By Yunho.
-¿Qué piensas hacer esta noche?
-Nada en especial. - tal y como había esperado que ocurriera, Lidy no se atrevió a salir de su habitación hasta que Max y yo terminamos de jugar. Daba igual cómo había gritado de alto, cuanto se habían oído los muelles del sofá y cuantas guarradas le había soltado a Max mientras me lo follaba. Ella no se había atrevido a salir, pero yo sabía que estaba allí, escondida como una comadreja en su madriguera. Después de acostarnos, nos encerramos en su cuarto. El sofá era demasiado incómodo y las paredes tenían oídos. Nos dejamos caer en el colchón del suelo y ahí estábamos todavía, ya casi anocheciendo. Yo estaba bocabajo, con las manos alrededor de la almohada, casi dormido. Me había tirado una buena siesta después del polvo. Me había lavado antes, claro, y en ese momento estaba adormilado, desnudo de cintura para arriba con Max al lado, boca arriba, mirando al techo y fumando con tranquilidad.
No tenía ganas de volver a casa.
-Dijiste que ibas a preparar algo esta noche.
-¿Qué? ¿Cuándo he dicho yo eso? No puedo con mi cuerpo, llevo días sin dormir una mierda.
-Pues aseguraste que ibas a hacerlo antes de quedarte frito.
-¿Sí? ¿Qué dije? - apoyé el codo en la almohada y la barbilla en el brazo, alzándome para analizar su expresión mejor. Estaba pensativo… y eso no era bueno para mí.
-Que ibas a invitar a todo el mundo a tu casa esta noche para beber unas birras y pasar el rato.
-Hum… ah, ya. Es verdad. - Max también estaba medio adormilado. - Tú vendrás ¿no?
-¿Te has vuelto loco? Me atropellaran por la calle con esta cosa pegada a mi pierna.
-Yo te llevo en coche.
-Estoy cansado.
-¡Venga! No puedes faltar a una fiesta a la que yo vaya, eres mi nuevo Muñeco. - Max me miró con el ceño fruncido. Estaba claro que ya empezaba a sospechar algo, pero prefería reservárselo para sí mismo. Sabía que me sacaba de quicio hablar de Jaejoong y ahora, con más razón. ¿Por qué quería de repente invitar a algunos de estos desgraciados a mi casa? Era sencillo. Jaejoong… no pensaba exhibirlo delante de nadie, pero estaba seguro de que él, por propia curiosidad y persistencia, acabaría presentándose a cada uno y sería un visto y no visto. Se le echarían encima y Jaejoong se largaría, fin del juego.
Tampoco es que me interesara mucho que Max conociera a Jaejoong, pero si lo hiciera Jaejoong tendría más razones para largarse si veía que tenía un nuevo Muñeco porque aunque no me quisiera, los celos no había forma de quitárselos de la cabeza… y creo que a mí tampoco.
-Entonces ¿Irás o no? - Max se encogió de hombros.
-Bueno, vale. ¡Pero tienes que decirle a Ricky que soy tu nuevo Muñeco, si no, no voy!
-¿Pretendes presumir de Amo? - me burlé.
-¡Pues claro, ya que lo tengo! - Max era de lo más simple cuando quería.
-Como quieras. - los dos nos quedamos tumbados sobre el colchón un rato más, en silencio, cada uno pensando en sus tonterías. Yo había conseguido dejar la mente en blanco brevemente, o lo intentaba… pero Jaejoong emergía en color en mi cerebro. Maldito Jaejoong.
El Muñeco estaba tumbado a mis pies, tan macabro como siempre. Ya me había acostumbrado a su presencia, ya no me asustaba. Me había hecho a la idea de que tendría que aguantarlo mucho, mucho tiempo. Max se volvió en el colchón, bocabajo, empezando a buscar algo por el suelo con las manos. Seguía estando rodeado de libros desperdigados por todas partes.
-¿Qué haces?
-Busco un libro.
-¿Te vas a poner a leer ahora?
-No, es que quiero enseñártelo, es lo último que me he leído.
-A mí no me gustan los libros. - Max me fulminó con la mirada.
-Inculto.
-¡Buag!
-Lo encontré. ¡Mira, es una edición súper antigua! - Max me puso un libro en la cara, con la tapa dura, del color del hierro oxidado y las páginas amarillentas de tan antiguo que era. Ni siquiera miré el título y puse mala cara.
-Que no me interesa.
-Es Romeo y Julieta.
-¿Y a mí qué me importa? Como si son el obispo San Sebastian y el Jorobado de Notre Dame.
-¡Romeo y Julieta es una obra literaria legendaria! - puse los ojos en blanco.
-Sé que lo escribió Shakespeare, pero no sé de qué va ni me interesa saberlo. No lo he leído nunca ni he visto la peli moderna, así que… - Max me miró con la boca abierta. Casi puedo decir que se le dilataron los ojos por la sorpresa.
-¿Me estás diciendo que no sabes de qué va Romeo y Julieta? - bufé. Dios… ¿Para qué le había dicho nada? - ¿No sabes nada, nada, nada?
-Los protagonistas se mueren ¿no?
-Algo es algo. ¿Tampoco sabes nada de los Capuleto y los Montesco? ¿Ni por qué mueren?
-No. ¡Y no me importa!
-Es una historia preciosa… un amor imposible. - me tapé la cabeza con la almohada mientras él empezaba a relatarme la aburridísima y surrealista historia de Romeo y Julieta. Odiaba las historias cursis y repipis de amor y eso no se podía llamar de otra manera ¿no? - Romeo es el único heredero de la familia de los Montesco y Julieta, es la hija de los Capuleto. Ambas familias se odian, son rivales, se desprecian mutuamente y a pesar del odio, nace el amor entre los hijos de estas dos familias. Romeo se enamora locamente de Julieta y Julieta de Romeo, pero no pueden estar juntos. - intenté dormirme otra vez en el instante en el que Max dejó de hablar, pero el Muñeco tocapelotas, de alguna forma, apareció debajo de la almohada, sobresaltándome con su fea cara y me la aparté de encima enseguida, pegando un bote sobre el colchón. - ¿Quieres saber más? - preguntó Max, al ver que a su parecer, mostraba algo de interés por el tema. Miré de reojo al Muñeco, tumbándose a mi lado sobre el colchón, mirándome.
-Sí, bueno… - Max sonrió, emocionado.
-Romeo y Julieta no pueden estar juntos.
-¿Por qué?
-¡Te lo acabo de decir! Porque sus familias se odian…
-¿Y qué?
-Pues que si los pillaran, los separarían. - la verdad es que no tuve que fingir sentir interés a partir de ese punto, porque algo me puso a sobrealerta. De repente, Simone me vino a la cabeza, amenazándome con un cuchillo, con matarme si no me alejaba de Jaejoong, si no volvía a Busan y lo abandonaba sin más. Separándonos.
-¿Y qué más?
-Pues… mantienen un amor secreto. Hasta se casan a escondidas, pero por desgracia, los padres de Julieta un día, les da por intentar casarla con el Conde Paris, un ricachón de mierda, de estos repipis, con mucha pasta, que pueden ser buenos y todo eso, peeeeero… Julieta no le ama, claro. Además, para rematar la jugada, Romeo mata a Tebaldo, un primo de Julieta, porque este, a su vez, mató a Mercutio, el mejor amigo de Romeo y claro, Romeo quiso venganza. De modo que Romeo fue desterrado de Verona justo en vísperas de la boda de Julieta con el Conde Paris, dejándola sola.
-Pues tiene cojones la cosa. - dije, pillándolo todo al vuelo. Sí que había oído antes la historia, pero nunca me había interesado demasiado en ella.
-Aún hay más. Julieta, para no tener que casarse con el Conde Paris, finge matarse con veneno, pero lo que en realidad hace es quedarse dormida durante unas horas a la espera de que Romeo venga en su busca, ya que Romeo supuestamente, debía ser avisado por carta de que Julieta estaba viva y no muerta, pero por casualidades de la vida, él no leyó la carta y dio por muerta a su amada. En un arranque desenfrenado de pasión, va a buscarla al Mausoleo donde yace su cuerpo, portando un veneno letal, con la intención de matarse él mismo junto a su amada. Allí se encuentra al Conde Paris, llorando la muerte de Julieta y ambos se baten en duelo. Romeo mata al Conde y tras unos instantes contemplando a Julieta creyéndola muerta, se bebe el veneno que lo mata. Julieta despierta momentos más tarde y al ver a Romeo muerto, se suicida con la daga de este y ambos amantes mueren debido a la fatalidad de su situación. ¿Qué te parece? - ¿Que qué me parecía?
