay que reprimirse un poco, ¿no? -  se mordió el labio. Estaba enrabietado como un perro.

-¡Me vas a volver más loco de lo que ya estoy, joder!

-Pero si estás muy cuerdo. Hagamos una tregua, yo reprimo mi mal genio y mis provocaciones y tú reprimes tú… ehm… - Jae se cruzó de brazos, con mala idea.

-El que me putea eres tú, yo no te puteo. Yo no tengo nada que reprimir.

-Hum… verdad. ¡Entonces yo me reprimo y tú te adaptas a todo esto!

-¿Cómo que me adapto?

-Hum… - mis ojos giraron en torno a la habitación, pensativos. Recordé otra vez lo que Ricky me había dicho hacia rato. Un tío casi lo había obligado a… sentí un escalofrío de grima. Peinaría los barrios bajos en busca de ese tío, no solo porque hubiera acosado a mi hermano, (que también) si no porque las violaciones eran una estricta prohibición para la chusma de los barrios bajos. Una regla de oro para quien no quisiera ganarse muchos, muchos enemigos. Miré a Jaejoong con una ceja alzada. Parecía estar bien (bien y enfadado), pero… otra vez ese ligero toque molesto en la nuca me hacía sentirme violento y extrañamente cruel.

Me acababa de dar cuenta de que me había dedicado a provocarle y a preocuparme por mi salud y me había olvidado por completo de lo mal que lo había pasado esa noche ahí fuera.

Y había sido por mi culpa, por echarle y no tener paciencia con él.

Nos miramos fijamente, en silencio, comiéndonos con diferentes tipos de sentimientos. Yo con algo de preocupación. Jaejoong con algo de enfado y frustración. Me pregunté si él querría contármelo o si se avergonzaba de no haber sido capaz de defenderse y por eso no se quejaba… o si, quizás, pensaba que si me lo decía, me reiría de él. Quizás temiera que encontrara a aquel hombre y lo matara, le rompiera los huesos o algo parecido. Jaejoong era tan compasivo que aunque una persona se mereciera un justo castigo, se lo perdonaba cuando un lo siento salía de su boca. Si las cosas fueran así, la policía no existiría.

Me pregunté qué debía decirle yo, si debía preguntarle algo. Me pregunté por qué coño siempre me comía tanto la cabeza cuando se trataba de él, me pregunté si mi parte “ilógica y absurdamente anti-yo” estaría haciendo de las suyas otra vez. Nunca sabía cuándo estaba actuando como mi parte “ilógica y absurdamente anti-yo” o como mi parte “lógica y totalmente pro-yo”. ¡Qué contradictorio! En aquel momento no me importó cuál de las dos fuera.

-¿Te tocó? - pregunté, por fin, después de unos pocos comederos de cabeza y Jaejoong se puso tensísimo al instante. Sabía de lo que le estaba hablando y eso significaba que lo que había pasado esa noche le había dado muy fuerte. Me sentí… mal.

-… ¿Es que… te importa? - preguntó, pero no a mal ni a la defensiva, si no como una pregunta sustancial para asegurarse de que no me burlaría de él o preguntaba por preguntar.

-Sí… - Jaejoong tragó saliva. Anduvo hacia delante y se dejó caer sobre la cama pesadamente. Vaya, estaba deseando contármelo pero no me había dado cuenta hasta ese momento. - No te violó. - sentencié. Eso era obvio. Solo había sido un susto.

-No.

-Pero era un violador.

-Sí.

-¿Y cómo lo sabes?

-Porque cuando lo vi estaba intentando violar a una mujer. La estaba amenazando, pegando y… desnudando. -  puso cara de asco y se estremeció.

-¿Y fue  por ti, sin más? - él ladeó la cabeza.

-No creo. Es que…

-¿Es que qué?

-Le grité para que la dejara en paz y pasó de mí, siguió haciéndole cosas y yo… me puse hecho una fiera y corrí a ayudarla y le pegué. - alcé las cejas, impresionado. No estaba mintiendo, atribuirse méritos no era propio de él.

-¿Era muy grande?

-Hum… bastante. Estaba gordo. Era un poco más bajo que yo pero mucho más ancho. Pesaba como mínimo el cuádruple que yo.