-Que Romeo y Julieta son gilipollas. - Max se quedó estático, casi escandalizado.
-¿Por qué?
-¡Max, nadie muere por amor hoy en día! Eso estaba de moda el siglo pasado. Los que lo hagan ahora son anormales rematados. - me dejé caer sobre la cama otra vez, boca arriba. No podía negar que esa historia y la mía tenían algunas similitudes, pero ¡Bah! Morir por amor… menuda idiotez. A Max no pareció sentarle muy bien el comentario.
-¿Y qué está de moda ahora? ¿Morir atravesado por una navaja como un pincho moruno? ¡Morir por amor es la forma más bonita de morir!
-Morir por amor no tiene sentido, porque si mueres, es porque la otra persona no te tiene en cuenta ¿De qué te sirve entonces morir por un amor que no existe? Morir por amor significaba morir sin haberte sentido realizado. Mueres porque eres un cobarde y te ves incapacitado para seguir viviendo sin esa otra persona, ¡No se diferencia del suicidio normal y corriente! Mueres y punto. Y pensar que una obra literaria legendaria como Romeo y Julieta gasta tantas páginas para nada. ¡Absolutamente nada! ¡Es del todo absurdo! - giré la cabeza con lentitud. Me dolía el cuello por el molesto e incómodo colchón sobre el que había dormido, casi en el suelo. El Muñeco me miraba fijamente y de repente, sonrió, irritándome más de lo que me ya lo estaba.
-¿Y tú por qué querías morir, Yunho? ¿No has sido tú el que se arrojó a las vías del tren e intentó hacer explotar una casa consigo dentro? - y el tiempo pareció detenerse para mí por unos segundos con esa pregunta. La risa macabra y asfixiada del Muñeco retumbó en mis oídos.
¿Cómo? Pero… ¿Acaso yo había intentado matarme… por amor a Jaejoong?
No. Imposible. Entre otras cosas porque yo no sentía algo llamado amor por Jaejoong. Ni por el ni por nadie.
-No. Quería matarme para descansar.
-No me digas. - A Max pareció hacerle gracia semejante respuesta. - Así que, La vida es mi tortura y la muerte, mi descanso ¿No?
-¡Sí! Es una buena forma de resumirlo. Que culto te ha salido - le miré a la cara otra vez y pude ver el mismo reflejo burlón en sus ojos que el del Muñeco. Eso no me gustó nada.
-No soy culto. La vida es mi tortura y la muerte será mi descanso. Es una de las citas de Romeo. - pestañeé, incrédulo. Max sonrió con un deje de melancolía en la mirada. - Puede que seas totalmente opuesto a Romeo, pero aunque lo fueras, yo no sería tú Julieta, ¿verdad?
-…Supongo que no, porque si yo fuera Romeo, no tendría ninguna Julieta.
Y por alguna razón, el Muñeco dejó de reír y empezó a sollozar.
By Jaejoong.
Muerto. En menudo infierno me había metido. Cuando Yunho dijo que haría de mi vida un infierno no pensé que pudiera referirse a esto. Miles y miles de prendas para lavar, kilos y kilos de basura que tirar, colonias enteras de polvo mutante que eliminar, siete botellas de desinfectante y lejía para la casa, gastadas, vacías enteras para fregar.
Y ratas. Y bichos.
Como no pienso moverme de esta casa y pienso hacer algo útil para contribuir en ella para que no tengan motivos para echarme, me puse manos a la obra con la limpieza… pero era más grave de lo que creía.
Cuando abrí la puerta de la cocina cargando con una tonelada de ropa sucia encima, el mundo se me vino abajo. Algo cruzó por entre mis piernas, rozándome, algo peludo y que emitía un ruido agudo, un ¡Iiiii, iiiii! Cuando bajé la mirada y me encontré esa enorme rata del tamaño de un gato pequeño mirándome fijamente con esos pequeños dientecillos apuntando hacia mí… supe que necesitaría ayuda. Caí hacia atrás de culo y la ropa voló pos los aires mientras yo corría a la velocidad de la luz hasta el salón y cerraba la puerta de un portazo, escondiéndome detrás de mi padre. Vi corretear por el pasillo cinco ratas casi iguales, algunas más pequeñas y otras más grandes, pero ratas, ratas ¡Ratas!
Puedo dejar como una patena el baño más asqueroso que alguna vez se haya podido ver, puedo fregar y eliminar el olor a vómito con solo chasquear los dedos, puedo hacer la colada a velocidad luz si quiero, pero… ¿bichos, ratas, lagartijas? ¡Eso no! ¡Contra eso no puedo! ¡No puedo, es imposible, me muero del asco, arg!
Miré a mi padre y le rogué con la mirada un poco de ayuda. En menos de un cuarto de hora, las ratas estaban fuera, las arañas y las cucarachas aplastadas y las lagartijas volaron por la ventana. Ahora… me tocaba a mí limpiar sus restos.
Empecé por la cocina. Mi padre me trajo tanto desinfectante como necesitaba y en menos de una hora, con guantes y mascarilla, conseguí tirar la basura que se había apilado en la cocina hasta criar toda clase de larvas e insectos. Apestaba a podrido. Preferí no saber lo que había dentro de las bolsas y lo saqué todo fuera. ¡Todo! No quedó nada. Después, con una pinza en la nariz por el olor, (ni siquiera Scotty se acercaba de lo mal que olía) y tras recoger toda la porquería del suelo, ¡Plash! Ni si quiera vertí la lejía en la cubeta de la fregona, directamente vacié un boté entero sobre el suelo, inundando la cocina y me puse a darle bien fuerte al suelo con estropajo y todo. La nevera daba pena. No había nada, solo cervezas y algo que apestaba, lo cual terminó en la basura. La mayoría de las cosas que había en la cocina no servían, eran inútiles, totalmente vomitivas y asquerosas, así que en menos de veinte minutos, reuní otra pila de basura que saqué a rastras. Encontré hasta condones usados y compresas sucias. ¿¡Qué coño hacía una compresa sucia entre la basura de mi hermano!? Preferí no pensarlo. Lavé los platos, limpié los muebles a fondo y he de decir que no tenían calidad ninguna, aunque servían bien a su propósito y, cuando todo quedó limpio y reluciente después de dos horas de intenso trabajo, puse un ambientador bonito, cerré la puerta, abrí la ventana para que entrara el aire y definitivamente, el olor se fuera, y me fui para el baño. ¡Parecía que había cagado un jodido elefante en el jodido water! Fue repulsivo… ¡Había pelos en la bañera! ¡Buag! Estuve cerca de las dos horas limpiando, otra vez y cuando salí por fin, mi padre intentó entrar.
Lo eché fuera de casa. ¿Me estaba tomando demasiadas libertades, quizás?
Le dije, vete por ahí para que yo pueda limpiar mejor, si no, me voy a entretener y así no puedo trabajar. Se fue. Yo me puse con el salón, que me costó más trabajo del que me esperaba. Otra pila de basura fuera, recoger la ropa, a la lavadora que llevaba sin funcionar por lo menos cinco años y que, por lo que veía, tendría otros tantos años de antigüedad por el ruido que hacía tan… “chip”. Nunca había visto tanto polvo en la vida. Tuve que pasar la fregona por lo menos cuatro veces y luego, tuve que limpiar yo mismo con trapos y estropajos las manchas que no se iban. Me pasó lo mismo con el sofá, que estaba para el arrastre, era incomodísimo, olía mal y estaba sucio. Debía de ser un nido de ácaros y bacterias, así que también, las fundas del sofá a la lavadora. Lo demás fue más sencillo aunque tuve que luchar contra un par de cucarachas furtivas y algún que otro bichejo asqueroso, pero gané con la escoba en la mano. Limpié los cristales de las ventanas, metí las cortinas en la lavadora también, después de que se hubiera lavado la ropa y mientras esta se secaba, tuve que darle un repaso a mano a las fundas del sofá de lo asquerosas que estaban. Esperé que se secaran mientras barría y fregaba de arriba abajo el pasillo y, como por suerte, la casa era pequeña, no tuve que hacer mucho más. Eché mucho desinfectante en la habitación de Yunho, cambié las sábanas (había rastros de semen y alcohol por todos lados ¡Qué guarro era, joder!) y cuando ¡Por fin! Di por concluido el trabajo del día, me percaté de algo. Había una segunda planta medio escondida a la que se accedía desde el salón… subí por las escaleras echo polvo, muerto, muerto y abrí la puerta del piso de arriba, solo había una habitación y… Oh… parecía una especie de despacho. Estanterías con algunos libros, un escritorio y un sofá pequeño a un lado de la habitación… y no estaba tan mal como el resto de la casa. Era muy luminosa y solo tenía restos de polvo, nada más. Había un montón de cajas apiladas a un lado de la habitación y fui a ver si se trataba de más basura asquerosa pero… no. No lo era.
“Boda”
Un álbum de fotos se titulaba así. Estaba viejo y muy gastado y cuando lo abrí, una foto enorme de mi padre y de mi madre con veinte años menos apareció frente a mí. De repente, me sentí un intruso, un cotilla, pero es que aquello me podía. Mis padres veinte años atrás. Si no recuerdo mal, se casaron en el 88.
Furtivamente, miré de un lado a otro. Mamá nunca me había hablado mucho sobre su vida con papá antes de que se fuera con Yunho, pero por la foto… parecían felices.
Me acurruqué en un rincón un poco polvoriento de la habitación y pasé la página, curioseando, para qué iba a mentir. Eran todas fotos de la boda. Ahí estaban mis tíos con mi madre, su familia. La familia de mi padre… no había mucha gente, solo sus cuatro hermanos y la abuela, viuda. Oh… ¿Cómo estaría la abuela? Habían pasado veinte años ¿Y si estaba muerta? Sacudí la cabeza y pasé de página. Allí se veían a los dos a los pies de las escaleras de la iglesia, sonrientes. Mi padre apoyaba una mano en… en… ¡No! Me levanté de un salto del suelo y mi cabeza se golpeó dolorosamente contra la estantería. No podía ser… mi madre estaba… mi madre estaba… ¡Embarazada! ¡No, embarazada no, embarazadísima! ¡Parecía estar a punto de explotar con ese traje blanco tan ajustado! Pasé las páginas con rapidez, nervioso. Me temblaba el pulso y cuando leí la fecha de la boda al final del álbum, me quedé de piedra.
17 de julio de 1989. Mes y medio antes de nacer Yunho.
Pero entonces… entonces… ¿Eso significaba que había sido una boda de penalti? ¡Mamá siempre me decía que había tenido a Yunho un año despues y a mí otro año después, sería trolera! Es decir… había follado antes del matrimonio. ¡Pues menudo ejemplo de conducta! Arggg… cada vez le tenía más tirria.
Cabreado, dejé caer el álbum en la caja e incapaz de contenerme, empecé a rebuscar. Fotos de mis padres de novios, con amigos, en la playa… tenían un montón de fotos de hacía más de veinte años, veinticinco quizás. ¡Tenían fotos hasta de adolescentes! Vi todos los álbumes de pasada. Ninguno me decía nada nuevo, salvo que mi madre era una mentirosa. Había discos de vinilo, cartas de amor, regalos, incluso algo de ropa. Eso no me llamó la atención especialmente, pero cuando aparté la caja de un empujón y vi las que las seguían, mi interés creció.
“Jaejoong y Yunho, 1989 /199O-1994”
La última fecha, el último año se hallaba escrito como una especie de sentencia de muerte que me puso el vello de punta. La fecha en la que nos separaron, supuse. Me acerqué a gatas hasta la caja, tragando saliva. Sin saber por qué, los latidos de mi corazón se dispararon cuando saqué el primer álbum de fotos y lo apoyé sobre mi regazo. Suspiré repetidas veces, mirando la portada vieja y llena de polvo. ¿Lo abro? ¿No lo abro? ¡Bum bum, bum bum, bum bum…! Lo abrí…
Habían unas radiografía enganchadas a la página con un clip. Era imposible distinguir nada en ellas, pero prestándole mucha atención, pude vislumbrar algo conocido. Eran… cabezas, o eso creía. Un bulto blanco enorme en cada una… y una pierna, creo que es una pierna… ¡Dios, que cabezones! Se me hacía tan lejano ese momento ¿De verdad yo había estado ahí encerrado, nueve meses? Le di tantas vueltas intentando recordar ese momento, que empezó a darme jaqueca y por supuesto, era incapaz de recordar nada. Sacudí la cabeza y pasé de página. ¡Oh, que monos! Ahora sí que se podía vislumbrar más. Éra un recién nacido acurrucados en unas sábanas blancas con mi hermano un poco mas grande muy juntitos. La escena me recordó a un rollito de primavera de lo pegados que estábamos. Me hizo gracia. Tan pequeños. Pasé de página, pasé otra vez y otra, y otra, hasta que se acabó el álbum y cogí otro. En todas las fotos éramos unos chimpancés con enormes pañales y piececitos inquietos. Uno siempre tenía los ojos muy abiertos, muy atento a todo, muy curioso, y el otro siempre con los ojos cerrados, como si estuviera durmiendo profundamente. En los demás álbumes, había fotos algo más mayores… montados en cochecitos, mordisqueando cosas con unos dientes que yo aun no tenia o, más bien, era uno el que mordisqueaba cosas, el otro siempre estaba durmiendo como un perezoso. Empezamos a crecer, uno parecía ser un torbellino y el otro, todo un dormilón. Había una foto en la que nos estábamos echando la siesta y el torbellino se despertó. Parecía un cortometraje hecho por diapositivas.
El torbellino abrió los ojos como platos, miró a la cámara con cara de ¿Qué pasa aquí, papi?, se medio levantó gateando y bajó la cabeza hacia su hermano dormido y ¡Pam! El muy cabrón le pegó un tortazo en la cara y, claro, el dormilón se despertó de golpe y empezó a llorar… y el torbellino también empezó a llorar como un loco.
En realidad, lo de los lloros no venía, pero de alguna manera me sonaba que había pasado algo así. La cabeza, la cabeza… me duele la cabeza… ¡Mierda, como dolía! Aparté un poco la mirada del álbum y pestañeé. El dolor remitió un poco, pero en cuanto volví a clavar la mirada en las fotos, volvió a azotarme con fuerza. Pasé de página. Sentí los ojos arder, como si me los hubieran acuchillado cuando vi al torbellino, con los muy abiertos, mirando fijamente a la cámara.
Tenía algo entre sus brazos, tenía un… un… un peluche, un osito, un mono, un… un muñeco.
-Arg… - la boca me supo a rayos de repente. Me llevé la mano a la frente, acariciándome el puente de la nariz con los dedos. ¿Tendría fiebre? Seguramente, empezaba a oír cosas raras. Un chirrido, pasos, una puerta abriéndose, voces a lo loco… ¡Mierda! Metí todo a presión en la caja e intenté cerrarla. Iba a guardar los álbumes de la boda a velocidad súper sónica pero…
-Vaya, si tenemos una ratita chismosa en casa. - el corazón empezó a tronar tan fuerte contra mi pecho que temí que fuera a darme un ataque. Giré la cabeza enseguida, desde el suelo. Yunho me miraba con una sonrisa de, “Te he pillado in fraganti, ahora atente a las consecuencias.”
-¿Cuándo has vuelto?
-Ahora mismo. ¿Y tú, cuánto tiempo llevas aquí?
-Ah… poco. - estaba nervioso, empecé a tartamudear. Yunho sería capaz de tirarme por las escaleras con rapidez si se me ocurría decirle algo poco conveniente en ese momento, pero no lo hizo. Entró en la habitación y cerró la puerta, despacio. Anduvo hasta mí y se agachó, empezando a recoger con suma tranquilidad los álbumes. Yo temblaba demasiado como para ayudarle. - ¿Por-por qué te has ido tan rápido? ¿Dónde h-has estado?
-¿Te interesa? - preguntó, burlón.
-No.
-Has hecho un trabajo perfecto con la casa, impecable.
-…Gracias... Pero aún me queda un poco.
-Déjalo por hoy. No vayas a cansarte. - hablaba con tanto retintín que sabía… ¡Sabía que intentaría algo en cualquier momento! Metió todo en las cajas sin dirigirme la más mínima mirada, cosa que yo no pude evitar hacer. Lo miré, intentando apreciar su maldito cambio de manera superficial, pero no advertí nada salvo un enorme chupetón en el lateral del cuello. Por un momento me quedé sin aliento de la rabia.
-¡Tú has estado follando! - le grité, sin más, sin pensar por un momento que ya no tenía porque escandalizarme por ello. Yunho ya no era mi dueño y sin embargo, se comportó como el dueño capullo de siempre. Me miró a la cara con la boca abierta, como si quisiera restregármelo haciéndose el inocente y enseguida, rompió a reír.