-¿Y estaba armado? - Jaejoong me miró, con una adorable expresión de pena y asintió con la cabeza. - Pero tú no estabas armado, ¿no? - negó. Fruncí el ceño, imaginándome la escena. - Era mucho más fuerte que tú y encima estaba armado y lo provocaste al quitarle su presa y golpearle… - quise gritarle que estaba loco, que no volviera a hacer una puta cosa tan peligrosa, pero respiré fuerte por la nariz y me reprimí. Tregua, tregua…

-Me siguió un poco pero lo perdí de vista enseguida. Cuando no lo vi me detuve un poco y bajé la guardia. Me dirigí hacia la carretera pensando que lo había perdido de vista pero justo cuando iba a asomarme, me atacó por detrás, por sorpresa. Me tiró al suelo, me pegó una patada en el estómago que me ha hecho un moratón enorme y yo retrocedí hasta la carretera. Ricky se estrelló con la moto intentando esquivarme y él me agarró otra vez, me arrastró lejos y… - volvió a estremecerse, asqueado. - Me besó en la boca. - quise parecer indiferente, pero me tembló el labio inferior. Asentí con la cabeza. - intenté darle asco, vomitar, decirle que tenía sida y escupir, pero me golpeó en la cabeza con el mango del cuchillo y me tiró al suelo. Se sacó su… asqueroso pene y estuvo a punto de… pero Ricky apareció y lo asustó con una botella rota. - le compraría a Ricky una preciosa moto nueva y un móvil que no fuera de la década pasada. Seguro. - Y eso fue lo que pasó.

-Ajá. - no sabía qué más decir. No era muy bueno consolando a la gente. Normalmente era yo el que hacía llorar a las personas, no las consolaba, pero… aunque intenté reprimirme lo único que salió de mi boca fue un reproche. - No vuelvas a defender nunca a nadie, Jaejoong, nunca. - él alzó una ceja, sin entender.

-¿Te refieres a la mujer?

-Sí. Nunca defiendas a nadie porque serás el que acabe mal parado y no merece la pena.

-Pero… es que tenía que ayudarla. Estaba gritando, estaba muy asustada y ese cerdo…

-Me da igual. No vuelvas a hacer una cosa tan peligrosa. Si Ricky no llega a estar, ¿Qué hubiera pasado? - Jae bajó la cabeza, pálido.

-Necesitaba ayuda…

-Y tú también y Ricky te la ofreció y le estaré jodidamente agradecido por eso pero ella también sabe cuales son los principios básicos de aquí y sabe que no debería haberte ayudado. Lo hizo porque no quería tener que cargar con las culpas de una violación. Ya tiene suficiente con la suya. - me estaban entrando ganas de fumarme un cigarrillo, pero las nauseas me podían. El frío estaba siendo sustituido poco a poco por el calor de manera rápida y molesta.

Jaejoong me miró con la boca abierta, confuso.

-¿Qué has dicho? - preguntó.

-¿Sobre qué?

-Sobre Ricky.

-Nada.

-Has dicho que no quería cargar con las culpas de una violación porque ya tenía suficiente con la suya. - suspiré y me encogí de hombros.

-No me gusta hablar del pasado de la gente.

-Le dije que ella no podía entenderme porque nunca habían intentado violarla. ¿Me he equivocado? - se estaba poniendo blanco, casi verde. Estaba seguro de que en ese momento le estaban entrando más náuseas que a mí. - ¿Me he equivocado, Yunho? - preguntó, con voz temblorosa. Hice un gesto con la boca.

-Un poco… bastante… - y se llevó las manos a los labios, mordiéndose un dedo con nerviosismo de repente. Nunca le había visto hacer ese gesto.

-Me contó como os conocisteis.

-¿Y no mencionó por qué se viste como un tío y todo lo que le llevó a ser como ahora es?

-¡Sí! ¡Me dijo que tú pasaste de ella en el instituto y que se acabó vistiendo así para acercarse a ti!… o eso me dio a entender. - puse los ojos en blanco.

-Bueno… no es exactamente así, pero…

-¿Pero qué? ¿¡Pero qué!? - suspiré.

-Ricky no quiere que ningún hombre le toque ahora ¿vale? No deja que ninguno le toque salvo yo, o Max, o Black, quizás hasta Kan, al menos de manera sexual. Un golpe en el culo, un abrazo, alguna broma pegajosa… por eso se viste como un tío. Quiere parecerse lo más posible a uno para que no se le acerquen moscardones y sentirse más segura consigo misma. Supongo que es normal. Se la… - ¿cómo debía decirlo sin que sonara muy brusco? - Se la beneficiaron entre cuatro, fue muy sádico, de hecho no puede tener… hijos, por lo que ocurrió. Supongo que fue traumático para… - negué con la cabeza y me incliné un poco sobre el suelo, cogiendo la botella de agua con una mano y pasándosela. - Anda, bebe antes de que empieces a vomitar o te caigas redondo al suelo. - Jaejoong me arrancó literalmente la botella de las manos y se la bebió entera, en apenas tres sorbos. Cuando terminó y la dejó caer vacía al suelo sus ojos estaban llorosos.