-Síiii… ¿Te importa mucho, Jaejoong?
-¡No, me la sopla! - mentí, obviamente.
-Pues si no te importa, no te metas y no me grites, histérico.
-Que te follen. - Yunho volvió a reírse, ignorándome. Colocó las cajas una al lado de la otra. Eran tres y yo había visto dos. Me pregunté qué habría en la tercera y como si pudiera leerme la mente, él se toqueteó el piercing con la lengua y miró la tercera con fijeza.
-¿Has visto lo que hay dentro de esa?
-No.
-No lo veas.
-¿Por qué no?
-Porque yo no quiero que lo veas. - sentenció. Eso solo aumentó mi curiosidad.
-¿Qué hay dentro?
-¿Quién sabe? Pornografía, quizás…
-¿En serio? - Yunho se echó hacia atrás, apoyando los brazos en el suelo, clavando las palmas en él. Me miró con las cejas alzadas, provocándome.
-Prueba a ver. - y yo lo hice, sin esperar una segunda opinión. Estaba deseando ver lo que había dentro, curiosear un poco. La caja tenía una gruesa capa de celo que dificultaba el abrirla, pero tras dirigirle una mirada dubitativa a Yunho y ver cómo él me retaba a continuar, la arañé con las uñas y empecé a tirar. Abrí la caja. Dentro habían más álbumes, pero estos no tenían nombre. - Saca uno. Vamos. - me dijo Yunho y yo obedecí, no por él, si no por mí. Sentía que ahí debía haber algo muy importante. Algo… importante para Yunho. Algo que yo quería descubrir.
-¿Qué… hay?
-Ábrelo y lo sabrás.
-Pero… ¿Qué hay? - Yunho suspiró.
-Fotos de mí y chicas atadas, desnudas, con algo de cuero, siendo azotadas y después, con el canal abierto. Fotos de mis víctimas. - le observé en silencio, incrédulo, pero por algún motivo sentí como un sudor frío empezaba a empaparme la ancha camiseta.
-Estás mintiendo.
-Es verdad, son fotos de mis muñecas ¿No quieres verlas? - su expresión denotaba tanta maldad, que tragué saliva, asustado. Yunho no era capaz de hacer eso… ¿O sí? Indeciso y con las manos sudorosas, empecé a abrir el álbum, despacio. Por unos instantes cerré los ojos, temiendo lo que pudiera encontrarme y cuando lo abrí y empecé a abrir los ojos poco a poco…
-¡Yunho! ¡No hay cervezas, tío! - el grito grave de un tío me hizo pegar un bote sobre el suelo, con el vello totalmente erizado. Cerré el álbum de golpe y Yunho soltó un ruidito molesto, inclinándose hacia la puerta. El corazón botaba y botaba contra mis tripas, alocado.
-¡En la nevera!
-¡Qué no hay!
-¡En la otra! - tronó Yunho a mis espaldas y volvió a situarse como antes, mirándome con una prepotencia irritante. - No abras el puto álbum.
-Pero… si antes has dicho que podía…
-¡No habrás el puto álbum! - se levantó de un salto y por un momento, deseé que se fuera. La tensión era tan agobiante… - Tengo invitados abajo. Si cuando suba descubro la más mínima señal de que has tocado esa caja… te ataré a una silla, te azotaré y mientras te violo, te abriré el canal de arriba abajo… como he hecho con mis víctimas. - se lamió el labio, con una mirada de auténtico psicópata o al menos, eso me pareció a mí y creí, en serio, que sería capaz de hacerlo. Me imaginé siendo besado por él, arrastrándome por la cocina con sus besos y sus caricias, totalmente excitado. Me imaginé siendo obligado a sentarme sobre una silla, siendo atado, siendo desnudado y… cerré los ojos con fuerza. Preferí no imaginármelo.
-Yunho…
-¿Qué?
-Voy a quedarme. - no sé de dónde saqué el valor para decirle eso con tanta seguridad en mí mismo. Quizás el no estar mirándole directamente a la cara, ayudaba en algo.
-Ya lo sé. - abrí los ojos. Él no se había inmutado.
-¿Y no te importa?
-Sí me importa.
-¿Entonces? - se encogió de hombros. - ¡Esta mañana has intentado matarme por eso!
-Tengo cambios de humor repentinos. Ya sabes, por eso de ser un psicópata así que si vas a vivir conmigo, te recomiendo que no le levantes la voz de esa manera a alguien que está loco. - dios… ¡Sí que estaba loco!
-No hay forma de entenderte.
-No te pido que lo hagas, simplemente, no me molestes y todo estará bien. - le miré fijamente a los ojos por primera vez esa tarde. No había intentado leer en ellos en profundidad todavía desde que nos habíamos encontrado y me costó bastante analizarle por ello, pero pronto descubrí que no era culpa mía. Yo no había perdido el toque, la capacidad para hacerme una pequeña idea de las cosas que se le pasaban por la cabeza, la culpa era suya por crear esa gruesa capa de oscuridad alrededor de sus ojos. No es que no tuviera alma, ¡Es que estaba tan oscura que me costaba encontrarla!
No sé cuanto tiempo tardé en saber lo que se le pasaba por la cabeza, pero cuando sus ojos se entrecerraron con molestia por mi intento de análisis, lo supe de golpe. Y la idea me escandalizó.
-¡Quieres utilizarme! - Yunho sonrió.
-¿Utilizarte para qué?
-¡No lo sé, pero quieres hacerlo!
-Quizás… - se levantó del suelo, estirando las piernas, divertido. - ¿Para qué crees que quiero utilizarte?
-Pues… para… - se me ocurrían un par de cosas, pero era demasiado vergonzoso decírselas en voz alta ¿Y si me equivocaba? Diría que me estaba haciendo falsas ilusiones y quedaría como un pobre iluso.
-Piensas que quiero volver a jugar contigo ¿verdad? Piensas que volveré a hacerte mi Muñeco, que volveré a utilizarte para entretenerme, que todo volverá a ser como antes de que me las pirara de Seul, ¿verdad? Creo que aún tienes la absurda esperanza de que me voy a enamorar de ti. - me levanté del suelo, intentando mantener la calma. Quise darle un puñetazo en la cara que le rompiera la nariz como aquella vez en Seul, pero me contuve y sonreí un poco.
¿Quién es el iluso ahora?
-Creo que piensas que he venido aquí porque te echaba de menos. - eso pareció llamarle potentemente la atención, porque era exactamente lo que pensaba. - Venir aquí era lo último que deseaba.
-Y sin embargo, sigues aquí.
-No puedo volver a casa.
-¿Por qué? ¿Mami te ha echado de casa? ¿Ha descubierto que su hijo no es tan santito como cree que es? Tuvo que llevarse una buena decepción cuando se enteró de que te gustaban las pollitas, ¿También se ha enterado de que la pollita de su hijo delincuente entraba en el culito virgen de su adorado y queridísimo hijo honrado y santo?
-No… pero es solo cuestión de tiempo que se entere. - solo pensarlo me ponía el vello de punta y a Yunho parecía hacerle gracia en lugar de preocuparle.
-No me digas…
-Toda la universidad se ha enterado ya, toda la ciudad… no puedo volver. - y Yunho pareció entenderlo por fin. Su rostro se ensombreció por completo, como si a él también le afectara, ¡Como si le importara algo! Deseé pegarle otra vez por falso hipócrita.
-Oh… así que por eso estás aquí.
-Sí, no porque quisiera verte, así que no te hagas falsas ilusiones. - Oh, dios… ¡Como saboreé su desdén, su rabia, su coraje! Menudo palo acababa de darle. Por una vez, le había ganado, porque por la forma en la que frunció el ceño, estaba claro que le había dado donde más le dolía o, al menos, que mi confesión le había molestado un poco.
-Te crees muy listo eh… - murmuró, molesto. Me crucé de brazos frente a él. Pensaba plantarle cara pasara lo que pasara. No me conformaba con esquivar la piedra, ¡Quería patear la piedra!