-Le dije que no podía entender el miedo que había pasado… incluso, sin querer en el sótano de arriba, cuando nos conocimos, le toqué el pecho y ella no dijo nada. Se rió…

-¿Y no se puso a la defensiva? Increíble. - Ricky era capaz hasta de matar por un contacto así con un hombre. Quizás que Jaejoong fuera más femenino que ella la hacía sentirse tan tranquila y tan a gusto.

-¿Cómo pasó? - me preguntó otra vez.

-Jaejoong, que no me gusta…

-¿¡Cómo pasó, Yunho!? - puse los ojos en blanco.

-Le dije que no quería nada con ella en el instituto y empezó a seguirme, a unirse a nosotros, a conocer gente, a cualquier cosa para estar cerca mía. A mí me la sudaba y un día, pasó lo que le había advertido alguna que otra vez por ir de calentorra por aquí. La pillaron entre cuatro en un callejón y… pasó… - recordé levemente la escena de cuando la encontré allí. Iba con Kan y los dos la vimos, desnuda, desecha en el suelo, sangrando por todas partes, con el pecho repleto de mordiscos que sangraban, al igual que su entrepierna, desgarrada… no recordaba muchos más detalles, salvo a Kan pasando de largo con los ojos muy abiertos, ido completamente y con una sonrisa preocupante en la boca. Max y yo somos los únicos que sabíamos lo sucedido. Kan no pareció comprender esa escena y seguramente, la olvidó un instante después de presenciarla.

Yo cogí a Ricky, la llevé al hospital y se hicieron cargo de ella. Cuando salió, ella misma fue a buscarme con una mirada diferente y un nuevo objetivo. Unirse a nosotros para… ¿Para qué? ¿Para superarlo? ¿Para sentirse más segura? ¿Para aprender a defenderse, a pelear? A saber… nunca se lo había preguntado. De hecho, nunca había vuelto a mencionar lo ocurrido salvo cuando Max me lo preguntó. Él era tan astuto y veía evidencias donde yo solo podía ver gestos comunes. Supo a la semana de conocerla que Ricky había sido víctima de una violación… tal vez porque le recordaba a su madre, víctima de las violaciones de su padre, ¿Quién sabe?

Eso los hizo colegas inseparables al instante, el poder entenderse a las claras. Max y Ricky eran uña y carne por mucho que discutieran y se pusieran verdes a las espaldas del otro.

-Mierda, mierda, mierda, mierda… ¡Mierda! - Jaejoong se levantó de golpe de la cama. - ¡Soy un idiota y un burro! ¡Tengo que pedirle perdón! - y se embaló otra vez hacia la puerta, ¡Pero qué exagerado! Lo agarré de la mano y tiré de él hacia abajo otra vez, volviendo a sentarlo en la cama.

-Jaejoong ¿sabes lo orgullosa que es? Si le dices que te lo he contado nos matará, a ti y a mí y ahora que no puedo defenderme muy bien su mal humor me preocupa un poco ¿sabes? - Jae se dio la vuelta al instante, mirándome fijamente con desesperación. Me puso las manos en los brazos, casi con intención de sacudirme.

-¡Pero es que le he dicho que…!

-¿Pero tú no has visto la gente de aquí? ¡Les estrellas una botella en la cabeza y con sacudirse los cristales de encima siguen andando tan tranquilos! Nosotros no somos como las personas de Seul, tan débiles de mente. Pocas veces nos va a ofender alguna palabra que nos diga un desconocido, así que déjalo estar. La harás sentir mal si ve que le tienes compasión. Estate quieto y quédate conmigo. - Jaejoong bajó la cabeza, pensativo. Asintió.

-¿Por cuántas cosas ha tenido que pasar la gente de aquí, Yunho? Porque mire por donde mire solo soy capaz de ver desgracias y eso no me gusta.

-A eso me refería con adaptarte. Si quieres sobrevivir aquí vas a tener que aprender a no llorar ni a sentir pena por las desgracias ajenas. Solo tienes que mirar la parte buena. Si sobrevives aquí, sobrevivirás en cualquier parte del mundo. - algo me ocultaba. Se había quedado tan callado de repente y su frente se había arrugado por la mueca de su cara. Si Max estuviera lo habría sabido al instante.

-Yunho, ¿Quieres que me quede?

-¿Y eso a qué viene?

-A que me estás ayudando, ahora, de repente. - ladeé la cabeza. - Pensaba que me odiabas y que me querías lejos.

-Sí. Pero como no tienes ningún sitio a donde ir y algo me dice que preferirías matarte antes que volver a Seul, no me queda otro remedio. Además, aquí vas a sufrir más que en cualquier otra parte. Puedo aprovecharme de ello. - sonreí, altanero y Jae me imitó casi al instante.

-Bueno, algo es algo.

-¿Ves? Te estás acostumbrado a no exigir más de la cuenta y eso es bueno para mi paciencia.

-Y para mí, supongo. - nos miramos a los ojos y los dos nos callamos, en silencio. Era el típico momento en el que él tendría que colgarse de mi cuello y besarme o al revés y por eso se apartó enseguida, esquivando mi mirada. ¡Mierda, eso de ser hermanos iba en serio! - Creo que la fiebre te está bajando. Ya no tiemblas.

-Desde luego, me siento mucho más caliente.

-Ah…

Momento incómodo…

-Creo que la tregua está funcionando.

-¿Verdad?

-Sí. Quizás acabe funcionando tan bien que podríamos olvidarnos de todo y… ser hermanos de verdad. - una sonrisa de lo más inocente se dibujó en su rostro al pensar lo que nunca ocurriría entre nosotros. Nunca seríamos hermanos de mente aparte de ser hermanos de sangre. Nunca lo seríamos porque yo no quería que lo fuéramos.

Jum… ¿Por qué no? Quizás porque eso daba vía libre a cualquier otro hombre. Quizás porque ya había tenido un hermano hacía muchísimos años y me había abandonado aquí y él se había quedado con la mejor parte, con la vida cómoda. Quizás porque mi parte “ilógica y absurdamente anti-yo” me gritaba que no, imposible.

O éramos hermanos u… otra cosa, pero era imposible ser las dos y totalmente improbable ser hermanos. Pero eso no fui capaz de decírselo a Jaejoong y una ligera preocupación surgió en mi cabeza al darme cuenta de que estaba entre la espada y la pared.

Quería tenerlo cerca y vigilado porque no había pasado tanto “miedo” en mi vida como esa noche en la que creí que le habían hecho algo y no volvería a verlo nunca. No quería tener que pasar por ese pánico otra vez y para ello, para que no huyera cabreado conmigo o herido, para que no se descontrolara, tenía que reprimir mi maldito mal genio con él y ser un poco más flexible, pero haciéndolo… se acercaría más a mí. Lo tendría más cerca y eso me preocupaba un poco. ¿Y si volvía a sentir cosas raras? ¿Qué haría entonces? Y lo malo era que mi parte “Ilógica y absurdamente anti-yo” no lo veía tan mal. Esa parte no paraba de decirme, Simone no está aquí para decirte nada, para amenazarte con ningún cuchillo, ¡Tienes vía libre!

Y… tenía razón. Pero intentarlo conllevaba demasiados compromisos y… ¿Desde cuándo me había vuelto yo tan precavido? Jaejoong, definitivamente, me volvía gilipollas de remate. ¡Yo no era precavido ni por asomo, yo no era así!

-Empiezo a tener sueño. - dije. - Creo que la fiebre me ha bajado lo suficiente como para poder echarme un rato y no derretirme en la cama.

-Pues entonces duérmete. - Jaejoong alzó un brazo hasta mí. Por un momento pensé que pensaba acariciarme la mejilla, pero me tocó la frente. - Sí, te ha bajado la fiebre, pero todavía estás caliente. Duérmete y descansa ahora que puedes. - asentí con la cabeza.

-Vale. - me sentí como un crío y en ese momento Jaejoong me recordó enormemente a Helem, sus ojos brillantes, cariñosos y preocupados, tan atentos. Me moría de ganas por protegerlo y por llamar su atención con cualquier gamberrada. Volví a echarme en la cama por completo, sin dejar de mirarle en silencio mientras se agachaba para recoger las sábanas que había mantenido lejos de mi alcance y las estiraba sobre mí, para arroparme. Eso era demasiado. ¡Que no tenía ocho años! - ¿Y tú dónde vas a dormir?