-¡Ya no soy tu Muñeco, Yunho! ¡Deja de intentar jugar conmigo, de intentar intimidarme, intentar utilizarme, intentar excitarme! ¡Deja de mirarme y de hablarme como si nunca hubiera ocurrido nada entre nosotros! ¡Limítate a pasar de mí! Por que… ¿Sabes qué? Ten… ¡Tengo novio y voy en serio! - en cuanto pronuncié esas palabras, me arrepentí. Quería darle una lección a Yunho pero sin provocarle y estaba claro que eso era lo único que sabía hacer, de una forma u otra. Yunho odiaba a Derek, o a Sparky, como yo lo había llamado al principio. Decirle que salía con él era un gran error que provocó mi intento de suicidio… pero pasara lo que pasara, no pensaba volver a intentar matarme. Nunca. Jamás. Había sido un cobarde y por ello ahora me tocaba cargar con la cicatriz de mis muñecas. Nunca más…
Yunho dio un paso al frente. Su expresión molesta varió a una inclasificable. Recordaba esa expresión. La había visto muchas veces, especialmente cuando Yunho miraba la tele o tocaba la guitarra, en silencio total, como si se hubiera sumergido en trance, pensativo. Pero había una pequeña diferencia esa vez. Yunho no estaba pensativo, estaba inexpresivo como un muerto antes de ser enterrado. ¿Qué se le estaba pasando por la cabeza? ¿Por qué no era capaz de averiguarlo? ¿Por qué no…?
Y de repente, dio dos zancadas rápidas y alargó una mano amenazante hacia mí.
-¡No! - le grité, y aparté su mano con un golpe seco de la mía. Retrocedí hasta chocar contra la ventana sucia y un montón de polvo se desprendió de ella, cayéndome encima. Tosí, asqueado por el penetrante olor de la suciedad y antigüedad que se introducía por mi nariz, haciéndome cosquillas, intentando provocarme el estornudo. - ¡No quiero que me toques, Yunho, ya estoy harto! ¡Ya me he resignado, ya no estoy horas delante del teléfono esperando que te dignes a llamarme, ya no me hago preguntas que no tienen respuesta, ya no me compadezco de mí mismo, ya no paso las horas encerrado en mi cuarto acurrucado en una esquina con las luces apagadas pensando en ti y preguntando por qué! ¿¡Por qué me dejaste!? ¡No quiero una respuesta! ¡He estado meses pensando que era culpa mía, que no era suficientemente bueno para ti, que soy feo, que estoy en los huesos, que soy un inmaduro, un niñato quisquilloso, egoísta y egocéntrico y sí, lo soy! ¡Todo eso y más pero me da igual! ¡Ahora sé que el problema no soy yo, el problema siempre fuiste tú! - los ojos de Yunho se agrandaron momentáneamente, como si con esa última afirmación le hubiera tirado un balde de agua fría despertándolo de un profundo sueño. No sabía si me pegaría, si me gritaría o simplemente, si se daría media vuelta y se iría, solo sabía que necesitaba soltar todo aquello que llevaba meses tragándome, meses atormentándome, mordisqueando mi corazón como ratas jugueteando con un trozo de queso recién cortado. Necesitaba deshacerme de esos sentimientos cuanto antes para purificar mis pensamientos, para avanzar, para olvidarme de todo… lo necesitaba… se me saltaron las lágrimas - ¿Y sabes cómo me he dado cuenta de que no era mi culpa, Yunho? Lo sabes? ¡Acostándome con Sparky! ¡Él me quiere!
-¿Él te quiere? - preguntó con ironía. - ¿Él, que ha estado toda su vida humillándote, tratándote como auténtica escoria humana, te quiere? ¡Qué irónico!
-Búrlate si quieres. ¡Él me ha dado mucho más de lo que tú me has dado en seis putos meses!
-¡Ja! ¡Menuda forma de engañarte a ti mismo! Pero cuenta, ¡Vamos, cuéntame, háblame de lo locamente enamorado que estás de él, Jaejoong! ¡Háblame de eso! - hijo de perra… me mordí el labio. Me sentí completamente inferior a ese maldito pedazo de mierda en el que se había convertido Yunho porque, dijera lo que dijera, siempre acababa pillándome las pelotas. - ¿Qué pasa? ¿No vas a hablarme de cómo te late el corazón cuando estás con él? ¿De cómo sonríes cuando lo tienes al lado? ¿De lo mucho que disfrutáis cuando tenéis sexo? ¿De cómo pronuncias su nombre como un desesperado en la cama? O… ¡No me digas que no es su nombre el que pronuncias cuando te monta! - desvié la mirada e intenté reprimir un estornudo de lo más inoportuno. - No me digas que tu corazón no late por él… no me digas que eres incapaz de sonreír cuando lo tienes al lado… no me digas que piensas en otra persona cuando… ¡Hacéis el amor! - soltó, con un tono tan repelente, tan burlesco… otra vez, ¡Otra vez se burlaba de mis sentimientos!
-Eres un cerdo…
-¿Yo? Yo soy un buen hermano mayor. ¡Te di todo lo que deseabas en Seul, todo! ¡No te engañes, Jaejoong! Tú querías a un hermano mayor que te defendiera de los matones de la universidad y yo te lo di. Querías una persona con la que poder comunicarte a la perfección y estar con ella toda tu vida, ser inseparables y yo te di a esa persona. Querías poder enamorarte para olvidar a la puta de tu ex y yo conseguí que te olvidaras de ella ¿no?… Querías follar, querías liberarte, tener una excusa para mostrarle al mundo que en realidad te van los nabos y yo fui esa excusa. No te hagas el inocente, Jaejoong. ¡Deja de llorar y admítelo! En realidad… - Yunho sonrió. Estaba claro que quería hacerme daño y lo consiguió… no sé si porque las verdades duelen o porque me estaba lavando las heridas abiertas con sal, pero rogué mentalmente que esa palabra no saliera de su boca… sin éxito. - En realidad, eres un pervertido. - y esa fue la segunda vez que le aticé ese día, esta vez con el puño cerrado. Pretendí romperle la nariz otra vez, pero las lágrimas me jugaron una mala pasada y golpeé en el sitio equivocado, en el lateral de su boca, pero sin llegar a él. Le pegué demasiado flojo, ¡Demasiado! Las fuerzas me abandonaron en el último momento y Yunho apenas se inmutó. No cerró ni los ojos al ver que mi puño se aproximaba a su cara, como si ya se lo esperase, como si no supusiera ninguna sorpresa para él. La sonrisa que había mantenido hasta el momento se desvaneció dejando al descubierto un rostro resignado y antes de que pudiera apartar el brazo, reaccionar o decir algo, ¡Cualquier cosa, una disculpa, un lo siento, un jódete, un te lo mereces!¡Cualquier cosa!… nada… las lágrimas seguían descendiendo y dejándome con la boca abierta de dolor, Yunho me agarró la muñeca con una fuerza bestial, retorciéndomela y, ¡Pam!
Caí al suelo de rodillas, apoyando todo el peso de mi cuerpo sobre las manos. La mejilla empezó a arderme de inmediato por la fuerte bofetada que acababa de recibir. Yunho se cebó a gusto… nunca me había hecho tanto daño ni por dentro, ni por fuera…
-Creo que no lo entiendes, Jae. - las lágrimas empaparon el polvo del suelo haciéndolo desaparecer. Lloraba sin razón, totalmente incrédulo. Yunho había intentado ahogarme esa mañana y ahora, me había pegado… nunca me había pegado… ¿Cómo… por qué…? Me agarró, dejándose caer de rodillas frente a mí, obligándome a alzar el cuerpo del suelo para mirarle, zarandeándome débilmente. Me colocó frente a él apretándome los brazos, rostro frío e inhumano contra rostro asustado e incrédulo. Mi pecho endeble y plano quedó pegado al suyo, musculoso y duro. - Tú ya no eres mi Muñeco, por lo que ya no tengo ninguna obligación de protegerte, de pasarte los arrebatos de rabia, la bordería, los caprichos y deberías agradecérmelo. Si no fuera porque has sido tú quien me ha pegado y no cualquier otra persona, te hubiera aplastado la cabeza contra el suelo, te lo aseguro. Eres mi hermano, ahí tienes una excusa perfecta para poder presumir de ciertos privilegios en este infierno, pero eso no te asegura la supervivencia, no… - inclinó la cabeza sobre mí. Iba a besarme ¡Iba a hacerlo! Pero giré la cabeza en el último momento. No quería que lo hiciera, ni ahora ni nunca y pese a que mi negativa fue rotunda, enseguida sentí sus labios posarse en mi sien, tranquilos. No querían besarme, solo estar allí, calientes sobre mi cabeza, suspirando a través de ellos ¡Pero yo ni siquiera quería sentirlos ahí ni en ninguna otra parte! ¡Lo odiaba, lo odio! - ¿Por qué no te has ido con ese capullo, eh? ¿Con ese Sparky? ¿No dices que te quiere, que te da todo lo que deseas? - preguntó y yo pestañeé, controlando las lágrimas ferozmente.
-¿Te importa acaso?
-No, pero si lo hubieras hecho ahora serías feliz, tu madre sería feliz, tu padrastro sería feliz, tus amigos serían felices, todo el mundo sería feliz… ha sido un error muy estúpido por tu parte. Un error que vas a pagar caro. Estás en la boca del lobo y aún no tienes ni idea de ello y yo te estoy dando una puñetera oportunidad para escapar airoso de todo y tú la desprecias como si no valiera nada. Nunca pensé que fueras tan gilipollas. Te creía un poco más listo y ¿Sabes qué? No voy a protegerte. No voy a dar la cara por ti. Si te quedas… vas a estar solo. ¿Cómo pretendes sobrevivir aquí estando solo, eh? ¿Cómo? - no contesté porque no tenía ni idea. Había visto cosas la noche anterior, sí… pero en Busan nadie me conocía, nadie podía criticarme, si alguien me decía pervertido no lo diría con razón porque no sería plenamente consciente de ello. Comparándolo con Seul… Busan salía ganado por su discreción.
Yunho me zarandeó un poco. Pegó su boca a mi oreja y su nariz a mi pelo y suspiró, aspiró el olor de mi pelo como si desprendiera el olor de una flor maravillosa y lo saboreó. Se me erizó el vello de la nuca cuando sus dientes me mordisquearon el lóbulo de la oreja con saña, dejando plasmadas en ella unas marcas rojizas que luego chupó.
-Ahh… - gimoteé, sorprendido.
-Ahora… vas a bajar hasta mi cuarto, vas a coger la poca mierda que has traído contigo, vas a coger a tu perro, vas a coger el dinero que yo voy a darte y me vas a acompañar hasta la estación de trenes… luego, vas a coger un tren hacia Seul y no vas a volver nunca más. ¿Verdad que vas a hacer eso, Jaejoong? Dímelo…
Pervertido… pervertido… pervertido… pervertido… pervertido… pevertido…
Jaejoong, eres un enfermo.
¡Pero que asco de tío!
Alguien que hace esas cosas debería estar en la carcel.
¡Ingresado en un manicomio!
Jaejoong, cariño, come algo por favor.
Jaejoong, es tu madre, hazle caso. Solo quiere lo mejor para ti, está muy preocupada.
¡Nada de cuchillas en casa! Es por tu bien, cielo.
Soy tu psiquiatra, chico. Vendré a verte todos los días hasta que te den el alta y cuando salgas, tú tendrás que venir a verme a mí, así que es mejor que nos llevemos bien.
Son antidepresivos. Tendrás que tomártelos a partir de ahora.
¿Por qué? ¿Por qué mi niño, mi precioso niño… por qué ha hecho esto? ¿No le presto suficiente atención? ¿Soy una mala madre?
Si no comes nada te vas a morir.
Estás en los huesos.
¿Vas a volver hacerlo? Prométeme que no vas a volver a hacerlo.
Jae, tío, somos tus amigos, somos tus… ¡Tus hermanos de verdad! No como ese…
Toda la culpa la tiene Yunho, no tú, ¿Por qué no se lo dices a tu madre? ¡Ella lo entendería!
Se ha estado aprovechando de ti.
Apuesto lo que quieras a que podrías denunciarlo por agresión sexual.
¡Ya sé que no te ha agredido, pero podrías denunciarlo igual!
Sería una buena manera de romper con todo ¿no?
Pervertido… enfermo…
Prefiero que no salgas de casa por ahora, al menos no solo.
¡Choi, ayúdale a afeitarse!
¿Podríais cuidar de él mientras yo no estoy?
No me toques, maldito enfermo.
Pervertido… eres un pervertido… en un manicomio…
-No… - hice acopió de valor y fuerza de voluntad para mirarle a la cara, rogarle con la mirada, buscando un ápice de comprensión en sus ojos. No vi nada. - No puedo volver, Yunho… de verdad que no puedo… ¡Tú no lo entiendes! Estás aquí de lo más tranquilo sin nadie que te critique, que te eche en cara tus errores y que te ate a una vida enganchado a antidepresivos, sin salir a la calle, teniendo que ser vigilado siempre por algún desconocido. ¡A ti no te tratan como a un loco, pero a mí sí! ¡No me dejan vivir y yo solo quiero vivir, aquí, allí, dónde sea, pero quiero vivir! - y tal y como lo supuse, Yunho no lo comprendió. O quizás quien no lo comprendió fui yo. Él me agarró de la barbilla y apretándome la mandíbula con los dedos hasta hacerme callar, me obligó a presentar batalla contra sus fieros y afilados ojos, iguales a los míos en forma y color, pero tan diferentes en referencia a lo que expresaban… rozó su nariz con la mía, suspirando con agresividad contra mis labios cerrados.
-Has perdido tu última oportunidad. Ahora estás solo, ahora no tienes a nadie y ahora… te voy a destruir…
-No…
-Sí, sí… te voy a destruir, voy a hacer que te arrepientas, que llores, que desees no haber llegado nunca a parar a esta ciudad de mierda, que desees no haber conocido nunca a tu hermano, que desees estar muerto antes que tener que salir a la calle. Voy a hacerte sufrir como nunca lo han hecho en tu vida. Vas a suplicar… sí… vas a suplicarme que pare… - los sollozos empezaron a emanar de lo más profundo de mi garganta. - ¿Y sabes qué más? Voy a jugar contigo…
-No… eso no…
-Sí, voy a jugar contigo te guste o no, quieras o no, ¡En esta puta ciudad la ley soy yo y la ley no está de tu parte, Joongie, esta vez no, esta vez te toca a ti seguir mis leyes, esta vez te toca a ti obedecer y callar! Esta vez… te toca a ti ser jodido y gritar… esta vez eres tú el que está solo… y hay más…
-¡No quiero más!
-¡Hay más! - Yunho sonrió. Me restregó sus fríos y ásperos labios a lo largo de la mejilla, empapándolos con mis lágrimas. ¡Estaba sonriendo! - Por las noches… durmiendo en tu cama… ¡No, ni siquiera vas a tener cama, vas a dormir en el suelo como los perros! Aún así, no vas a poder escapar de mí… sabes que va a volver a pasar, Jaejoong… sabes que cuando me dé la gana, volveré a follarte… - soltó, con toda la resolución del mundo, como si fuera una regla indiscutible. Sentí como se me erizaba la piel intentando esquivar su maldita boca, como un gato enrabietado. Le arañé el cuello y mis dientes chirriaron de pura rabia…
-Te odio, te odio, te odio, te odio, te odio, te odio, te odio…
-Puedes odiarme todo lo que quieras. - y me besó, no, más bien me mordió con pura saña los labios, me los acarició con la lengua y me mordió el labio inferior hasta que sentí el maldito sabor metálico de la sangre derramarse por mi barbilla.
-¡Hum! - me apartó a la menor muestra de resistencia empujándome con tanta brusquedad, que me tiró al suelo de nuevo, bocabajo. Y ya no me levanté. Solo fui capaz de desear su muerte a través de mis ojos y deseé que captara el mensaje de cuanto lo odiaba en aquel momento con solo mirarme a la cara. Si captó el mensaje, no pareció importarle en absoluto… y eso fue lo más doloroso de todo.
Yo no quería, ya no era su Muñeco, ya no me dejaba manejar por él y aún así me había hecho acabar igual que siempre, bocabajo, a sus pies, con el labio partido, las lágrimas corriendo y el odio respaldado por el amor latiendo en cada parte de mi cuerpo.
Del amor al odio y viceversa solo hay un paso… y es verdad.
Yunho dejó de sonreír al mirarme a la cara. Se levantó y me dio la espalda sin decir nada, andando hasta la puerta con pasos agigantados. De repente parecía tener prisa por largarse.
-Lo haré solo para humillarte, Jaejoong.
-¿Qu-qué…?
-Si te toco de una manera diferente a esta, si te beso, si te acarició, si te follo… solo será para humillarte. Así que… - abrió la puerta y pude ver como me mostraba sus dientes en una sonrisa resplandeciente justo antes de salir. - … no te hagas falsas ilusiones.