-Pues… - aparté la sábanas un poco y me eché a un lado, con cierto disimulo en la cara.

-Métete. - Jaejoong miró el hueco de la cama no muy convencido.

-No creo que sea buena idea.

-Estoy enfermo, no te voy a hacer nada. Además, ¿Qué tiene de malo que dos hermanos inocentes y puros como nosotros duerman juntos? - solté, con clara ironía. Jaejoong se mordió el labio inferior. Otra vez hizo ese gesto que estaba empezando a irritarme, ese ligero toque sobre su muñeca y su brazo, como si le picara, arrascándose con las uñas.

-No sé…

-Jaejoong, venga. No volveré a dejarte dormir en mi cama si eso te hace sentir mejor, eh. Solo estoy teniendo un arranque de compasión, yo también puedo ser bueno si quiero, ¿sabes? - Jae frunció el ceño. Me daba la sensación de que tenía otros motivos que el de no confiar en mí para no querer meterse en mi cama conmigo.

-Vale. - dijo. Yo sonreí triunfal. Se inclinó para meterse en la cama, totalmente vestido, con los mismos vaqueros con los que había llegado aquí y con una de mis camisetas (se la había cambiado por otra porque ya no podía ver la sangre de su brazo).

-Eh, espera, ¿vas a meterte así? ¿Tan poco confías en mí? - Jaejoong se miró, sin entender.

-Ah, esto. No tengo pijama.

-Ni yo. - alcé una ceja y él pareció captarlo al instante. Suspiró.

-Me desnudaré pero… las luces tienen que estar apagadas. - yo me reí.

-¿Te da vergüenza que te mire, o qué?

-Bueno, prefiero que no lo hagas. - por la expresión cohibida de su cara volví a suponerlo. Me estaba ocultando algo, pero no profundicé en ello. No por ahora. Jaejoong se dio la vuelta y fue hacía el interruptor. Lo apagó. Ya casi había amanecido y la luz de la calle penetró por entre las rendijas de la persiana echada, hundiendo a la habitación en penumbra. El cuarto se llenó de sombras y entre ellas, Jaejoong caminó silenciosamente hacia mí. Cuando vi su sombra quitándose la camiseta, su pelo agitándose suavemente, un suspiro que emanó de su boca, creí sentir la fiebre revolviéndose como una serpiente, recorriendo las venas que llevaban hasta mi pecho. Tragué saliva y empecé a sudar y la cabeza se me llenó de guarradas a montones, imposibles de controlar. Se quitó los pantalones y encogí el estómago. Mi aliento se había vuelto caliente y ansioso.

Jaejoong apartó las sábanas un poco y se echó en la cama. Miré su sombra con la boca seca.

-Déjame sitio. - susurró y me eché un poco más hacia atrás hasta quedar contra la pared. Cuando lo hice, se dio la vuelta, dándome la espalda y se quedó callado. La sábana le cubría hasta la cintura pero ser consciente de que estaba casi desnudo a mi lado, en la cama, me estaba poniendo malo ¡Malísimo! Estaba empeorando. La fiebre me estaba subiendo. Estaba tan caliente que las sábanas se me estaban pegando a la piel por el sudor.

-Jaejoong…

-¿Qué?

-Creo que estoy empeorando. - se giró, alzándose un poco sobre la cama y buscó mi frente a tientas. Cuando me acarició me estremecí por completo.

-Estás sudando. La fiebre te está bajando.

-¿Seguro? Porque yo creo que me está subiendo.

-Seguro. - volvió a tumbarse sobre la cama, esta vez frente a mí. Me pregunté por qué puñetas estábamos hablando en susurros.

-Jaejoong…

-¿Qué?

-…Nada.

-Ah…

-Jaejoong…

-Dime.

-…¿Puedo tocarte?

-Yunho…

-Por favor…

-…puedes… - se dio la vuelta. Me dio la espalda. Suspiraba muy bajito. Me pegué un poco a él, lo suficiente como para hacer que mi aliento chocara contra su nuca. Alcé una mano y tras un segundo de duda, la apoyé sobre su brazo desnudo, en el principio de su hombro. Descendí por él, acariciándolo y apoyé mi frente sobre su nuca, suspirando.

-Jaejoong…

-¿Qué?

-Quiero hacerte… muchas cosas… quiero oírte decir muchas cosas con ese tono de voz de que estás poniendo ahora.

-Pues… duérmete y no las hagas. No voy a decir nada. Duérmete.

-Hum… - gruñí.