Y… se fue…
No había una cosa que odiara más de mi mismo que el hecho de ser tan débil. Soy esquelético, tengo problemas alimenticios, problemas nerviosos, problemas de autoestima, problemas del corazón, problemas de falta de confianza, problemas no me faltaban… quise arrancarme la piel a tiras. No quería que Yunho intentara nada conmigo. Era extraño, pero ahora que había conseguido llamar su atención, yo no la quería. Prefería pasar desapercibido, dejar de ser deseado por él, así no tendría que hacer el esfuerzo de intentar esquivarle, así no tendría la tentación cara a cara.
De repente, no quería que Yunho me tocara. Al menos no este nuevo Yunho que tanto asco me daba.
Miré mis muñecas desnudas. ¿Dónde había dejado mis muñequeras? No importaba. Intenté reflexionar sobre mi estúpido comportamiento observando las cicatrices de mis muñecas y lo único que conseguí fue sentirme culpable, miserable y horriblemente humillado. Soy estúpido. Quiero desaparecer, quiero…
Y me corté. Miré el corte limpio que acababa de hacerme en el brazo, un simple arañazo con las uñas medio estropeadas, sin querer. No me había cortado queriendo, desde luego, no era tan masoquista. Observé embobado un finísimo hilo de sangre escurriéndose por mi brazo. Era tan fino que casi era invisible y analicé su fluir a través de mi piel, esquivando los surcos de lágrimas que habían bañado mi carne. Lo miré durante un buen rato, hasta que se fundió con las lágrimas y desapareció, dejando solo una diminuta marca intacta en mi brazo. Suspiré. Las lágrimas habían desaparecido al igual que la sangre y la ansiedad.
¿Qué debería hacer? ¿Quedarme en la habitación polvorienta y no salir fuera? No sabía con qué cara debía mirar a Yunho después de eso, por mucho que mi padre estuviera delante, lo cual no era posible, porque lo había mandado a freír espárragos hacía unas horas. ¿Entonces? ¿Qué hacer? Podía bajar e ignorar a Yunho simplemente, encerrarme en su cuarto con Scotty… ¡Oh, mierda, estaría muerto de hambre! Solo había conseguido ponerle un poco de agua esa mañana y nada de comida, porque no tenía nada. Podría darle las sobras pero… ¿Qué sobras? Y entonces me di cuenta de que yo también tenía hambre. Poca, pero tenía ganas de dar un bocadito a algo, aunque fuera solo eso. Debía bajar a por algo aunque a juzgar por lo vacía que estaba la nevera esa mañana… ¿Es que nadie se ocupaba de hacer la compra o qué? ¡Yo no podía hacer eso también! ¡Mierda, también tenía que llamar a mamá desde una cabina para tranquilizarla! ¿Y de dónde sacaba yo una cabina? No puedo llamarla desde el móvil por que si se da cuenta de que lo tengo encendido me lo petara a llamadas.
Y Yunho, esa noche… o cualquier otra… ¡Argg, que estrés! ¡El maldito capullo me acabará pegando el sida!
No quiero ser tocado por él otra vez… no de momento…
Suspiré. Mi mente era un caos total e intenté poner algo de orden de por medio. Hice mentalmente una lista de mis opciones.
Opciones
Volver a Seul y enfrentarme contra toda la ciudad - ¡Descartada!
Quedarme en Busan y aguantar hasta donde pueda - Acertada.
Irme a cualquier otro sitio robándole… ¿Dinero a Yunho? - Me mataría y si no me tenía a tiro, me buscaría para matarme.
Bajar a la cocina para buscar comida para mí y para Scotty, aún a riesgo de encontrarme con Yunho y ser violado por él. - Hum… podía aguantarme sin comer hasta mañana.
Esperar en esta habitación polvorienta hasta el día siguiente. - La idea no me hace ni pizca de ilusión, pero ¿Qué otra opción hay?
Llamar a papá. - Además de que no tengo su móvil y de que poco serviría que viniera para intentar controlar a Yunho, tendría que bajar a por mi móvil.
Llamar a… ¿Derek? - Oh… Derek… ¡Sí, sí! Era la persona con quién más ganas tenía de hablar pero… el móvil de Derek y el mío seguían abajo.
Arriesgarme y desobedecer a Yunho - ¿Eh? ¿Qué clase de opción era esa?
Mis ojos se cruzaron inmediatamente con la caja que había a mí izquierda, la única que no había explorado a fondo. Analicé mis posibilidades y las posibles consecuencias de las mismas, pero como inevitablemente soy un poco masoquista y la curiosidad que mató al gato fluye a través de mis venas… además, ¿Qué otra cosa iba a hacer si tenía que aguantar una noche entera encerrado en esa polvorienta habitación? Y si lo volvía a dejar todo bien colocadito antes de que Yunho volviera, no tendría por qué darse cuenta ¿no?
Observé la caja de lejos, abierta. Me estaba tentando para vaciarla sobre el suelo y ponerme a curiosear… tragué saliva. Yunho me había pegado y yo ¿Me acobardaba? ¿Desde cuando? De alguna manera tenía que devolvérsela.
Me incliné hacia delante y gateé sigilosamente hasta la caja y una vez frente a ella, miré de izquierda a derecha, como si temiera encontrarme una cámara en algún rincón de la habitación. No encontré nada así que con el corazón acelerado, saqué el primer álbum de fotos. Ojeé la cubierta. No había nada escrito en él. Estaba lleno de polvo. Tragué saliva y directamente, dejando mi mente en blanco, lo abrí. Esperé encontrarme con una foto de alguna chica desnuda, atada violentamente y abierta de piernas de manera grotesca, pero en su lugar encontré algo totalmente opuesto.
Un niño de nueve años, con el pelo revuelto. Tenía una cara muy fina, muy femenina, muy delicada y morenita, el cuerpo pequeño y delgado. Los pantalones estaban rasgados. Tenía la mejilla un poco amoratada. Sus brazos eran como dos palillos, tan fáciles de romper… ¡Tan pequeño! Yunho… inconfundible. Y una mujer de unos ¿Treinta? Pelirroja, no… su color de pelo era difícil de clasificar, de un tono rubio anaranjado parecido a la zanahoria, pero más claro, con la cara llena de pecas y los ojos relucientes, no sé de qué color. No alcanzaba a definir ese detalle por la poca claridad de la foto. Sonreía… tenía una sonrisa bonita y alegre. Lo que me pareció más impresionante de todo es que abrazaba a Yunho, con total confianza, con cariño y sin miedo y Yunho… parecía cómodo, con la espalda un poco tensa pero cómodo. Tuve que fijarme mucho para analizar la expresión de su cara y diría que… ¡Se sentía hasta avergonzado! Estaba un poquito ruborizado, de manera casi imperceptible pero… ¡lo estaba! Yunho no sonreía, estaba muy serio y miraba con distracción hacia otro lado. Detrás de ellos se divisaba un parque pequeño y viejo, desierto, pero parque al fin y al cabo. No tuve que comerme mucho la cabeza para averiguar quien era la mujer, solo podía ser ella. Helem, la madrastra de Yunho, la que estaba muerta. Vaya… Yunho parecía tranquilo con ella, parecía… el mismo Yunho de siempre, el de Seul.
¡Pam!
-¿¡Dónde mierda están las litronas!?
-¡Ah!- la puerta se abrió de golpe, al igual que yo tiré el álbum de golpe y me levanté de golpe con las manos arriba.
-¡Coño! - y al parecer, la persona que acababa de entrar también cayó de golpe al suelo, sorprendida por mi grito. Me giré rápidamente, pálido y con las piernas temblequeándome.
-¡No he tocado nada, te lo juro!
-¿¡Y tú quién coño eres!? - ah… no era Yunho.
-¿¡Y tú!?
-¡Yo he preguntado antes! - los dos nos quedamos mirándonos con cara de “¿Qué clase de circo es este?”, y nos medio analizamos. Era un tío con cara de tía, pelo corto y castaño, ojos enormes y bonitos y unas pintas de lo más callejeras. Botas militares, pantalones cortos, camiseta de tirantes… Oh, que mono… Él también me analizó y de un salto, se levantó. Me miró de arriba abajo con los ojos entrecerrados y luego a la puerta. Sonrió. - ¿Un ladrón en casa de Yunho? ¡Menudo gilipollas! - se llevó una mano a la cintura y ¡Zas! Navaja multiusos apuntándome a la de tres.
-¡Uahhh! - corrí hacia atrás en cuanto se me lanzó encima con la navaja en la mano y en menos de cinco segundos, me la puso en el cuello, de espaldas contra la pared. - ¡Ah… ah… ah…!
-¿Qué haces aquí, ladronzuelo? ¡Nadie te ha invitado a esta fiesta, nenaza!
-¡No, no! ¡Nonononononono! ¡Yo no soy un ladrón! - ¡Me iba a rajar, me iba a rajar!
-¿Y quién cojones eres entonces? ¿El cartero? Venga, suelta la pasta que hayas trincado y quizás te deje escapar por la ventana.
-¡Que no, que no! ¡Que yo no tengo pasta! ¡No soy un ladrón! - me apretó tanto la hoja de la navaja al cuello, que tragar saliva se me hizo imposible si no quería cortarme la yugular.
-¿Y qué eres, eh? - tenía miedo hasta de contestar por si se le escapaba la navaja.
-Soy… soy… soy Jaejoong…
-¿Jaejoong?
-Ah…
-¡Vamos, habla o te rajo!
-Ah… soy… hermano de Yunho…
-¿Su hermano?
-¡Sí!
-¿Me estás tomando el pelo? - cerré los ojos con fuerza, asustado, no, ¡Aterrorizado! ¡Nunca me habían puesto una navaja en la garganta, como mucho una espada de plástico!
-No…
-No se parecen en nada. - pese a lo dicho, pareció replantearse eso de mantenerme con una navaja pues en el cuello. De repente, empezó a toquetearme.
-¿Qué… qué haces? - empezó a pasar las manos a lo largo de mi pecho y a sobarme los bolsillos de los pantalones, tanto el culo como en la entrepierna, sí, la entrepierna me la sobó especialmente bien. - ¡Oye!
-¿No tienes nada encima? ¿Una navaja, un puñal, una pistola?
-Pero ¿Por quién me tomas? ¡No soy un delincuente! - el tío se rió y menos mal, cerró la navaja y me la apartó del cuello.
-No puede ser que el hermano de Yunho sea tan descuidado como para no llevar nada encima por aquí. - suspiré, aliviado al ver como se guardaba la navaja en el bolsillo trasero de sus pantalones e incapaz de aguantar el tembleque de mis rodillas, caí al suelo de culo. - ¿Y qué puñetas hacías espiando?
-¡No estaba espiando!
-¿Y esas cajas qué?
-Eh… solo estaba…
-Fisgoneando. - me ruboricé.
-Un poco…
-No sabía que Yunho tuviera un hermano… ¡Ah! ¡Tú eres el hermano ese de Seul! ¿Verdad?
-Ah… creo que sí. - ¿Yunho había estado hablando de mí? No sabía si sentirme halagado o escandalizado.
-El pijito ¿no? ¡Sí, tienes pinta de pijo!
-¿Pijo yo?
-De todas formas ¿Dónde están las litronas?
-¿Litronas?
-Yunho me ha hecho subir a por ellas, ¿Dónde están?
-Pues… llevo media hora aquí metido y no he visto ninguna… - Oh… ¡Será cabrón! ¿A hecho subir a este tío con su navaja y su todo para asustarme?
-Pues me cago en su estampa. - empezó a mirar por todos lados, pero por suerte o por desgracia no había mucho donde mirar. - ¿Y te tiene aquí encerrado, solo? ¿Y eso por qué? ¿Le has cabreado?
-…Sí.
-Que putada ser su hermano. Te compadezco. - el tío me revolvió el pelo, tan pancho. Me dieron ganas de meterle una hostia, con el coraje que me daba que me tocaran el pelo. - Pero no os parecéis en nada ¿seguro que eres su hermano? Te juro que como me hayas mentido, te la corto a cachitos.
-¡Sí que soy su hermano!
-¿Sí? Pues demuéstramelo ¿no?
-¿Qué te lo demuestre?
-¡Claro! ¿No dices que sois hermanos? - se puso de cuclillas frente a mí, sonriente. Su sonrisa me recordó a la de un duendecillo travieso.
-Yunho la tiene grande, si son hermanos tu tambien ¿no?
-Eh…
-Demuéstramelo. Si me lo demuestras, entonces te reconoceré como su hermano. Si no, te la corto a cachitos y tiro por la ventana. - me quedé a cuadros.
-¿Y cómo puñetas quieres que…? - la sonrisa de duende travieso se ensanchó bestialmente y yo… me quedé a más cuadros todavía. -¡Ah, no!
-¡Ah, sí! Bájate los pantalones.
-¿¡Qué!?
-¡Que te bajes los pantalones, a ver, enséñame qué tienes ahí debajo!
-¡No! - me puse de pie de un salto. Él se puso de pie de un salto. - ¡No voy a bajarme nada!
-¡Venga! ¡No seas vergonzoso!… ¡Seguro que no tienes nada que envidiarle a tu hermano!
-¡Eso no tiene nada que ver!
-¡Pues lo hago yo, eh! - y el muy loco me agarró por los pantalones empezando a tirar de ellos como un bestia.
-¡Pero de qué vas! - y en un intento desesperado por zafarme, intenté darle un empujón poniéndole las manos en el pecho. Me quedé flipado cuando noté una masa de carne bien formada ocupando toda la palma de mi mano. Pero si era… ¡Una tía! Aparté la mano enseguida, ruborizado, echando humo por las orejas. Le acababa de tocar las tetas a una tía ¡Y tan tranquilo! Esperé un bofetón por lo menos, pero como si no hubiera pasado nada o como si no le molestara en absoluto que le tocara el pecho, empezó a tirar otra vez con fuerza de mis pantalones, desencajándomelos. - ¡Aaah, no, no, no, no, no! - me lo agarré con fuerza para que no se me cayeran con tantos tirones. ¡Me estaban demasiado grandes!
-¡Gritas como una tía!
-¡Y tú como un tío!
-¡Gracias por el cumplido, nena! - y pegó un tirón tan fuerte, que perdí el equilibrio por completo. Caí hacia atrás y cuando me golpeé el codo contra el umbral de la puerta y me acordé de que las escaleras estaban al otro lado de la misma, mi estúpida caída se gravó para mí a cámara lenta. Vi la cara de la chica observándome caer con la boca abierta, medio riéndose, tan tranquila. Vi una telaraña colgando de la esquina del techo ¡Mierda, esa se me había pasado! Noté los pantalones bajados hasta las rodillas y entonces supe a qué venía esa expresión tan propia de una flipada de la chica que me acababa de tirar por las escaleras y en el último momento, antes de golpearme la espalda contra el pico de las escaleras, noté como se me subía todo a la cabeza y me ponía rojo hasta arderme las orejas.
¡PAM, PAM, PAM! ¡Crack! Bajé golpeándome la cabeza con cada escalón y mordiéndome el labio y la lengua con cada dentellada que daba hasta que… ¡Plaf! Mi cabeza dio contra el suelo rebotando solo como una bola de los bolos haría. El labio me empezó a sangrar. La chica, desde lo alto de la escalera, se me quedó mirando con la boca abierta, reprimiendo una carcajada. La camiseta se me subió hasta las axilas y los pantalones hasta las rodillas y con el cuerpo ardiendo de vergüenza y la cabeza a punto de estallar, un hilo de sangre empezó a descender por mi nariz ¡Una puta hemorragia nasal ahora! Me di la vuelta, bajándome la camiseta y llevándome las manos a la nariz, chorreando un borbotón de sangre, empapando el suelo recién fregado, a cuatro patas, intentando levantarme, pero cuando alcé la cabeza… veinte pares de ojos se clavaron en mí con descaro. Veinte pares de ojos pertenecientes a veinte tíos vestidos con chaquetas de cuero, con cadenas echadas al hombro, navajas en cada bolsillo y tatuajes y piercings a diestro y siniestro plasmados en miles de kilos de grasa concentrada en prominentes músculos. Tíos con cicatrices y pantalones viejos y rasgados, tíos con la botellas de cerveza a dos centímetros de la boca y todos y cada uno de ellos, mirándome con los ojos como platos, preguntándose, ¿Quién coño es este tío que intenta imitar a una fuente sangrante con los pantalones bajados por las rodillas con semejantes boxers de niño pijo Calvin Klein?
¿Y quién estaba en medio de todo el follón, sentando en el sofá, despatarrado, tan pancho, con las piernas abiertas y una sonrisita maliciosa horriblemente seductora?
Yunho.
¿Y qué hice yo, Jaejoong, con una enorme hemorragia nasal, tirado en el suelo enseñando el culo a un montón de tíos con pintas de gansters americanos?
Subirme los pantalones