-Duérmete. Yo te cuido.

-¿Todavía estás pensando en lo de Ricky?

-…Sí…

-¿Tantas vueltas le das?

-Yunho, si me hubiera violado ese tipo, ¿Qué hubiera pasado?

-…¿Sinceramente?

-Sí.

-Creo que te hubiera matado después y te hubiera tirado a alguna parte. - noté como su hombro temblaba y pasé mis brazos alrededor de su cintura, pegando mi pecho caliente al suyo tiritando. Él me agarró las manos enseguida, no sabría decir si buscando apoyo o para que no intentara llevar a cabo un tocamiento más efusivo en otras partes de su cuerpo, pero mi permitió el contacto, complacido.

-Pero si la policía no es eficiente en estos casos, ¿no?

-¿Eso te lo ha dicho Ricky?

-Sí.

-No suele ser eficiente, al menos para lo que le conviene. Las mujeres de aquí son un poco diferentes a los hombres y, o están calladas como muertas, o hablan demasiado y eso a la policía corrupta no le conviene. Seguramente, la chica a la que salvaste habría denunciado la violación y si no le hubieran hecho caso, hubiera ido hasta el Tribunal Supremo o algo así, habría montado una huelga, manifestaciones, se habría hecho oír y eso pondría en un serio apuro a la policía. Las mujeres de Busan tienen mucho carácter porque no les queda otro remedio que tenerlo, por eso, para evitar daños mayores, la policía intenta hacer caso a las denuncias por violación, aunque hay pocas. Otra cosa son los muertos que se encuentren. Eso se lo toman menos en serio porque, claro, el muerto no puede hablar, por eso los violadores últimamente son listos y matan después de violar.

-Asesinos en serie.

-Tal vez. - su espalda tembló debido a un escalofrío y le apreté la mano que había confiado a las mías. - Pero las reglas de Busan son muy claras. La violación no está permitida, ya sea de un hombre o de una mujer. Los violadores viven con ese miedo en el cuerpo porque saben que si violan y la policía no hace justicia, nosotros nos tomaremos la justicia por nuestra propia mano… y eso vamos a hacer con ese hombre en cuanto me detalles su descripción un poco.

-Pero… ¿Qué vais a hacerle si le pilláis?

-Bueno, si lo pillamos antes de que lo pille la policía, lo dejaremos libre.

-¿Libre?

-Después de castrarlo. - oí claramente el sonido de la saliva atravesando su garganta apresuradamente.

-¡Qué compasivos!

-Pero no te preocupes… voy a protegerte. - sentencié. Nunca había hablado más en serio en mi vida.

-Quiero aprender a protegerme yo solo.

-Pues te enseñaré, pero aún así te protegeré. - no pude evitar la tentación tan carnosa y vulnerable que tenía entre mis brazos y mis labios se pegaron a su espalda, besándola con un simple roce sin humedad.

-Yunho… - murmuró mi nombre con algo de pena, como si me rogara.

-No te sientas mal. Solo es un beso de hermano mayor. - estaba relajado, podía sentirlo. Mi cercanía no le incomodaba y volví a besarle, esta vez el hombro, dándole también una leve lamida a su piel suave. Él suspiró. Le besé el cuello sin utilizar la lengua, un simple beso y otro en la mejilla que le hizo encogerse como un gatito receloso. - Jaejoong…

-¿Qué?

-Mañana vas a comer hamburguesa.

-¿Cómo?

-Para sobrevivir aquí vas a necesitar estar fuerte y para eso, vas a tener que comer mucho. - solté, con una clara doble intención que no estoy seguro de si él captó. Podía sentir los huesos de su cadera y sus costillas sobresalir y pegarse a mis manos.

-Hum… bueno…

-Si no lo haces romperé la tregua.

-Pues… comeré un poco.

-¿De verdad?

-Sí. Lo intentaré.

-Vale. Te harás… fuerte. - y nos quedamos callados tras esa última afirmación.

Mis ojos se fueron cerrando poco a poco. Me sentía pegajoso y sudado, pero eso no me impidió echarme la siesta que tanto necesitaba. Jaejoong se durmió incluso antes que yo. Acabé notando como aflojaba las manos que apretaban las mías y su pecho empezaba a subir y a bajar con lentitud y tranquilidad. En cuanto lo noté, me relajé y mis párpados cayeron a peso muerto.

Volví a abrirlos casi al instante, acordándome de algo crucial y sumamente extraño.

El Muñeco había desaparecido....